Del aroma a tinta fresca a las pantallas: la caída de los diarios impresos en Paraguay

La industria de los diarios impresos pasó de la hegemonía informativa hasta los primeros años del 2000 a una caída vertical de sus ventas. A la par, la migración a la información digital fue masiva, aunque la monetización está muy lejos todavía de lo esperado por las empresas.  

Unos 15 o 20 años atrás, la escena de un lector paraguayo comprando el diario de su predilección editorial en un semáforo, o recibiéndolo bajo la puerta de su casa cada mañana o comprándolo de una esquina de la ciudad, era algo habitual, normal, igual que varias personas leyendo en las mesas de un bar del centro algún diario impreso.

Estas escenas descriptas, que eran verdaderos rituales, hoy casi ya no se ven. Porque, en los últimos 20 años, la industria de los medios impresos en Paraguay sufrió una metamorfosis traumática marcada por un desplome vertical en las ventas y un cambio de paradigma en la lectura que prácticamente terminaron de parar las rotativas.

El auge y el inicio del ocaso

Cualquier periodista o lector de diarios paraguayos de 40 años sabe que, en la década de 1990, los diarios impresos como Abc Color, Noticias, Hoy y Última Hora dominaban la agenda informativa y política del país, luego de la larga noche de censura de la dictadura estronista, que cayó en 1989.

Estos diarios eran verdaderas biblias que traían “la verdad” de la realidad paraguaya. Sus ventas eran exorbitantes: diarios como Abc Color o Noticias podían vender los domingos hasta 100.000 ejemplares, mientras que en los días de semana alcanzaban ventas de 50.000 o 60.000.

Por esta brutal hegemonía, que tu imagen salga en aquellos tiempos en las páginas de aquellos diarios era la fama por un día, o que la información de tu organización, tu partido o tu empresa circule por esas páginas era sinónimo de aumento de miembros y clientes. De igual forma, la pauta publicitaria se volcaba masivamente al formato impreso, porque el prestigio de una noticia se medía por su impacto en la edición de papel del día siguiente.

Este reinado absoluto del periodismo en papel llegó, más o menos, hasta a principios de los años 2000. A partir de estos años, diarios como ABC Color, el Popular, La Nación o Ultima Hora comenzaron a padecer la caída de sus ventas. Por ejemplo, según el conteo en portada del diario ABC, en el 2006 este diario vendía un promedio de 36.000 ejemplares, lo que reflejada la caída.

Paralelamente a esta paulatina caída de las ventas de los impresos, la llegada y auge de la banda ancha de internet y la posterior explosión de los celulares comenzaron a socavar los cimientos del negocio impreso.

Más o menos para 2012, las estadísticas ya mostraban una tendencia irreversible: el lector joven ya no buscaba el kiosco, buscaba el enlace.

La redacción del diario Última Hora a inicios de 1990. Foto Gentileza.

Pandemia y migración digital

Si la crisis era lenta pero constante, la pandemia de COVID-19 en 2020 actuó como un catalizador letal. Durante los meses de confinamiento, la distribución física se vio interrumpida y la inversión publicitaria en diarios impresos cayó casi un 40% en cuestión de semanas, según datos de una conocida agencia publicitaria. Y las empresas descubrieron que podían llegar a su audiencia de forma más barata y segmentada a través de redes sociales y medios digitales, dejando al papel como un soporte costoso y lento para la inmediatez exigida por el siglo XXI.

Al mismo tiempo, los lectores, sobre todo los jóvenes, migraban velozmente a las redes sociales o los medios digitales.

El cierre de la imprenta de La Nación

En abril de 2025, el ecosistema de medios paraguayo sufrió el cierre de la imprenta del diario La Nación, donde también se imprimían los diarios El Popular y Crónica. Ahora La Nación y El Popular se imprimen en los talleres de Última Hora.

Crónica había cerrado su versión papel, pero fue puesto de nuevo en circulación junto con La Tribuna, recientemente.

Respecto de la publicidad, lo que hasta hace 10 años era una “torta” publicitaria compartida equitativamente, hoy es un territorio dominado por las grandes plataformas tecnológicas como Facebook o Google, y la televisión abierta, dejando a los pocos diarios impresos en la sobrevivencia, en una lucha de resistencia.

En estos años ya cercanos al 2030, la industria paraguaya se enfrenta al reto de monetizar sus audiencias digitales, mientras las viejas imprentas nos recuerdan el tiempo en que el olor a tinta era el aroma de la verdad cotidiana.

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