Con un altísimo endeudamiento externo, sin revisar los impuestos directos ni plantearse recortes en gastos superfluos, el gobierno de Santiago Peña está pateando el problema hacia adelante para que otros se hagan cargo de la grave crisis fiscal que se avecina, sostiene el exministro de Hacienda y mentor del actual sistema tributario, Dionicio Borda.
El presidente de la República defendió recientemente en Caaguazú el sistema tributario del país, al afirmar que tocarlo para cubrir las demandas sociales pondría en riesgo al sector que “genera desarrollo”. Actualmente, la tasa general en Paraguay es del 11%, tanto para el consumo (IVA) como para la renta empresarial (IRE) y la personal (ITP).
A esta situación se suman las exoneraciones impositivas a la industria de ensamblaje bajo el régimen de maquila, donde se permite importar insumos sin aranceles y se tributa apenas el 1 por ciento sobre el valor total de la producción final.
En plena huelga médica por salarios, horarios y provisión de insumos, la discusión sobre el sistema tributario paraguayo pone sobre la mesa la urgencia de financiar la infraestructura básica y el gasto social en educación, salud y vivienda.
Si bien se han ensayado propuestas para generar ahorros administrativos, el incremento de impuestos a los sectores de mayor crecimiento —como cigarrillos, soja, carne y el sector financiero— cobra cada vez más fuerza en la agenda pública.
El dos veces ministro de Economía y promotor de la ley de adecuación fiscal —norma que rige parcialmente hasta la actualidad— advierte que resulta insostenible mantener una presión tributaria del 11% en Paraguay, cuando el promedio regional ronda el 20%.
Actualmente, más del 80% de las obras públicas, como carreteras y puentes, se financian mediante deuda externa, lo que ha elevado la deuda pública hacia los USD 20.000 millones.
En contraste, los países de la región aplican impuestos directos y tasas especiales. En el caso de la soja, por ejemplo, se grava la exportación en bruto sin procesamiento con un 30%, medida conocida en Argentina como retenciones.
“Todavía tenemos muchas deudas en educación y en salud, pero no podemos poner en riesgo a quienes generan desarrollo; esos productores están cruzando los ríos y los puentes para producir en Paraguay”, señaló el mandatario.
El actual sistema impositivo fue diseñado por Dionicio Borda y puesto en práctica durante el gobierno de Nicanor Duarte Frutos. En aquel entonces, el objetivo principal era la formalización de la economía frente a una altísima evasión impositiva, heredada del régimen stronista (1954-1989). Con la implementación del sistema Sofía de control aduanero, se logró formalizar buena parte de la economía en materia de importaciones, producción local y exportaciones.
La presión sobre el manejo administrativo de los fondos públicos y la modificación del sistema tributario ganarán protagonismo en la agenda pública, a pesar de los costos políticos que esto pueda acarrear para los gobernantes.
Dentro de la administración actual existen rubros discrecionales como gastos de representación, viáticos y viajes, además de un beneficio poco debatido: el seguro médico privado para funcionarios públicos, que asciende a unos USD 600 millones anuales. Para tener una referencia, toda la demanda presupuestaria exigida por los médicos oscila entre USD 120 millones y USD 150 millones al año.
Dionicio Borda
A medida que la necesidad de una reforma tributaria vuelve a sonar con mayor insistencia, El Prisma abordó la actualidad fiscal de Paraguay junto a su principal mentor.
“Cuando nosotros hicimos la reforma, la llamamos adecuación fiscal. El objetivo era tratar de bajar las tasas del 30% al 10%, porque efectivamente la recaudación no pasaba del 9%, incluido el impuesto a la renta personal. La primera parte se cumplió, pero pospusieron cuatro veces el impuesto a la renta personal, el cual terminó completamente desfigurado en 2013”, recuerda Borda.
En la aplicación de dicho impuesto se introdujo la prejudicialidad, lo que impedía que cualquier caso de evasión fuera directamente a la justicia, debiendo resolverse previamente en la vía administrativa.
El exministro califica el actual esquema como una vergüenza: “Paraguay tiene una presión del 11,2%, cuando en la región los países ronda el 20%”. Asimismo, enfatiza que las inversiones extranjeras no llegan únicamente por tasas bajas, sino por la existencia de garantías jurídicas.
El endeudamiento y los gastos superfluos
“Nuestro sistema sigue siendo regresivo; el que tiene más debería pagar más, pero en nuestro caso eso no ocurre. Por supuesto, ese problema tarde o temprano explotará en mayor déficit”.
Según Borda, el endeudamiento actual y el proyectado superan con creces la capacidad del Estado. Acumular una deuda de USD 20.000 millones en números absolutos constituye “una irresponsabilidad y una forma de postergar un grave problema para las próximas administraciones”,
En cuanto a los gastos superfluos, considera una burla que se niegue un ajuste salarial a los médicos —que requeriría entre USD 120 millones y USD 150 millones al año— mientras se mantienen partidas muy superiores en cáterin, horas extras y otros conceptos.
“Nosotros gastamos en salud un 3% del PIB. La Organización Mundial de la Salud recomienda al menos un 7%, cifra que también ronda el promedio en la región. La situación no admite comparación y resulta extremadamente injusta por donde se la mire”, señala.
Borda prefiere no hablar propiamente de una reforma tributaria, sino de un ajuste impositivo que incluya gravámenes más altos al tabaco y a las bebidas azucaradas, además de la eliminación de los gastos tributarios. Estos últimos corresponden a exoneraciones otorgadas a empresas que equivalen al 1,8% del PIB.
Se supone que dichas exenciones de IVA e IRP se establecieron para fomentar la generación de empleo, pero nunca fueron evaluadas de manera rigurosa.
Un caso similar ocurre con el impuesto del 1% aplicado a todo el movimiento económico bajo el régimen de maquila.
“Sí, es una burla, una miseria, quedarse solamente con la generación de empleo. Un ajuste es absolutamente necesario porque los países vecinos se benefician enormemente de este régimen de ensamble de autopartes y tejidos. No conozco maquila que pague ese 1%”, puntualiza.
Deuda para pagar deudas
El exministro advierte que el problema deberá resolverse tarde o temprano. Como ejemplo, señala que el proyecto de presupuesto para el 2027 rompe la regla de la ley de responsabilidad fiscal, que fija un tope de 1,5% del PIB. Para este año se prevé 3,2 y para el 2027 3,9. Pero, por extraña razón, el gobierno asume que en el 2018 volverá a ser 1,5. El Presupuesto 2027 tampoco contempla las demandas salariales de los médicos —congeladas desde 2012—, pero incorpora USD 2.100 millones adicionales en concepto de nueva deuda.
“Curiosamente, proyecta un tipo de cambio alto de 6.458 guaraníes por dólar, frente a los 5.900 actuales. De ese dinero, USD 1.270 millones se destinarán a pagar deudas pendientes con constructoras y farmacéuticas”, detalla.
“Vienen años duros; el gobierno actual patea el problema para que otra gente se ocupe de esto”.
Borda establece un paralelismo entre el escenario proyectado para 2028 y la crisis de 2003, “cuando la economía estaba en su peor momento”. En aquel entonces, desde el entonces Ministerio de Hacienda se impulsaron cinco grandes reformas estructurales.
“Plantamos lo que se llama estabilidad macroeconómica, la cual puede socavarse después de dos décadas. La situación actual no es para nada alentadora”, concluye, al tiempo de señalar que el Fondo Monetario Internacional (FMI) presiona al gobierno para retornar al límite del 1,5% de déficit, mientras el país ya comienza a registrar dificultades en los mercados internacionales.