La IA ha resuelto el “akarasy” más denso en la programación

El mundo de la programación es hoy uno de los sectores donde la inteligencia artificial golpeó con mayor fuerza y donde más rápido se nota el cambio en la producción diaria. En este gran ahorro de tiempo, resuelve el talón de Aquiles de los informáticos: la documentación. Pero aquí, en esta nota, dos ingenieros informáticos también advierten que una solución total por IA puede convertirse en “un akarasy mayor”

“Lo que antes te podía llevar un año, ahora lo podés hacer en dos o tres meses. Y te hace lo que la mayoría de los programadores no queremos hacer, el akarasy de los programadores: la documentación”, suelta David Acuña, programador de la Cooperativa de Ñeembucú, Codeñe.

Akarasy, dolor de cabeza literalmente, es lo pesado, lo tedioso, lo que se deja para después. En la vida de un programador, el akarasy no es programar, es explicar qué programó.

Para entenderlo, hay que entender qué es el sofware.  El software no es la computadora. Es la parte blanda, la lógica invisible que le dice a la parte física qué hacer. Un sistema de cooperativa, por ejemplo, no es un solo programa, es un conjunto vivo: la cara que ve el socio en la pantalla, que es el frontend; el cerebro que calcula intereses y cuotas, que es el backend; la memoria enorme donde se guardan todos los datos, que es la base de datos; y los puentes que lo conectan con otras cosas, como el sistema de pagos. Todo eso convive dentro de un servidor.

Su opuesto es el hardware. El hardware. Lo duro.

“Sí”, comenta, con los ojos súper abiertos, Federico Velázquez, ingeniero informático. “La IA te puede hacer todo, todo, pero con mucho cuidado. Lo mío no es la programación, es el hardware, el equipo, los equipos, lo físico físico”. Ahí en su mundo de dispositivos, cables, chips, discos duros usa la IA para otras cuestiones de la computación.

Federico representa a la otra mitad del mundo informático. Él no escribe sistemas, mantiene vivos los circuitos metálicos por donde esos sistemas viven. Y aun así, su trabajo también cambió. Hoy puede preguntar a la IA por qué un servidor no arranca, qué disco es compatible con qué placa, o cómo hacer un diagnóstico más rápido.

“Pero en programación el adelanto fue increíble”, exclama.

Y ahí es donde ambos coinciden en la advertencia. Efectivamente, David coincide en que se debe tener mucho cuidado con encargarle todo a la IA. La inteligencia artificial acelera, pero tiene sus propias formas de lenguaje, de asociación. Escribe código a su manera. Por lo que, de repente, si algo no resulta bien, “es todo también un akarasy entender dónde está la falla. Hay que entrar en detalles muy complejos de la propia programación que ya no escribiste vos”.

“Yo he hecho un programa completamente con la IA, pero es solo para experimentar”, cuenta David. En la cooperativa la cosa es más seria. Para proteger los datos de los socios, no usan una inteligencia artificial abierta de internet. Tienen una IA de la empresa, local, cerrada. Una donación más de los chinos de Taiwán, que son cooperantes antiguos de Paraguay en tecnología.

Es lo que en el mundo se empieza a llamar inteligencia artificial soberana: no mandar tus datos afuera.

David Acuña, programador en CODEÑE

¿Qué es entonces esa documentación que tanto pesaba y que ahora hace la máquina? Es, en simple, la explicación detallada de lo que contiene un programa informático, sus dispositivos y sus funciones. Es el manual de instrucciones y la cédula de identidad del sistema al mismo tiempo. Sin ella, un programa puede funcionar hoy, pero mañana, cuando el programador que lo hizo ya no esté, nadie sabrá cómo arreglarlo. Por décadas, fue el trabajo que todos odiaban hacer. Hoy, le decís a la IA “documentame esto” y te escribe en segundos lo que antes llevaba días.

Ese es el retrato global en miniatura. Lo que se discute en Silicon Valley se está discutiendo igual en Ñeembucú. La productividad se triplicó. El trabajo del programador ya no es tanto picar código, sino convertirse en un supervisor, en un arquitecto que le dice a la inteligencia artificial qué construir y luego revisa con mucho cuidado que lo haya hecho bien.

Porque si se deja todo a la IA, el día que falle, “el akarasy será mucho más grande que antes”

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