Por Julio Benegas Vidallet
Los países de Europa congregados en la OTAN, con excepción de España, han aprobado la inversión anual en Defensa, progresiva, hasta un 5 por ciento del PIB para 2035. Liderada por EE.UU, la OTAN cuenta actualmente con 31 países miembros. En el centro de la firma del acuerdo estuvo Donald Trump, alrededor los presidentes, pero, en solitario, al costado, se puso, casi fuera de foco, Pedro Sánchez, presidente de España.
Si bien firmó el acuerdo general, cosa que deberá ver cómo justificar, la decisión del gobierno de España de no ir más allá del 2.1 por ciento de su PIB para defensa fue tomada por Trump como un desafío por el cual deberá “pagar”.
Trump no ha dejado de saltar de escena a escena desde que asumió su segundo mandato. Pero ya pocos recuerdan que su primera puesta en escena no fue ni con los petroleros ni las empresas de armas, fue con el grupo de corporaciones tecnológicas, encabezado por Elon Musk.
Al otro día nomás de asumir la presidencia, Trump, en frente de ese mismo conglomerado, se comprometía a invertir, desde el gobierno, hasta USD 500 mil millones en un “centro colosal” de datos. Pero mientras esto ocurría, desde China se lanzaba Deek Seep, una IA muy parecida a Chat-Gpt. La empresa creadora dijo haber invertido solo seis millones de dólares.
Comenzando con Nvidia, una gigante empresa, la información provocó una caída en la bolsa tecnológica con efecto dominó. Es que hasta entonces se creía que para diseñar, entrenar y presentar al mercado una IA se necesitaba una suma muy superior.
OPEN-AI había afirmado que solo en el entrenamiento de Chat-Gpt se había invertido unos 500 millones de dólares. Las empresas y trabajadores de tecnología festejaron el producto chino, por ser, por un lado, de código abierto, y segundo, en el caso de las startup (pequeñas y medianas empresas tecnológicas) por bajar de la estratósfera los números necesarios para este tipo de desarrollo tecnológico.
Esta gran apuesta de Trump para que Estados Unidos lidere, o lo siga haciendo, con más impulso aún se fue desvaneciendo hasta que, incluso, las relaciones con el propio Elon Munsk se han vuelto conflictivas.
De eso ya no se habló más. “Hay que ser más competitivos”, fue la última arenga, cansina por cierto, del ocupante de la Casa Blanca.
Fue en ese escenario en el que el gobierno norteamericano sacó una carta avasalladora: la imposición unilateral de aranceles a medio mundo, con especial aumento en productos chinos. En medio de esa nueva disputa, otro golpe efecto desde China terminó por ubicar al gigante asiático en el centro de las revoluciones tecnológicas: el anuncio formal de la banda de internet 10 G.
No hay aún evidencias claras de que la economía norteamericana, muy aceitada por la renta de sus empresas transnacionales, la emisión de moneda líder en intercambio y la sujeción del negocio de petróleo al dólar, haya entrado en recesión. Pero las señales de alarma abundan.
Luego de enfriar la guerra en Ucrania, donde se movió mucho dinero en suministro de armas para Ucrania, y desde Rusia también, Estados Unidos volvió al Medio Oriente, encabezando o acompañando el bombardeo israelí sobre Irán, con la repetida justificación de que ese país “está punto” de crear la bomba atómica.
En tanto, se preparaba la reunión con los miembros de la OTAN para exigir que al 2035 todos los países miembros utilicen el 5 por ciento de su Producto Interno Bruto (todo lo que se mueve en una economía) en gastos de Defensa: armas, equipamientos, personal e infraestructura.
Como se habrá podido observar, la guerra con Irán se realizó a través de misiles de mediano alcance y el bombardeo norteamericano a través de un avión “invisible”.
Israel tiene misiles para afectar un punto desde 3.500 metros. Al igual que Irán. Cada misil cuesta entre un millón y dos millones de dólares.
Y en el operativo Martillo de Medianoche, Estados Unidos utilizó sus aviones invisibles, cuyo precio por unidad orilla los 2.000 millones de dólares. Se ha dicho, en 1997, que su desarrollo, fabricación y entrenamiento costaron 2.450 millones de dólares por unidad.
Donald Trump le ha amenazado a España que pagará cara su decisión de no aceptar el aumento del 5 por ciento. El presidente Pedro Sánchez ha dicho que para que España aumente a ese porcentaje su inversión, debería desandar buena parte de sus gastos sociales, en educación, salud, pensión y subsidios por desocupación.
Apareció en solitario, como la oveja negra.
Estados Unidos volvió a ubicarse en el lugar donde aparentemente, todavía, no tiene competencia. En la industria armamentística. Allí donde nadie aún le compite de igual a igual.