Un nuevo modelo tridimensional de la agencia espacial exagera las diferencias de gravedad y muestra al planeta con una superficie llena de bultos y hundimientos, invisibles al ojo humano.
Desde el espacio, nuestros ojos de seres humanos ven un planeta tierra que parece una bola de billar azul perfecta, lisa y brillante. Pero es solo una apariencia.
Con sus tecnologías visuales de última generación, la NASA nos recordó semanas atrás que la Tierra no es una esfera perfecta, sino un geoide.
Para demostrarlo, la agencia espacial difundió un impactante modelo tridimensional que se volvió viral en internet.
En la imagen tridimensional, el planeta pierde su redondez tradicional y adopta una forma irregular, llena de protuberancias y depresiones, algo parecido a una “papa deforme” como la que quizá hayas mirado y cortado en tu cocina en estos días.
Entonces ¿por qué nuestros ojos ven una esfera perfecta y ahora la ciencia nos muestra algo tan distinto?
La respuesta no está en el relieve de las montañas ni en la profundidad de los océanos, sino en algo invisible: la gravedad.
Caos interno
El interior de la Tierra es un caos de materiales con densidades muy diferentes. Hay capas de roca sólida, corrientes de magma ardiente y gigantescos depósitos de agua subterránea repartidos de manera desigual.
Como la masa del planeta no está distribuida de forma homogénea, la fuerza de gravedad cambia según el lugar donde nos encontremos. Si te pararas sobre una zona con rocas muy densas, la gravedad te empujará hacia abajo con un poco más de fuerza que si estuvieras sobre un área menos densa.
Para registrar estas variaciones, la NASA recopiló más de mil millones de mediciones satelitales durante quince años. Utilizó misiones espaciales avanzadas, como los satélites GRACE y GOCE, que orbitan el planeta midiendo las sutiles atracciones gravitatorias de la corteza terrestre.
El resultado: El mapa del geoide.
Este concepto matemático, geoide, describe cómo sería la superficie de la Tierra si todo el planeta estuviera cubierto por océanos en calma, movidos únicamente por la gravedad y la rotación, sin la influencia del viento ni de las mareas.
En este mapa, las zonas con mayor gravedad se elevan y las áreas con menor fuerza se hunden. Por ejemplo, el satélite detectó que el agua del océano se abulta unos 85 metros cerca de Islandia debido a la alta concentración de masa en el subsuelo. Por el contrario, en el sur de la India existe una enorme depresión gravitatoria donde el nivel del mar se hunde unos 106 metros por debajo del promedio global.
Si estas deformaciones existen, ¿por qué los astronautas ven desde el espacio una esfera perfecta?
La razón es una cuestión de escala. Aunque una diferencia de 100 metros parezca enorme para un ser humano, al lado de los 12.742 kilómetros de diámetro que tiene la Tierra, es una variación insignificante. Físicamente, el planeta es tan liso que si lo redujéramos al tamaño de una bola de billar, apenas notaríamos las imperfecciones al tocarlo. Para que el ojo humano pudiera percibir estas diferencias gravitatorias en la pantalla, los científicos de la NASA tuvieron que exagerar artificialmente los bultos y hundimientos unas 10.000 veces.
La tierra sigue siendo redonda
Pero la toma de la forma geoide del planeta no tuvo un simple objetivo de, valga la redundancia, “forma”. Va mucho más allá. Comprender la verdadera forma de geoide del planeta es vital para la tecnología moderna.
Estos datos tridimensionales permiten calibrar los sistemas de GPS, rastrear el cambio de las corrientes oceánicas y medir con precisión milimétrica el aumento real del nivel del mar.
La tierra sigue siendo redonda a la vista, pero la gravedad nos demuestra que su verdadero rostro es mucho más complejo y fascinante.