Así lo entiende la catedrática norteamericana Christine Folch, experta en temas “paraguayos”, en relación con las dilatadas negociaciones sobre Itaipú. Y se pregunta ¿por qué si la energía para las industrias es cinco veces más barata en Paraguay, que en países de Sudamérica, no vienen entonces la industrias? Acá, una entrevista con Folch.
Christine tiene en su jardín una planta de mburukuja que ha sobrevivido a tres olas de nieve en Carolina del Norte. Lo dice con sorpresa, y tal vez le resulte metáfora de la historia paraguaya. Tal vez, pero no ahonda, solo se queda apreciando, sorprendida, cómo una planta subtropical ha resistido al invierno del Norte.
En la universidad de Duck ella tiene a su cargo la cátedra de Antropología y coordina, también, un equipo de investigadores sobre Paraguay, con estudiantes de ingeniería, economía y quienes quieran saber más de nuestro país. “Hay una gran comunidad de paraguayos aquí”, festeja. En la foto de portada, una visita, en el 2023, del equipo de “paraguayología”.
Está muy atenta siempre a las informaciones desde Paraguay. Por eso, cuando Marco Rubio, en reuniones sobre políticas globales, mencionó a Paraguay, se dijo: “uf, Paraguay”. Entonces, rápidamente ingresó a los audios y vídeos de la reunión con los congresistas norteamericanos en donde el secretario de Estado hablaba del excedente energético de Itaipú y señalaba que cualquier “inteligente” vendría acá a poner servidores de Inteligencia Artificial.
Si en Paraguay fue una sorpresa una mención tan directa sobre los recursos energéticos, “acá, en Estados Unidos, lo ha sido más”.
Desde la misma puesta en marcha, incluso antes, en Paraguay hay datos concretos de que hubo interés de grandes inversionistas. Ella recuerda varios, pero rescata una en especial, una de Renox, fábrica de aluminio, inventor del papel de aluminio. Una inversión que con los valores actuales alcanzaría unos 2.000 millones de dólares.
En 1982, el presidente entonces de la ANDE, Enzo de Debernardi, dijo que no era conveniente y sugirió que la inversión vaya a Brasil.
Y ahí es donde se pregunta qué quiere Paraguay, para qué quiere Itaipú o Yacyretá. Ahí radica, en su entendimiento, la dificultad de los gobiernos de nuestro país para defender y negociar los intereses de Paraguay frente a Brasil o Argentina.
Ya estamos a 52 años de la firma del tratado de Itaipú. En el 2023 ya se debió revisar el Anexo C, el anexo del tratado que establece la tarifa y el sistema financiero.
Durante el gobierno de Santiago Peña se acordó, a través de un Acta de Entendimiento, unos puntos puente. Hasta el 2027. Entre esos puntos, la tarifa a 19,28 Kw-mes, que incorpora en su estructura de costo, los denominados Gastos Sociales. Unos USD 650 millones al año disponibles para su utilización “discrecional”. Las comillas vienen a cuento de que es un dinero que no tiene (en nuestro país) metas definidas, salvo ideas grandes, y no pasa por el Presupuesto General de Gastos de la Nación. El mismo acuerdo establece que, una vez revistado el Anexo C, Paraguay podrá vender al mercado brasilero su excedente. Establece entonces el concepto de venta en vez de cesión, el término definido en el tratado de 1973.
Durante el gobierno de Santiago Peña ya se postergaron dos veces el cierre de la negociación. El primero porque, según Peña, Brasil, comenzando con su presidente, Luis Inácio Lula Da Silva, contaba con menos conocimientos técnicos sobre Itaipú que los negociadores paraguayos. Luego se definió como fecha el 30 de mayo de este año. Esta fecha se volvió a prorrogar tomando el gobierno paraguayo como justificación el espionaje establecido por el gobierno de Jair Bolsonaro, durante el primer período de gobierno, en Paraguay, de Mario A. Benítez (2018-2023)
“En negociación, cuando hay poca claridad, los que sí tienen más claros sus intereses, son más capaces de mejorar su posición. Esto es básico en negociaciones”, sostiene, al comienzo de la entrevita, Christine.
Y sobre esta poca claridad de cómo van las negociaciones, en qué estado están, que propone Paraguay, qué Brasil, “tiene raíz en una falta de diálogo y transparencia en cuanto a las negociaciones en sí”. Y así las noticias sobre cambios de fechas, situaciones, “parecen maquillaje o show de luz, un espectáculo”.
Para ella el dilema principal que Paraguay debe resolver es para qué Itaipú. Sostiene que, en las administraciones de Paraguay, hay un desequilibrio muy grande entre lo que la gente piensa, quiere, y las prácticas administrativas de los gobiernos.
Entonces, estamos ante el resultado de la “falta de transparencia y diálogo con el pueblo paraguayo sobre los temas centrales. Sobre el para qué Itaipú o Yacyretá”.
Christine Folch.
-Cuáles son los puntos más importantes que Paraguay debería, a su criterio, bajar en la mesa de negociación.
Itaipú es parte de una oportunidad para desarrollarse. Es una herramienta, no es el fin en sí, el fin debe ser un Paraguay fuerte y desarrollado.
Ese cambio de perspectiva puede ayudar a descifrar una oportunidad le dé mejor calidad de vida para su gente. Usando ese filtro de análisis, y viendo Itaipú como herramienta, lo que podemos hacer es un Paraguay mejor.
-Cambiar el enfoque…
Sí. Tener esa perspectiva ayudaría a los negociadores a generar opciones muy interesantes.
A manera de hacer ideas y opciones, ver a Brasil como socio en vez de oponente.
-Hasta ahora cuál ha sido entonces el enfoque predominante desde Paraguay en las negociaciones.
El enfoque ha sido el dinero conseguido (o a conseguir), para constructoras, por servicios a Itaipú, por compensaciones. Ese enfoque, en dinero, la renta energética, el dinero que fluye, ese enfoque causa deformación. Itaipú es mucho más que eso, es mucho grande que un poco de dinero. El enfoque en dinero lo que ha causado es un cortoplacismo.
-Y cuál sería un entonces una idea superadora de ese cortoplacismo, eso de buscar sacar dinero nomás.
Un enfoque de desarrollo sería una visión amplia y de largo plazo. Hemos estudiado casi una década. Hemos analizado los intereses de Brasil y de Paraguay. La conclusión a la que hemos llegado es que la mejor postura será negociar sobre la base de un plan de desarrollo industrial. En vez de buscar dinero por compensaciones, por esto o por aquello, ofrecer planes reales de desarrollo que ayude al pueblo paraguayo a tener mejor empleo y mejor calidad de vida.
-Y ahora qué hace Paraguay entonces
Paraguay está pidiendo. Lo que Paraguay hace es pedir. Pero si dice “tenemos un plan de industrialización” lo que Paraguay hace (o hará) es ofrecer. Esta perspectiva pone a Paraguay en una situación más fuerte. Es la solución para Paraguay. Es una conclusión nuestra. Pedir algo no es tan interesante, ofrecer algo a Brasil es mucho más interesante.
-A otros países también…
Y no solamente Brasil, si Paraguay hace licitaciones para que vengan empresas de todo el mundo, hay interés. Paraguay ha tenido el interés de la gente para la construcción de industrias electro intensivas desde los años 70. Había interés muy grande, hay empresas de todo el mundo que intentaron venir a Paraguay,
-Por ejemplo
Renox, en los 80, quiso instalar una planta para producir aluminio. Ellos inventaron el papel aluminio. Fueron a Paraguay varias veces a hablar con voceros del gobierno. En el 82 pusieron sobre la mesa el punto central. Pidieron un tercio de una turbina; el monto de inversión a números de hoy ascendería a USD 2.000 millones.
Un Paraguay donde habría gente que produce, un cambio así fue ofrecido, en 82. Entonces, el presidente de la ANDE (Enzo de Debernardi) dijo que no sería conveniente para Paraguay y que debería ir a Brasil
-Y ahora
Paraguay tiene la oportunidad de aprender de su pasado, a través de un diálogo sobre Itaipú entre empresas, universidades y gobierno. Teniendo a Itaipú no como un fin sino como una herramienta
Por qué no irían a Paraguay las industrias si en Brasil, Chile, Uruguay y Argentina el costo promeedio industrial de megavatio hora es de USD 130 dólares Y en Paraguay, 36.
-¿Si Paraguay es tan barato el costo de la energía para las industrias, por qué no vienen. Qué pasa con la teoría de la oferta y la demanda?
No es suficiente. No hay una política de industrialización en el país, no hay un plan de cómo usar la energía. No había 1973, en el 2023 tampoco, ahora estamos 2025 y tampoco hay un plan. Es imposible negociar sin un plan.