Guillaume Candela: “El Archivo Nacional es uno de los menos explotados de América Latina”

Candela, investigador del Paraguay colonial, ha encontrado en la Inteligencia Artificial una gran aliada en la investigación y sistematizacion de la historia de colonia en Paraguay.  Lo que hasta ahora lleva de investigación y publicación es tan vasto y contundente en cuanto esclavitud, resistencia indígena y otros aspectos que vienen a desmitificar la idílica enseñanza de la “amalgama armónica del mestizaje en Paraguay”.

Por Jazmín Rodríguez

Guillaume Candela es francés, de origen español por parte de sus abuelos, e historiador del Paraguay colonial temprano, especializado en historia indígena, africana y afrodescendiente, en paleografía, en humanidades digitales y en inteligencia artificial. Llegó al Paraguay a través de sus estudios de maestría en la Universidad de Aix-Marseille, entre 2007 y 2009, durante los cuales redactó dos tesinas sobre Domingo Martínez de Irala, su actuación y sus cartas.

Actualmente es investigador de la Universidad de Cardiff e investigador principal del proyecto Recovering Hidden Histories, financiado por el programa HAVI de Schmidt Sciences, e investigador afiliado al CERMA (EHESS, París). Antes fue CLIR Postdoctoral Fellow en la John Carter Brown Library (Brown University) y Senior Research Associate del proyecto Native Bound-Unbound, financiado por la Fundación Andrew Mellon, donde inició la construcción de un catálogo y de una base de datos del Archivo Nacional de Asunción.

Es además miembro del Comité Paraguayo de Ciencias Históricas (CPCH) y del Centro de Investigaciones sobre Historia Social del Paraguay (CIHSP). En 2024, fue consultor científico de la Secretaría Nacional de Cultura y facilitó la repatriación al Paraguay de unos manuscritos del siglo XVI atribuidos a Hernandarias que estaban en venta en los Estados Unidos.

Durante los meses de julio y agosto estuvo nuevamente en Paraguay como disertante de una conferencia denominada “Recuperando historias de la esclavitud: Inteligencia Artificial y los archivos paraguayos”. En esa ocasión, El Prisma pudo conversar con él. Aquí la entrevista:

¿Qué trabajos o publicaciones ya realizó sobre nuestro país?

El Archivo Nacional de Asunción es, para mí, uno de los repositorios menos explotados de América Latina, y conserva todavía una riqueza documental increíble que difícilmente podemos evaluar. He realizado varios trabajos sobre el Paraguay, y casi todos parten de documentación inédita del Archivo Nacional de Asunción, pero también del Archivo General de Indias en España. Este año publiqué en el Bulletin of Latin American Research el artículo “Neither Cuñado nor Cuñadazgo”, que revisa críticamente la idea del parentesco hispano-guaraní como base pacífica de la conquista. También otro, en Fronteras de la Historia, “Resistencias y resiliencias indígenas, africanas y afroparaguayas en el Paraguay colonial temprano”. Y con Gabriela Schvartzman Muñoz (Universidad Católica) escribimos “Entre el archivo y la memoria: la ‘India Juliana’ en la documentación colonial y sus representaciones culturales en Paraguay”, basado en un proceso inédito de 1541 que localizamos en el ANA. En 2018, publiqué con Tiempo de Historia una monografía sobre las cartas inéditas encontradas en España del clérigo Martín González y su lucha para la defensa de los pueblos indígenas del Paraguay durante las primeras décadas de la colonización. Cualquier persona puede acceder a mis publicaciones en diferentes páginas de internet, tales como https://cardiff.academia.edu/GuillaumeCandela ; https://guillaumecandela.github.io/ .

¿En qué consiste el proyecto piloto Recovering Hidden Histories?

Es un proyecto financiado por Schmidt Sciences dentro del programa HAVI. Comenzó en enero de 2026 y aplica el reconocimiento automático de texto manuscrito (HTR, por sus siglas en inglés) a los fondos coloniales del Archivo Nacional de Asunción. Trabajamos con un equipo en el Paraguay y en México, que coordino desde el Reino Unido. La pregunta de partida era sencilla: ¿funcionan con los documentos paraguayos los modelos de HTR entrenados para otro proyecto de investigación, Las Flotas de la Nueva España? Para responderla, utilizamos como referencia el ground truth, más de 6.000 páginas de documentos coloniales producidos en el Paraguay o desde él, que transcribí manualmente, y adaptamos esos modelos en la plataforma Transkribus a las particularidades gráficas de los escribanos asuncenos. Al mismo tiempo, pude ampliar considerablemente una base de datos prosopográfica de personas indígenas, africanas y afroparaguayas esclavizadas o forzadas a trabajar durante el período colonial y las primeras décadas del Paraguay independiente (1540-1828).

¿Cómo se relaciona la IA con nuestra historia?

De una manera muy concreta: el cuello de botella de esta historia no es la falta de documentos, sino la falta de personas capaces de leerlos. Hay cientos de miles de folios de los siglos XVI al XIX que nunca fueron transcritos, porque leer esa letra exige años de formación paleográfica. Los modelos de HTR, entrenados con transcripciones humanas verificadas, permiten procesar en meses lo que llevaría décadas. Pero la IA no es magia: hay que saber entrenarla y, sobre todo, tener los conocimientos necesarios para evaluar lo que produce.

Hay una segunda dimensión que para mí es la más importante. La IA aprende de los datos que le damos, y los archivos coloniales están escritos desde el poder: nombran a las personas esclavizadas como meros objetos de propiedad y califican los movimientos de resistencia de «rebeliones» o «delitos». Si entrenamos máquinas con esas categorías sin criticarlas, automatizamos el sesgo colonial. Aplicar la IA a estos archivos exige, por tanto, una vigilancia ética permanente: la herramienta amplifica lo que uno le enseña.

Sobre la base de datos en construcción

La base de datos reúne actualmente a más de 16.000 personas indígenas, africanas y afroparaguayas esclavizadas o sometidas a trabajo forzado en el Paraguay entre 1540 y 1828. No son cifras estadísticas abstractas: cada entrada busca registrar nombre, origen, edad, filiación, oficio, esclavista, localidad y la referencia archivística exacta, para poder volver al documento original.

Las fuentes proceden principalmente del Archivo Nacional de Asunción, en particular de las secciones Nueva Encuadernación, Civil y Judicial, y Propiedades y Testamentos, y de los archivos parroquiales. Son testamentos, inventarios de bienes, compraventas, cartas de libertad, expedientes judiciales y registros de bautismo, matrimonio y defunción; es decir, documentos que no fueron producidos para hablar de estas personas, sino para inventariarlas, transmitirlas o disputarlas como bienes. Leer esos papeles a contrapelo es el núcleo del trabajo.

Cuando la fuente lo permite, cada registro incorpora además el sexo, la condición jurídica (esclavizado, encomendado, libre), la categoría étnico-racial asignada por el escribano, las señas físicas descritas en el documento, la eventual condición de fugitivo y el tipo de documento en que aparece la persona. Las categorías coloniales, como «negro», «pardo», «mulato», «indio» y «china», se conservan tal como figuran en el original, porque son en sí mismas un objeto de análisis: nos dicen cómo la sociedad colonial clasificaba y jerarquizaba a las personas, no quiénes eran. La reconstrucción de los vínculos familiares permite seguir a madres, hijos y hermanos a lo largo de varias generaciones, y a veces de un esclavista a otro. A su vez, el cruce de los nombres de los esclavistas permite reconstruir redes de propiedad, herencia y compraventa.

Para que estos datos sean accesibles más allá del mundo académico, estamos desarrollando un conjunto de visualizaciones interactivas en español. Incluye mapas de las conexiones que vinculan África, otras regiones de América y Europa con el Paraguay, mapas de los desplazamientos internos, una cronología, una red de esclavistas, un mapa de las personas fugitivas y una galería que permite buscar a cada individuo por su nombre.

Sobre las resistencias indígenas de la época

Lo primero que muestran estos documentos, leídos de cerca, es que la conquista del Paraguay nunca fue el idilio del «cuñadazgo» que instaló la historiografía tradicional. Hubo resistencia armada, sí, pero sobre todo formas de resistencia que el archivo registra a su pesar: fugas, negativas a servir, denuncias ante la justicia colonial, uso estratégico de la lengua guaraní frente a los escribanos y saberes que los españoles no lograban controlar. En un artículo reciente, publicado en Fronteras de la Historia, analizo varios de estos casos, casi todos de los primeros años de la colonia, entre 1541 y 1546.

Uno de ellos es el de Gonzalo Mayrayu, un líder guaraní de los alrededores de Asunción. En 1543, unos españoles golpearon a varias mujeres de su comunidad por haber entrado en campos de maíz recién entregados a los conquistadores, y los mismos agresores incendiaron su casa. Mayrayu acudió entonces a la justicia colonial. Su declaración no es un lamento: les recuerda a los cristianos que, si les hubiera querido mal, no les habría dado tierras ni casas. Es un argumento jurídico que afirma una soberanía guaraní anterior sobre el territorio. Años después, otro hombre guaraní, llamado Alejo, denunció en su lengua la agresión de un carpintero español y, a través de ella, la asimetría de todo el sistema. Alejo entendía perfectamente que los españoles se apropiaban del lenguaje guaraní del parentesco, el cuñadazgo, para disfrazar una relación de explotación.

El caso más elocuente es el de la llamada «India Juliana». En el Archivo Nacional de Asunción encontré un fragmento inédito del proceso que se le siguió en 1541 por envenenar a su amo, el conquistador Nuño de Cabrera, con semillas de bacucu. Ese documento sustituye la figura mitificada por la de una mujer guaraní de carne y hueso, cuya voz nos llega deformada por el interrogatorio, pero no del todo silenciada. Cuando el intérprete le pregunta si quiere que algún cristiano hable por ella, responde que no quiere estar con ningún cristiano. Más tarde, estando en libertad, iba diciendo a las demás indias que servían a los españoles que ella sola era «la valiente». Cabeza de Vaca atribuyó el crimen a los celos, una lectura que despolitiza el acto. Luego la hizo detener y ejecutar para que otras no se atrevieran a hacer lo mismo. Esa justificación lo dice todo: lo que la autoridad colonial temía no era un crimen aislado, sino el ejemplo.

Hay también una resistencia más silenciosa, pero constante: la fuga. En 1545, en Asunción se buscaban grillos para sujetar a una mujer indígena que se escapaba una y otra vez, y que llegó a huir con los grillos puestos. Otra, esclavizada por un peinero francés, se fugó llevándose el cuchillo grande con el que su amo labraba los peines. Que se pidieran «grillos pequeños para india» dice mucho de la violencia del sistema, pero también de la persistencia de esas mujeres.

Además, estas resistencias fueron interétnicas. En 1543, el afroibérico Diego Bretón recibió doscientos azotes en la plaza de Asunción por haber planeado cruzar el río Paraguay para unirse a los pueblos indígenas del Chaco, a quienes los españoles llamaban genéricamente guaycurú. Es el primer proyecto de palenque —una sociedad alternativa formada por personas que escapaban de la esclavitud— que he podido documentar en el Paraguay, y desmiente el discurso colonial de un antagonismo natural entre africanos y afroparaguayos e indígenas.

 ¿Y sobre las personas africanas y afroparaguayas del Paraguay colonial?

Es la parte de la historia paraguaya que el relato nacional ha borrado de manera más sistemática. Existe una idea muy arraigada de que en el Paraguay «casi no hubo esclavitud». La documentación dice otra cosa. De las más de 16.000 personas esclavizadas o sometidas a trabajo forzado que hemos registrado hasta ahora, una gran parte son africanas o afrodescendientes, y estamos lejos de haber terminado.

Esa presencia es tan antigua como Asunción. Ya en la década de 1540 hay africanos y afroibéricos que reclaman su libertad ante la justicia, y en 1587 un hombre llamado Antón sostiene que es libre, aunque lo han entregado como persona esclavizada. Pero el archivo colonial fragmenta cada vida en series que no se comunican entre sí: una carta de venta, un inventario, una partida de bautismo. La base de datos permite volver a unir esos fragmentos. Por ejemplo, en 1618 se vende en Asunción a Juan, «negro de Guinea», de treinta años. Medio siglo después, un «Juan negro viejo» figura entre las personas esclavizadas por el arcediano Felipe Franco. Si es el mismo hombre, como parece, los dos documentos cuentan juntos una vida entera en esclavitud. Del mismo modo, Domingo y Antonio, traídos de Angola, se venden juntos en 1638. Tres años después, Domingo está en Villarrica y Antonio vuelve a ser vendido en Asunción. Ningún documento registra esa separación: aparece al poner dos escrituras notariales una junto a otra. Y cuando los datos no alcanzan para distinguir a varias mujeres llamadas Catalina «de Guinea» o «de Angola», la base lo señala. La base de datos no fabrica certezas: organiza la duda, que también forma parte del trabajo científico.

También se vuelve visible quién esclavizaba. No solo las familias de la élite y militares, sino también la Iglesia. Dominicos, mercedarios, jesuitas y franciscanos aparecen como propietarios a lo largo de todo el período, desde un barbero esclavizado por la Compañía de Jesús en 1675 hasta un hombre al servicio forzado del Seminario de San Carlos a comienzos del siglo XIX.

Las parroquias rurales de fines de la colonia, como Quyquyhó, Acahay, Ybycuí o Ajos (actual Coronel Oviedo), son las más reveladoras. Allí aparece una numerosa población afroparaguaya libre, con redes de compadrazgo muy densas y, sobre todo, matrimonios que cruzaban la línea de la esclavitud. En Quyquyhó, varias mujeres libres de la familia Masacote se casaron con hombres esclavizados. Como la condición seguía a la madre, sus hijos nacían libres, aunque muchos murieron pequeños. La frontera entre esclavitud y libertad atravesaba las familias en lugar de separarlas. En esas mismas partidas encontramos numerosos hogares afroindígenas, como el de un afrodescendiente libre casado con una mujer indígena del pueblo de Itá o el de una nativa casada con un afroparaguayo en Ajos.

Seguir a una persona a lo largo de los años muestra además lo frágil que era la libertad. María Inés Agüero figura como persona esclavizada en 1806 y como «parda libre» desde 1810. Lorenza Gómez hace el camino inverso: aparece como «parda libre» durante una década de bautismos en Santa Rosa y en 1817 figura como esclavizada. En Ybycuí, en 1804, el cura describe a María Ignacia Caballero como «libre esclavizada por don Pedro Ignacio Martínez», con la contradicción dentro de una sola frase. En un registro aislado parecería un error; en la serie completa se revela como una libertad disputada, negociada y reversible.

Estas vidas, además, se movían. José Joaquín Frías, un hombre negro libre nacido en Río de Janeiro de padres originarios de Guinea, se casó en Asunción en 1810 con María, una mujer esclavizada. Su sola trayectoria une el Benín, el Brasil y el Paraguay. En 1819 muere en Ajos Martín Casco, «pardo originario de Emboscada». Emboscada es un lugar central en esta historia: fue fundada hacia 1740 por el gobernador Rafael de la Moneda como pueblo de afrodescendientes, para contener la resistencia armada de los pueblos chaqueños, aunque muchos de sus primeros pobladores seguían siendo esclavizados y la libertad de los demás dependía del servicio en las guarniciones.

Estos documentos se escribieron en gran parte para servir a los propietarios, a la Iglesia o a los tribunales y en menor parte para defender a las personas esclavizadas y forzadas a trabajar. Leídos en conjunto, devuelven familias, redes y decisiones a personas que ese archivo intentó reducir a simples entradas. Por eso, devolver estos datos a las comunidades descendientes, en un formato que puedan usar y corregir, forma parte de nuestra iniciativa; no es un apéndice. Durante la estadía de julio y agosto, la metodología de co-curaduría resultó especialmente prometedora; específicamente, lo pudimos observar durante el conversatorio que hicimos con Gabriela Schvartzman Muñoz con las lideresas y mujeres indígenas sobre el proceso de Juliana en el local de la Asociación Indigenista del Paraguay el 30 de julio de este año.

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