Sólo el 30% de su territorio tiene red cloacal y apenas el 11% de sus aguas sucias son tratadas antes de ser vertidas en ríos, lagunas, lagos y arroyos.
Desde el año 2000 está vigente en el país la Ley 1614, la que establece el marco regulatorio y tarifario para el servicio público de provisión de agua potable y alcantarillado sanitario, y crea el Ente Regulador de Servicios Sanitarios (ERSSAM), que es responsable de la regulación y control del servicio.
Además, el Poder Ejecutivo creó por decreto, en el 2002, la Empresa de Servicios Sanitarios del Paraguay S.A. (ESSAP S.A.), que se encarga de la prestación de servicios de agua potable y saneamiento.
“Esta ley y la empresa de prestación de servicios que se creó tiene muy poco sentido, ya que sólo un escaso porcentaje de la población paraguaya tiene acceso al sistema sanitario de recolección de aguas cloacales, un derecho sanitario y ambiental básico”, comentó el arquitecto urbanista Federico Franco Troche.
Y efectivamente es así. En Paraguay, según las últimas estimaciones del Ministerio del Medio Ambiente, solo alrededor del 11% de las aguas residuales recolectadas por el alcantarillado sanitario reciben tratamiento en plantas purificadoras. El resto, un 89%, se descarga sin tratamiento en ríos, arroyos, acuíferos o incluso en calles, representando un grave problema ambiental y de salud pública.
Pero hay otro problema, tan grave como la falta de tratamiento de las aguas negras: según los últimos datos del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones, apenas el 30% de los hogares del país están conectados a un sistema de alcantarillado que recoge las aguas sucias producidas en ellos.
Estas estadísticas revelan que Paraguay se encuentra entre los países con menos infraestructura sanitaria de la región.
Sin bien aumentó y mejoró la infraestructura sanitaria en el país en los últimos 25 años, desde que entró en vigencia la ley marco y las empresas que regulan y prestan servicios sanitarios, el avance ha sido muy poco, a causa de la lentitud de los proyectos sanitarios desarrollados, y la ineficiencia y corrupción de las instituciones públicas.
Las aguas negras o cloacales no solo se vierten en los causes de aguas superficiales, como los ríos, arroyos y lagos. También se derraman en el suelo y en las calles de las ciudades, filtrandose en los acuíferos de agua dulce como el Patiño (que está debajo de Asunción y el departamento Central) y el Guaraní, que se entiende en el este de la Región Oriental del país.
“La urbanización exige extender, por ejemplo, los servicios de recolección de residuos sólidos y líquidos y la red de agua potable, así como el tratamiento de las aguas. Y cuando estos servicios no se extienden, ¿dónde van los residuos?: al suelo, contaminando”, explica la arquitecta urbanista Mabel Causarano.
Según una reciente publicación de El Prisma, el 70% de la población del Área Metropolitana (AMA, Asunción y los 10 municipios aledaños), donde viven alrededor de 2,5 millones de personas, sigue utilizando métodos alternativos al alcantarillado sanitario de la ESSAP, como los pozos ciegos o desechar los residuos cloacales en los ríos antes de ser saneados.
Solo tres plantas de procesamiento de residuos cloacales existen en el AMA. La ESSAP tiene prevista la instalación de tres plantas más, pero su concreción llevará tiempo, y no serán suficientes para cubrir todas las aguas negras producidas en los hogares.
Si ampliamos el área urbana del AMA a las 19 ciudades municipios de la Región Metropolitana de Asunción (REMA), su población, de casi 3 millones, se aglomeró “a la buena de Dios” en los últimos 30 años, creciendo como las hierbas.
“La aglomeración asuncena experimenta un esparcimiento urbano acelerado y de muy baja densidad desde las décadas 1980 y 1990, consumiendo cada vez más espacio en detrimento de los recursos naturales y agrícolas, y volviendo económicamente insostenible el despliegue de los servicios en red: infraestructuras cloacales y de escurrimiento de aguas pluviales, red de provisión de agua potable”, explica el geógrafo urbanista Jonathan Goetz, codirector de la agencia ISTHME – Estudio Meridional.
Por esta escasa infraestructura sanitaria, la contaminación del agua en Paraguay es un problema muy grave, con fuentes domésticas e industriales que vierten sus residuos principalmente al río Paraguay, a su Bahía y al Lago Ypacaray.