ANDE: Apagones deben ser una excepción y no una constante

A pesar de los esfuerzos de la Administración Nacional de Electricidad (ANDE) por mejorar la infraestructura energética del país, se perfila un verano con cortes de energía, una problemática que parece no tener fin. Esta situación, lejos de ser una cuestión meramente técnica, impacta directamente en la economía nacional, en la calidad de vida de los ciudadanos y pone en riesgo la salud pública. Con temperaturas extremas y sin la posibilidad de contar con energía constante, las familias paraguayas se ven afectadas tanto en su bienestar como en la conservación de alimentos esenciales, lo que genera un panorama preocupante.

La gran interrogante que surge es: ¿hasta cuándo persistirá este problema? ¿Qué se necesita para que Paraguay, siendo un productor de energía, supere de manera definitiva esta deficiencia estructural? Según informes oficiales, en el mes de octubre más de 100.000 usuarios se vieron afectados por los cortes de electricidad, y las respuestas ofrecidas hasta ahora por las autoridades son más excusas que soluciones reales. Es difícil comprender la falta de planificación adecuada para gestionar la distribución eléctrica de forma efectiva a lo largo del tiempo. Sería fundamental poder presentar al público datos claros que comparen el crecimiento del consumo con las inversiones realizadas, así como estimar en qué plazos se sentirán los efectos de las mejoras en el servicio.

En los últimos dos años, el consumo de energía ha crecido un 12% anual, con más de la mitad de ese aumento concentrado en la región de Asunción y su área metropolitana. Una de las zonas más afectadas por los cortes es el centro de la capital, un área que, lamentablemente, ha sido cada vez más desatendida tanto por las autoridades locales como nacionales. Este abandono ha llevado al cierre de numerosos comercios, lo que contribuye al deterioro de una zona que alguna vez fue el corazón comercial de la ciudad. El resultado es un paisaje urbano desolado, reflejo de una crisis que va más allá de los cortes de energía.

Paraguay se presenta ante el mundo como un país con grandes oportunidades, pero para que esas oportunidades se materialicen y el país reciba inversiones de calidad, es imprescindible mejorar la calidad de los servicios públicos. La energía, especialmente si es barata y limpia, es un elemento clave en esta estrategia. Los inversores internacionales no son ingenuos y antes de comprometer capital, se informan sobre la estabilidad y calidad de los servicios en el país. Ignorar esta realidad es un error estratégico que puede costarle caro al país.

No se trata de desmerecer los esfuerzos realizados hasta ahora, como el aumento de la capacidad de subestaciones clave como las de Luque y Parque Caballero, o la limpieza de las franjas de servidumbres de las líneas de transmisión para evitar incendios. Tampoco hay que minimizar la construcción de 100 nuevas líneas de distribución de 23.000 voltios. Sin embargo, es imperativo que las inversiones no se destinen solo a “tapar agujeros” o paliar situaciones de emergencia. Aunque entendemos que los problemas no se resuelven de la noche a la mañana, es crucial que las autoridades apunten a soluciones a mediano y largo plazo. Solo así podremos llegar a un futuro donde los cortes de energía sean una excepción y no una constante.

El desafío para el país es grande. No solo es necesario aumentar la capacidad de generación y distribución de energía, sino también asegurar que el sistema sea robusto, resiliente y capaz de adaptarse al crecimiento sostenido de la demanda. Si Paraguay quiere seguir siendo competitivo en un mundo que avanza hacia la transición energética, será necesario fortalecer su infraestructura eléctrica de manera integral, garantizando que la energía llegue a todos los rincones del país de manera eficiente y confiable. Las soluciones a largo plazo son urgentes.

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