La Administración Nacional de Electricidad (ANDE), en el marco del proyecto “Asunción 500 años”, inició el 15 de enero las obras para la red eléctrica subterránea y los sistemas de alumbrado público LED, que abarcarán gran parte del microcentro de la ciudad de Asunción. Los trabajos atravesarán las calles Estrella (y su continuación 25 de mayo), Presidente Franco, Benjamín Constant y Paraguayo Independiente, desde Antequera hasta Don Bosco.
Este proyecto da continuidad a las obras ya culminadas en el marco de “Palma Brilla”, donde se reemplazó el cableado aéreo por un sistema subterráneo a lo largo de las calles Palma y Mariscal Estigarribia, desde Hernandarias hasta México. Estas iniciativas –al igual que la Feria Palmear- son de vital importancia para la tan ansiada recuperación del centro histórico de nuestra capital, actualmente en una preocupante situación de deterioro.
El impacto positivo de las obras en la calle Palma es innegable. La obra de cableado subterráneo ha logrado resaltar la belleza arquitectónica, poniendo en resalto los edificios históricos y promoviendo un mayor aprecio por una parte esencial de nuestra identidad cultural. Sin embargo, este esfuerzo aislado no es suficiente para revertir décadas de decadencia en el centro de la ciudad.
Desde finales de la década de 1990, el centro histórico ha sufrido un abandono progresivo, exacerbado por el auge de los centros comerciales y el desarrollo de nuevas áreas comerciales. El resultado es evidente: calles descuidadas, veredas en mal estado, creciente inseguridad y una sensación generalizada de dejadez que disuade a los asuncenos de visitar la zona.
A principios de los 90, iniciativas como la transformación de la calle Palma en peatonal fracasaron en revitalizar el centro. Con el tiempo, los comercios se trasladaron a otras áreas y numerosas propiedades quedaron en ruinas, algunas demolidas, otras convertidas en sombras de lo que fueron. La habilitación de la Costanera Norte generó esperanzas, pero su impacto ha sido insuficiente para cambiar la dinámica de deterioro.
Las autoridades, tanto nacionales como municipales, tienen una responsabilidad ineludible en la recuperación del centro de Asunción. Mientras algunos sugieren abandonar los esfuerzos por rescatarlo y enfocarse en las nuevas zonas comerciales, no hay que perder de vista que el centro histórico representa mucho más que un espacio urbano: es el corazón simbólico de nuestra ciudad y de nuestra nación. Ignorar su deterioro equivale a menospreciar nuestra historia y nuestro patrimonio.
La administración de una ciudad no puede depender exclusivamente de las iniciativas del sector privado. Es esencial una política pública que integre los intereses colectivos, permitiendo al sector privado invertir de manera alineada con un plan maestro urbano. La planificación debe incluir mejoras en infraestructura, seguridad, transporte y un sistema impositivo más eficaz que penalice a los especuladores y fomente la restauración y el uso responsable de las propiedades.
El centro histórico es la carta de presentación de Asunción. Los visitantes perciben la calidad de nuestra ciudad en la medida en que conservamos y cuidamos esta parte vital de nuestra identidad.
Celebramos las obras y los proyectos en curso, pero instamos a las autoridades a acompañarlos con una visión integral de desarrollo urbano. Es una tarea urgente para rescatar el alma de Asunción antes de que sea demasiado tarde.