Asunción está infestada de basura y vertederos clandestinos por falencias en transporte y logística

La acumulación de residuos en avenidas, calles, barrios periféricos y centros de abastecimiento, como los mercados de Abasto y 4, genera una crisis ambiental y desata duras críticas contra la gestión del intendente Luis Bello.

En las últimas semanas, la inacción de la intendencia municipal de Asunción transformó esquinas emblemáticas, paseos centrales de avenidas y muchos de los 69 barrios en basurales improvisados. Este panorama de suciedad empeoró a solo 13 días del cambio de gobierno municipal, fecha en que asumirá la intendenta electa Soledad Núñez.

La crisis operativa, publicada por todos los medios de comunicación, alcanzó esta semana niveles críticos en el Mercado de Abasto.

Allí un desabastecimiento de combustible paralizó los camiones de recolección de basura de la municipalidad, lo que provocó la acumulación masiva de toneladas de desechos orgánicos en su área exterior, creando un foco infeccioso que los propios permisionarios bautizaron como “Cateura’i”, el vertedero de basura formal de la ciudad.

Carlos Reyes, director de Servicios Urbanos de la municipalidad, admitió a El Prisma que hay “falencias en el transporte y la logística de la municipalidad” para encarar el problema de la basura en las últimas semanas”, sin dar más detalles del problema.

Con anterioridad, Reyes ya había reconoció ante la Junta Municipal del periodo anterior que cerca del 30% de la flota de camiones recolectores se encuentra parada en los talleres por falta de mantenimiento técnico.

Actualmente, según la dirección de Aseo Urbano, operan 20 camiones municipales, además de unidades alquiladas, cuando se requieren al menos 30 camiones por turno para cubrir adecuadamente las 120 zonas en que se divide la ciudad.

La crisis medioambiental y la narrativa falaz

Desde la perspectiva técnica y ambiental, los expertos advierten que el problema excede la falta de logística municipal. Ingenieros ambientales señalan que la proliferación de más de un centenar de vertederos clandestinos en zonas vulnerables y microcentros —como el barrio La Victoria o las inmediaciones de la Plaza Uruguaya— responde a una nula política de ordenamiento y control del territorio.

A pesar de los discursos del intendente saliente Bello y de su jefe de gabinete, Máximo Medina, que aseguran una normalización del servicio domiciliario, la realidad en las calles desmiente la narrativa institucional.

El diEl malestar generalizado de la ciudadanía se incrementa al contrastar el abandono de las basuras en las veredas con los balances financieros. Solo en el primer cuatrimestre del 2026, la Intendencia recaudó más de G. 125.753 millones por tasas de recolección y disposición final de residuos.

Pero estos fondos públicos no se traducen en obras ni en insumos básicos para las cuadrillas operativas, sino que son desviados para cubrir gastos corrientes y salarios de una superpoblada plantilla de empleados municipales.

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