Las redes sociales como medio de difusión de noticias, de expresión y de fuente laboral para amplias capas de la población nepalí fueron gravitantes en la revuelta que provocó la caída del gobierno de Nepal.
Por Gustavo Reinoso
Ocasionó revuelo en el agitado escenario de la política internacional la revuelta popular de mayoritario protagonismo juvenil, que derrocó al gobierno de la Republica Federal Democrática de Nepal.
Imágenes asombrosas de turbas y muchedumbres realizando linchamientos de dirigentes políticos, incendios de edificios gubernamentales, entre ellos la sede del parlamento y los edificios de los partidos políticos, la residencia presidencial y el domicilio particular de los dirigentes del país, fueron profusamente difundidas por las plataformas noticiosas del mundo entero, sacando circunstancialmente al empobrecido país centroasiático de su tradicional aislamiento e incomunicación.
Situado al noreste de la península Indostánica, en plena cordillera del Himalaya, entre dos naciones gigantescas (India y China), con poco menos de ciento cincuenta mil km2, los antecedentes del Nepal contemporáneo como Estado se remontan a la instauración de la monarquía independiente en 1768. Monarquía constitucional desde 1951, bajo el rey Tribhuvan, con el apoyo del gobierno de la India. En 1955 el hijo y sucesor de Tribhuvan, el rey Mahenndra, instauró un régimen autocrático que canceló las libertades ciudadanas y prohibió la oposición política.
El siguiente monarca, Birendra, continuó esta política hasta 1989, año en que la movilización de gran parte de la población posibilitó reformas democráticas en el país. En 1991 se realizaron elecciones nacionales. Los partidos más votados fueron el Partido del Congreso Nepalí (socialdemócrata) y el Partido Comunista de Nepal. Sin embargo, la fragmentación del electorado impidió la consolidación de mayorías parlamentarias que hicieran posibles gobiernos sólidos. Ya en esos tiempos se consideraba la corrupción, tanto en el sector público como en el privado, como uno de los grandes desafíos de la incipiente democracia nepalí.
A Partir de 1996, una escisión del Partido Comunista, el Partido Comunista Unificado de Nepal (Maoísta), inició una insurrección armada contra el régimen monárquico feudal, con el objetivo de eliminar las rémoras del sistema de castas, convocar una asamblea nacional constituyente e instalar la república. El gobierno contestó con una fuerte represión y suprimiendo cualquier signo o manifestación de disidencia política. El rey Gynendra restableció la monarquía absoluta. La guerra civil nepalesa duró 10 años. En 2006 Gynendra, presionado por las potencias regionales, llamó a elecciones generales libres y fue desplazado del poder. El nuevo gobierno democrático llegó a un acuerdo de paz con la guerrilla maoísta en noviembre de 2006. La Constitución de 2008 proclamó la república y la abolición de la monarquía.

Este país empobrecido, mediterráneo, con la agricultura y el turismo como principales fuentes de recursos económicos y una gran masa de su población que trabaja en el extranjero (Malasia, la India y los países árabes del Golfo Pérsico) para remitir remesas, sufre desde siempre de gran inequidad social. Los recursos y la riqueza nacional se encuentran históricamente en manos de una pequeña minoría. El advenimiento de la república no solucionó este problema y tampoco mitigó la extendida cleptocracia del país; por el contrario, los dirigentes políticos, sus familiares y clientela, hacen indiscreta ostentación de sus irritantes privilegios dispensados por su posición.
Desde julio de 2024 el gobierno era presidido por el veterano dirigente comunista Sharma Oli, al frente de una coalición parlamentaria formada por el Partido de Comunista de Nepal y el Partido del Congreso Nepalí.
El pasado 4 de septiembre el gobierno ordenó el cierre y bloqueo de 26 redes sociales, entre ellas, Facebook, X, Youtube, Linkedin, Reddit, Signal y Snapchat. El argumento del gobierno era el incumplimiento por parte las firmas tecnológicas de las regulaciones nepalesas, que exigían un registro previo y la designación de un responsable domiciliado en el país.
La disposición se dio en medio de una viral campaña de denuncia por TiK Tok de la corrupción y privilegios de los hijos de la elite política, los llamados “Nepo Kid”. En ese contexto la medida fue percibida de inmediato como una censura directa. También se debe recordar que en la empobrecida nación del Himalaya el 30% del PIB proviene de las remesas de los nepalíes que trabajan en el extranjero y que con un índice de más del 20% de desempleo juvenil, muchos jóvenes se ven forzados a sobrevivir con trabajos en línea, por lo que una prohibición de estas características amenazaba sus medios de subsistencia.
El 8 de septiembre a la mañana miles de jóvenes se congregaron en distintos puntos de Katmandú, la capital, para marchar pacíficamente rumbo al parlamento. Al mediodía frente al parlamento se producen incidentes violentos, la policía reprime con dureza, varios jóvenes son abatidos aparentemente por disparos a matar hechos por las fuerzas de seguridad. A la noche se conoce el primer saldo de 19 muertos y 300 heridos, la policía usa gases lacrimógenos incluso en el interior de un hospital. Renuncia el ministro del interior, se dicta el toque de queda.
El martes 9, en abierto desafió a esta medida, los manifestantes atacan con violencia lugares considerados símbolos del régimen; son asaltados e incendiados las sedes del Parlamento federal, la Oficina del Primer Ministro, la Corte Suprema y varios puestos policiales. Esa mañana Sharma Oli dimite y es evacuado de la capital por el ejército. Durante la tarde y la noche turbas de manifestantes atacan las cárceles del país, más de 2000 presos son liberados.
El miércoles 10 de septiembre, sin gobierno en funciones, el país amaneció bajo el control de facto de las fuerzas armadas. En esta fronda nepalí la ira de los insurrectos no se detuvo en los edificios, se dirigió además a las personas que integran la elite política y los símbolos del poder económico y mediático, percibidos como parte del mismo “establishment” con el resultado de agresiones, destrozos e incluso muertes de ex funcionarios y sus familiares. El saldo final provisional es de al menos 51muertos y 1300 heridos.

Mientras un nuevo gobierno en Nepal afronta los cuantiosos destrozos ocasionados por la revuelta y la organización de elecciones generales previstas para marzo de 2026, la gravedad de los sucesos amerita una reflexión sobre lo acontecido. La gravitación adquirida por las redes sociales como medio de difusión de noticias, de expresión y de subsistencia laboral para amplias capas de la población, otorgan a quienes controlan estas herramientas digitales un poder enorme que debe tomarse muy en serio.
Aunque procesos violentos como el sucedido en Nepal tienen múltiples causas, económicas, históricas, étnicas y políticas, la influencia de las nuevas tecnologías de la información no puede ser menospreciada. Los gigantes tecnológicos como Amazon, Meta, Alphabet, X y Microsoft son en nuestro tiempo depositarias de un inmenso poder y capacidad de incidencia en la vida del ciudadano corriente del globo. Simultáneamente, estas empresas son las trasnacionales más vigorosas de la economía estadounidense y vanguardia de su penetración económica y cultural a escala global, que cuentan además con un gobierno como el norteamericano, dispuesto a defender sus intereses en todas partes del mundo.
De lo visto hasta aquí, el intento de regulación de las actividades de las firmas digitales transnacionales, llevado adelante por el caído gobierno nepalí, fue torpe y motivado por intereses políticos mezquinos. Sin embargo, ante la demostrada capacidad de influir en las reacciones de la población ante hechos sociales y políticos concretos, no es de esperar inocencia o ingenuidad en el uso de este poder por parte de quienes detentan el control de estas herramientas digitales. Una normativa que proteja a los ciudadanos de la manipulación con información falsa, que asegure los datos particulares de las personas y brinde una retribución equitativa con mínimos derechos a quienes realizan trabajos en línea se revela como crucial.