Si cae en las manos de la hinchada, no se la puede llevar nadie como trofeo. Se le carga batería para que sus censores operen. Con un chip de 14 gramos, sirve al VAR, a los árbitros y a los técnicos. Aquella pelota de cuero de nuestra infancia ya no rueda en ningún mundial ni en los pies de los chicos de las escuelas fútbol. Pero todavía sobra papel por ahí para amasar una bola y jugársela por ella en el recreo escolar.
Hasta México 86 la pelota era todavía de cuero. No completamente, pero todavía llevaba bastante cuero, muy trabajado para que la humedad no la abulte tanto. Y si en un mundial la pelota caía en la gradería, el hincha se iba a casa con una reliquia.
A partir del Mundial de Italia, úle, como decimos en Paraguay al polietileno y a la mala racha. Sí, ese mundial ya estrenó una pelota 100 por ciento de poliuretano. Una mezcla de residuos del petróleo, que ahora, en su versión actual, tiene algo de origen vegetal, para bajar la huella del carbono.
Bueno, esa es su textura. Una mezcla ya de muchos elementos de la petroquímica con algún elemento orgánico.
A esta mezcla de muchos elementos, desde el Mundial de Catar se le ha puesto sensores, que activan, como el celular, el auto eléctrico y más con baterías.
Adidas lo ha bautizado con el nombre Trionda.
Es muy mezquina, no la pelota, la organización. Cuatro guardias intimarán, con buenos modales, a devolverla si cae en manos de alguien. Por lo menos, en tiempos de la imagen, quedará grabada ese extático momento en que se pudo haber tocado la pelota oficial del mundial.
Las justificaciones para no llevarla a la casa parecen razonables. Es una pelota que olvidó al cuero y al aire antiguo entre lejías para convertirse en, también, un aparato tecnológico más: adentro lleva un VAR en miniatura.
La Trionda es la pelota oficial de Estados Unidos, México y Canadá 2026. Adidas la diseñó con una estrella, un águila y una hoja de arce, símbolos en las banderas de los países anfitriones.
En apenas 14 gramos a la pelota se la integra un sensor suspendido. Es un chip con acelerómetro y giroscopio de 500 señales por segundo. Registra posición, velocidad, rotación y cada impacto. Detecta el instante exacto en que un botín o una mano toca el balón y manda el dato a las antenas del estadio.
La pelota tiene batería que dura unas seis horas. Antes de cada partido, los balones se cargan por inducción en bases especiales. Sin carga no hay datos. La FIFA maneja más de veinte pelotas por encuentro y las rota cada vez que una sale del campo. La que sale vuelve a la base, la que entra está al cien por ciento.
La logística parece de Fórmula 1 aplicada al fútbol.
Para qué sirve tanta aplicación tecnológica
Los árbitros y el VAR ahora combinan el sensor con doce cámaras instaladas en el techo del estadio y con los avatares 3D de los 1.248 jugadores, que fueron escaneados durante treinta segundos cada uno. El resultado es un “gemelo digital” del partido en tiempo real.
Cuando hay un offside fino o una mano dudosa, el sistema sabe el momento exacto del toque y lo resuelve en segundos. Para los directores técnicos, Trionda entrega cincuenta datos por segundo de cada pase, tiro y pique. Después del partido pueden revisar mapas de calor, velocidad de remate y efecto de la pelota para ajustar la táctica. En la televisión, esa misma información se convierte en gráficas 3D y en el famoso “latido” que se muestra en pantalla cuando hay contacto. El hincha en casa puede entender la decisión sin esperar tres minutos.
Trionda no es la primera pelota conectada. El sistema debutó en Qatar 2022 y se usó en el Mundial de Clubes 2025. La evolución está en el montaje: antes el sensor colgaba de cables dentro del balón, ahora va integrado en uno de los cuatro paneles. Así no cambia el peso ni la aerodinámica. Las costuras profundas y el relieve de la superficie la hacen estable con viento y mejoran el agarre cuando llueve.
Entonces, ¿por qué ya no te la podés llevar a tu casa? Primero, por el precio. La Trionda Pro cuesta cerca de un millón de guaraníes, con el equipamiento tecnológico. Es técnicamente un hardware. Segundo, por la logística del VAR. Si falta un balón, se pierde la calibración con las cámaras y los datos se cortan. Tercero, por reglamento. Desde Brasil 2014 FIFA controla los “match balls” para evitar manipulación y apuestas. Con un sensor adentro, el riesgo es mayor si la pelota sale del circuito.
Igual hay excepciones. Si un jugador mete un gol histórico puede pedir la pelota. El futbolista se la puede llevar sin el chip. Las pelotas que a veces regalan los árbitros al final suelen ser de calentamiento, sin sensor activo. Y la versión “League” que se vende en tiendas tampoco trae tecnología. En Paraguay, cuesta entre G. 250 a 400 mil, informa el buscador de Google.
Trionda debutó el 11 de junio de 2026 en el Estadio Azteca, en el partido inaugural entre México y Sudáfrica. Su nombre mezcla “tri” por los tres países y “onda” por las curvas del diseño. En redes ya es meme: hay imágenes de Messi sosteniendo una Trionda con puerto USB-C y gente preguntando qué pasa si se apaga en un penal.
Diego Armando Maradana decía que la pelota no se mancha. Lo decía tratando de expresar la importancia que tiene el balón en nuestros barrios y en el imaginario del pueblo pobre. Esta tampoco se mancha, pero del cuero, a veces hinchado, a veces deformado, a veces descocido, historia. Húlema hace rato.