El economista Jorge Garicoche precisa en esta entrevista con El Prisma cómo la suba del crudo aumentó los precios de la nafta y el diesel, de alto consumo en el país, y cómo este aumento se trasladó a la canasta básica de alimentos de las clases y estratos sociales más pobres.
Según una publicación de El Prisma, el 70% de la energía producida en Paraguay es eléctrica y el 30% proviene de la biomasa. Sin embargo, la composición es diferente en el consumo de la energía: el 43% proviene de la biomasa, mientras que el 41% proviene de derivados del petróleo (nafta, diesel y gas natural) y el 16% de la electricidad.
Jorge Garicoche se refirió precisamente a la alta incidencia de los derivados del crudo del petróleo, que convertidos en los combustibles nafta y diesel se usan no solo en el transporte público de buses de pasajeros, sino también en la movilidad privada como los autos, motos y camiones de carga, y en el transporte de las empresas industriales y de servicios del país.
Teniendo en cuenta la incidencia del uso de los derivados de petróleo en la movilidad nacional, Garicoche dijo que los últimos aumentos de los precios de la nafta y el diésel inevitablemente repercutirán, más o menos, en el costo de vida de la población, sobre todo en las familias de escasos recursos.

Hasta este mes de abril, los combustibles en Paraguay registraron un fuerte aumento acumulado (van tres subas) debido al impacto de la guerra de EE.UU. e Israel contra Irán en Medio Oriente. El diésel común acumuló un incremento de hasta 44%, cerca de Gs. 2.680 por litro, mientras que las naftas subieron alrededor de un 26%, alrededor de Gs. 1.550 a Gs. 2.000 por litro.
Nuestro entrevistado explicó que, comparado con otros países de la región, como Argentina o Brasil, el índice de inflación de los productos de la economía local “no es tan alto”.
Como un precedente, señaló que “si comparamos los precios de los combustibles en el 2025 con los del 2024, vemos que el año pasado eran menores. Y como el rubro combustible incide en los precios de los alimentos entre un 5 y 7%, venimos teniendo en los últimos tres años escasa inflación en el país”.
De acuerdo a las mediciones del Banco Central del Paraguay (BCP), la inflación en el primer trimestre de 2026 mostró una marcada desaceleración, situándose en una acumulada del 1,4% al cierre de marzo, por debajo del 2,3% en febrero. La tasa interanual en marzo fue del 1,9%, manteniéndose dentro del rango esperado, con proyecciones de consultoras privadas en el mercado financiero local que prevén cerrar el año en torno al 3,5%.
Sin embargo, el economista indicó que el aumento del precio del combustible persistirá trasladándose a los precios de otros productos, como los alimentos de la canasta básica familiar.
Garicoche aclaró que, si bien la inflación de precios de los alimentos no es muy alta, su impacto en la población es diferenciado.
“Aunque la presión de la inflación sobre el bolsillo de la gente no es tan alta, su impacto es muy diferente en los diversos segmentos y estratos sociales del país. Tenemos grupos y sectores sociales que tienen capacidad para absorber la suba de precios y no les afecta, pero para otros estratos y sectores sociales de escasos ingresos y recursos, es un sacrificio para su economía familiar, porque no pueden absorber el aumento de precios”, explicó.
Jorge Garicoche concluyó destacando que, por el alto nivel de dependencia que la movilidad del país tiene de los combustibles derivados de petróleo y la incidencia de estos en los alimentos, la mayoría de la población con bajos recursos sentirá cada vez más la inflación.