Qué impacto tuvo Itaipú en la ingeniería local

Ha sido muy escaso el impacto en la universidad de los saberes técnicos científicos acumulados durante la construcción y el sostenimiento de Itaipú, esgrime el docente investigador de la FIUNA Victorio Oxilia. Con tanta energía, de todas las oportunidades que se han perdido, o que se pierden aún, lamenta que no tengamos un sistema de transporte eléctrico. 

En esta serie de notas que desde El Prisma nos hemos propuesto en el marco de los 53 años de la firma del tratado de Itaipú, escalamos a una parada necesaria. Pensamos que tanto despliegue de saberes técnicos y científicos en el mundo de la ingeniería, civil y electromecánica, debió dejar un mundo de conocimientos prácticos y teóricos en las facultades de nuestro país.

Pero, no, no fue así, según la investigación que, ya en los años 90, realizaron desde la propia Universidad Nacional de Asunción. Pero sí las empresas ligadas a la construcción y los ingenieros acumularon la experiencia y la desarrollaron en forma independiente. Incluso a gran escala, internacional, formando parte de licitaciones.

El Prisma:-Estimado Oxilia, el tratado y la construcción de Itaipú son considerados de una significación sin precedentes en la historia paraguaya. Desde el aspecto de los saberes técnicos científicos de la ingeniería, a tu criterio, cuáles han sido los aportes más significativos. 

Nosotros realizamos, a mediados de la década de 1990, una primera investigación sobre, entre otros aspectos, la relación entre empresas, sistema de desarrollo científico del país y el gobierno. En esa investigación se pudo constatar que muy poco contribuyó Itaipú a la academia, al menos en la etapa de construcción. Si bien algunos profesores universitarios fueron empresarios y participaron como tales en la construcción, no hubo una transferencia significativa en la dimensión institucional, si en el ámbito personal: los profesores pudieron volcar algo de la experiencia adquirida en el contacto con las mejores empresas de ingeniería del mundo, en aquella época.

En la Universidad Federal de Paraná, sin embargo, Itaipú apoyó al desarrollo de un laboratorio de hidráulica, con modelos a escala, si mal no recuerdo. No hubo un aporte en ese sentido. Ahora bien, el gran aporte, y eso lo destacan por unanimidad los empresarios del área de ingeniería, se dio en la dimensión empresarial: hubo una transferencia de know how, de gestión, de tecnologías entre empresas de mayor experiencia y muchas de las nuestras.

¿A parte de la facultad de ingeniería, qué otras instituciones pudieron haber aprovechado mejor ese know how?

Hay que recordar que en aquellas décadas no teníamos un organismo dedicado a la política científica y tecnológica. Lo más cercano fue el Instituto Nacional de Tecnología y Normalización que, con el apoyo de la Organización de Estados Americanos (OEA), se desempeñó como secretaría de ciencia y tecnología, pero sin ningún impacto real. Tuvimos un organismo dedicado a estos asuntos recién a fines de 1990 (el CONACYT). En resumen, los grandes beneficios durante el período de construcción se dieron hacia las empresas, no hacia la universidad. Posteriormente, ya en la fase de operación, hubo algunos convenios con las universidades, nada demasiado coordinado ni sistematizado ni alineado con las acciones del CONACYT, por ejemplo.

Cómo cuáles

Recuerdo que el primer director general paraguayo que propuso algo más organizado, sistematizado, de cooperación con la academia fue Ernst Bergen (también fue ministro de Industria y Comercio). Pero fue el único y no tuvo continuidad esa excelente iniciativa en el ámbito de la entidad binacional. Al menos de la manera sistematizada como Bergen lo había pensado. Sí hay convenios y contratos con unidades académicas. No se omite mencionar también la creación del Parque Tecnológico ITAIPU y sus proyectos, que reciben un gran aporte de la Binacional.

Se enfatiza mucho hoy que no se ha revertido la energía en desarrollo industrial en Paraguay y en electrificar el sistema de transporte, completamente dependiente del combustible fósil. Cuál es tu opinión al respecto. 

Hay que recordar que cuando se inició Itaipú el sistema eléctrico paraguayo no superaba, en demanda, ni la mitad de lo que podía abastecer Acaray, una central pequeña en comparación con Itaipú (200 MW instalados frente a 14000 MW de la binacional). No podíamos aprovechar más Itaipú porque no teníamos condiciones de demanda ni de infraestructura. El esfuerzo que se hizo desde la década de 1970, en particular, fue enorme. La demanda creció más de 50 veces y la infraestructura acompañó ese proceso. En la actualidad, la electricidad constituye más de 1/4 de toda la energía que se usa en el país, pero esto también gracias al aporte de las criptomineras que, desde hace unos cinco años, vienen cambiando substancialmente el perfil de demanda y consumo de energía del Sistema Interconectado Nacional de la ANDE.

-Entonces, se aprovechó más de lo que se sostiene

Creo que aprovechamos de la manera como podíamos hacerlo. Tal vez, donde podía haberse dado un empuje diferente sea el caso el transporte público de pasajeros en las áreas metropolitanas de Asunción, Ciudad del Este y Encarnación. Debíamos tener ejemplos de uso de buses eléctricos en esas ciudades y un transporte ejemplar masivo eléctrico en el área metropolitana de Asunción, sea metro de superficie o alguna otra solución similar, con apoyo decisivo y estratégico del Estado. En vez de ello tenemos decenas de empresas privadas, de las cuales solo una viene apostando en la movilidad eléctrica, con mucho coraje e innovación. Diría que fue esa una oportunidad que no hemos aprovechado en su momento. Al contrario, abandonamos el transporte eléctrico que teníamos (tranvía) a fines de la década de 1990.

Reciente visita de técnicos y estudiantes en el marco de un encuentro de formación. La hidroeléctrica es uno de los sitios más visitados del país.

-Y la pregunta actual, más polémica, qué le parece el posible uso de la energía en los centros de datos y otras formas que precisan uso intensivo.

Sobre el consumo en los centros de datos, me parece que es una política interesante, toda vez que se encare en un contexto de desarrollo mucho mayor que el de “consumo de energía barata” (amortizada, porque ya fue pagada por usuarios de la ANDE) para generar beneficios casi exclusivamente para empresas del exterior, con escaso valor agregado interno. Entiendo que la propuesta es que exista un efecto “derrame” de beneficios. Espero que sea así. Sobre los contratos debemos estar seguros de que las tarifas y las condiciones contractuales permitan el cumplimiento de los planes de expansión de la ANDE sin afectar a los demás usuarios que, finalmente, pagaron ya una energía barata, que nos permite tener costos medios de generación relativamente bajos.

-Hoy, solo con el crecimiento actual, domiciliario, comercial, industrial y criptominero, se pronostica que ya muy pronto la demanda excederá lo que produce Itaipú y las otras hidroeléctricas. Cómo ve el desarrollo de otras fuentes.

Creo que debemos enfocarnos, en primer lugar, en el aprovechamiento de la radiación solar, pequeñas centrales hidroeléctricas (proyectos más viables, aunque son complejos) y biomasa (no será significativo su aporte). También debemos estudiar mejor el recurso eólico que puede ser aprovechando nuestros recursos hidrocarburíferos. Lo mejor que le puede pasar a la ANDE, a futuro, es contar con gas natural con costos razonables. En el largo plazo veo posibilidades para la energía nuclear; no en el corto plazo. Ahora, la “central eléctrica” que debemos activar ya es la de la eficiencia energética. Esto es esencial. Tampoco podemos dejar de lado los proyectos de integración energética tanto en el sector eléctrico como en el de gas natural.

-La ANDE tiene muchas pérdidas por fallas técnicas, también inestabilidades que causan cortes, apagones. Se invierte mucho menos en la infraestructura de lo que se precisa. Qué nos pasa. Por qué nos cuesta tanto, en Paraguay, poner a punto todo.

Nos cuesta poner a punto todo, con niveles de excelencia en todo el territorio nacional, porque eso cuesta dinero, mucho dinero y la ANDE no tiene, en este momento, la musculatura financiera para hacerlo con las tarifas actuales. Quienes deben pagar la expansión eléctrica son finalmente los usuarios, mediante las tarifas, como en cualquier parte del mundo. Puede ayudar el obtener mayores fondos para la ANDE de la revisión del Anexo C, pero tarde o temprano vamos a caer en la inevitable realidad de que las tarifas son esenciales para dar sostenibilidad, resiliencia y excelencia a nuestro sistema eléctrico.

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