Los neobancos dejaron de ser startups. Solo en América Latina operan más de cincuenta y compiten de igual a igual con la banca tradicional en cuentas, tarjetas y créditos.
Por Marvin Soto (*)
Fintech (Financial Technology) es, en pocas palabras, tecnología aplicada a las finanzas, como los pagos con QR, los préstamos que se aprueban en minutos o las billeteras electrónicas que reemplazan la fila del banco.
Dentro de este universo aparecen los neobancos que, a diferencia de una billetera digital que solo mueve dinero, son el banco integral de cualquier persona, sin sucursales, sin papeleo y todo desde el dispositivo móvil.
A nivel global, el sector crece a un ritmo que pocas industrias logran sostener. Cada año se suman más usuarios, más países regulan a las fintech como actores serios del sistema financiero y los bancos tradicionales, lejos de resistirse, se están asociando con ellas.
Los neobancos dejaron de ser startups. Solo en América Latina operan más de cincuenta y compiten de igual a igual con la banca tradicional en cuentas, tarjetas y créditos.
En Paraguay, hoy cualquier ciudadano tiene acceso a neobancos que le permiten abrir una cuenta sin ir a una sucursal, lo que ha cambiado por completo la relación entre el ciudadano y sus finanzas. Ya no es necesario ser cliente de un gran banco para tener una tarjeta, gestionar ingresos o solicitar un préstamo. Es una gran noticia para la inclusión financiera.
Toda esa comodidad tiene una contracara: la protección digital del ecosistema. Un neobanco concentra en una sola app todo aquello que antes estaba repartido entre distintos trámites físicos: identidad, dinero, historial de consumo y datos personales sensibles, lo que lo convierte en un blanco atractivo para el fraude. Los delitos financieros son parte de la cotidianeidad en las fintech, los neobancos y las personas, y crecen al mismo ritmo que la adopción.
Educar al usuario para que distinga entre un neobanco real y una aplicación improvisada es esencial. La velocidad con la que se abre una cuenta es exactamente la misma velocidad con la que un estafador puede intentar vaciarla si no existen controles sólidos detrás.
Los neobancos representan uno de los avances más importantes que vivió el sistema financiero en los últimos años, y su crecimiento hay que celebrarlo.
Aun así, debemos recordar que ese crecimiento solo es sano si viene acompañado de una regulación sólida y de una inversión seria en seguridad digital por parte de cada entidad.
El desafío para las fintech y los neobancos está en innovar y en ganarse y mantener la confianza del usuario, demostrando que el capital de sus clientes está protegido incluso cuando quien lo maneja ya no es un humano.
(*) Marvin Soto, ingeniero en sistemas informáticos, hacker ético y especialista en Ciberseguridad.