En el nuevo bloque Mercosur-Unión Europea, un mercado de 800 millones de habitantes, los europeos podrán, con arancel cero, aumentar su hoy escasa presencia, tan solo del dos por ciento de su comercio internacional. Sudamérica, con el 20% de su comercio internacional, podrá aumentar el porcentaje, atendiendo normas medioambientales.
El sábado 17 de enero de 2026, pasado el medió día, aquí, en Asunción, se firmó el Acuerdo de Libre Comercio entre el Mercosur, integrado por Paraguay, Brasil, Argentina y Uruguay, como miembros plenos y Panamá y Bolivia como estados asociados por una parte y los 27 países integrantes de la Unión Europea por la otra.
El acuerdo tiene como objetivo eliminar más del 90 % de los aranceles aduaneros y otras tarifas pararencelarias en el comercio bilateral entre ambos bloques económicos.
Para el Mercosur implicará una reducción de aproximadamente 61.000 millones de dólares en costos en derechos aduaneros de sus exportaciones a Europa. La reducción progresiva de tarifas arancelarias se implementará gradualmente en 15 años desde la fecha de entrada en vigencia del acuerdo.
Los países de la Unión Europea están entre los principales destinos de las exportaciones de los países del Mercosur, representan el 20 % de su comercio fuera del bloque. En cambio el Mercosur solo representa el 2% de las exportaciones europeas, aunque su relevancia es considerable en sectores estratégicos como proveedor de alimentos y materias primas para el viejo continente. La zona de libre comercio constituida por ambas regiones será las más grande del mundo, un mercado de cerca de 800 millones de personas, con un producto interno bruto (PIB) de aproximadamente 24,2 billones de dólares, equivalente a un 20% del PIB global.
La Unión europea verá la reducción, y luego la eliminación total, de los gravámenes aplicados a sus exportaciones al Mercosur, principalmente: automóviles, autopartes, maquinarias, químicos, textiles, calzados y productos farmacéuticos. Esto permitirá una reducción en los precios finales al consumidor de estos bienes. Los europeos además buscan asegurar acceso a materias primas estratégicas para su transición energética: litio, cobalto, cobre, uranio, etc. Esenciales para la fabricación de baterías, teléfonos celulares, semiconductores y paneles de energía fotovoltaica.
Los países del Mercosur obtendrán acceso preferencial al mercado europeo, para sus exportaciones agrícolas como la carne, el azúcar, arroz, soja, trigo, miel y biocombustibles. Se espera además el aumento significativo de la inversión extranjera directa (IDE) en los países de la región, atraída por la oportunidad de insertarse en un mercado que incluye a consumidores de alto poder adquisitivo como los europeos. Aunque a priori los principales ganadores con la creación de la zona de libre comercio UE-Mercosur son la industria manufacturera europea, y los agroexportadores del Mercosur, el flujo de bienes y servicios puede ser una oportunidad para la radicación de inversiones productivas con alta demanda de mano de obra en el Cono Sur.
Dada su condición de país de menor desarrollo relativo, el Paraguay obtuvo un trato diferenciado, para suavizar el impacto en su economía de las exigencias del acuerdo. Nuestro país disfrutará de una cuota especial para sus exportaciones de carne, carne porcina, azúcar y biocombustibles a los países de la UE. El arancel será 0 % e incluye 10.000 toneladas de azúcar orgánica y 50.000 toneladas de biocombustibles por año, además de 1.500 toneladas de carne y carne porcina, adicionales a las cuotas concedidas por la UE a los otros integrantes del Mercosur.
Así mismo se acordaron aranceles preferenciales por ocho años para las autopartes nacionales destinadas a la industria automotriz europea. El acuerdo protege la propiedad intelectual en los 27 estados de Unión europea, productos emblemáticos de nuestro país como la yerba mate paraguaya y el Ka’a he’e (Steiva), el país contará con un plazo extra de seis meses adicionales a los lapsos fijados en el tratado para implementar exigencias sanitarias y fitosanitarias en su producción agrícola y ganadera.
El medio ambiente
El medioambiental es sin duda uno de los aspectos más polémicos del acuerdo. Por un lado, en Europa, los agricultores de todos los países, pero con especial energía los franceses, españoles y polacos, denuncian que los productores europeos están sujetos a exigentes normas en lo relativo al uso de fertilizantes, semillas, agroquímicos, deforestación así como trazabilidad genética y bienestar animal, que no rigen en el Mercosur. Por lo que el acuerdo abre las puertas europeas a productos con precios más competitivos, pero que no llegan al estándar sanitario europeo. Así mismo, ecologistas del viejo continente temen que el incentivo de ingresar al mercado de la UE aumente la deforestación y la degradación ambiental, producida por las grandes explotaciones de monocultivos como la soja y la actividad ganadera extensiva en Sudamérica.
En el Mercosur, y particularmente en el Paraguay, los sectores vinculados al agronegocio sienten recelo de los obligatorios certificados de trazabilidad que exige la UE, para acreditar que los granos como la soja o la carne que se les exportan no provengan de zonas recientemente deforestadas. El acuerdo además dispone un mecanismo de consultas e investigaciones, relativas a la mantención de la biodiversidad y evitar la degradación de los recursos naturales.
En la capital paraguaya, el pasado 17 de enero se cerró un arduo camino de negociaciones entre las partes. Queda pendiente la ratificación legislativa en ambos continentes. La conducción política de los bloques es optimista, pretende completar las ratificaciones necesarias dentro de este año 2026, sorteando las críticas que son muchas particularmente al otro lado del Atlántico.