Felicia Ortiz llegó al surtidor de Yegros y Rodríguez de Francia a pedir su café de cada mañana. Un ritual imprescindible para despabilarse antes de caminar las dos cuadras hasta su trabajo.
Katisuka, la cajera, le preguntó cómo iba a pagar.
— Por QR — respondió.
— Sí, entiendo, pero ¿desde qué cuenta, señora?
— De Ueno.
— Ah, no, señora. Ueno no está funcionando.
— Nderasóre, otra vez — respondió.
— No, señora, parece que es más grave que otras veces. Mire, allí están las noticias.
Felicia, con la mandíbula entre las manos, miró las explicaciones del directorio del Banco Central. Ha’úma ule, pensó.
Felicia es una de los casi 3 millones de paraguayos que tenían una cuenta bancaria o un alias en Ueno Bank, el banco que tiene sus orígenes en el año 1984, en un precario local de préstamos personales de dinero en efectivo en el Mercado Municipal Número 4 de Asunción, y que, en 2025, se convirtió en un poderoso banco con oficinas en el piso 25 de un edificio ubicado en el exclusivo eje corporativo de la Avenida Santa Teresa. Era, hasta ayer, el pulmón financiero de una red de decenas de empresas propiedad del Grupo Vázquez, que acumuló vertiginósamente captial gracias a los favores de uno de sus socios comerciales: el mismísimo presidente Santiago Peña.
Igual que Felicia, Rosa González, vendedora de prendas deportivas en la esquina del Bar Nacional, miraba lejos, a la espera de algún cliente con efectivo.
“El 80 por ciento de las compras se hacía con el POS de Ueno”, nos confiesa en entrevista con El Prisma.
Ella tenía dos cuentas. “Por intuición, desde que me enteré de que la cosa no estaba muy bien con el banco, al otro día dejaba la mayor parte de mi dinero en la otra cuenta. Aun así, se me quedaron 400.000 guaraníes atrapados”.
“HO’upata la ñande plata. Todos están involucrados. Jaikuapáma ko upéva”, suelta Ricardo Palma, su pareja.
Ya frente al Mercadito —el Mercado Número 1—, Rosa, de una casa de purinas y enseres para perros y gatos, está furiosa, indignada. “Es nefasto lo que nos pasa, nefasto. Todos están metidos”.
Su pareja quiere salvar de la cuestión a Santiago Peña, señalando que son el presidente del BCP y el directorio los únicos responsables por no activar antes los debidos protocolos.
“Nooo, todos, todos”, repite ella.
En la plaza Libertad, la ironía está a flor de piel. “Te voy a pagar con Ueno, Hugo”, le dice un cliente a José por su tereré.
Hugo ríe, ufano. Por fin lo dice feliz. Es el único de la plaza que nunca habilitó una cuenta para transferencias. Solo efectivo.
A setiembre de 2026, 2,94 millones de paraguayos habían habilitado una cuenta con Ueno. De ahí su eslogan: “dos de cada tres paraguayos usan Ueno”. En su edición de hoy, Última Hora aún traía esa publicidad al lado mismo de su título principal.
Esa cifra representaba un crecimiento interanual del 23% y cerca de 200.000 personas que, entre diciembre de 2025 y junio de 2026, abrieron por primera vez una cuenta en el sistema financiero a través de Ueno. La entidad era uno de los cuatro bancos sistémicos del país y lideraba en cantidad de clientes y tarjetas.
La resolución del Banco Central se dio a conocer a las 3:00 de la madrugada, una hora en la que la población duerme profundamente. El motivo, según el comunicado oficial: una insuficiencia en su índice de solvencia por debajo del 50% del mínimo requerido.
A la mañana, desde el alba, mucha gente fue, desesperada, a retirar su plata, pero rápidamente cerraron las entradas. La gente quedó en ascuas.
“Procedimos al cierre de la entidad; por lo tanto, ni la aplicación ni las tarjetas ni ningún servicio de la entidad están activos a partir de la fecha”, confirmó el directorio del BCP.
Las transferencias, tarjetas y movimientos quedaron totalmente suspendidos y los ahorristas podrán reclamar sus fondos en un plazo de 15 días, siempre que no superen los G. 228 millones —75 salarios mínimos—, monto cubierto por el Fondo de Garantía de Depósitos.
La historia meteórica de Ueno explica parte del temblor. Arrancó con la capitalización de una pequeña casa de crédito del Mercado 4 y dio un gran salto en junio de 2024 al absorber a Visión Banco. Para esa operación, el BCP le concedió dos facilidades financieras por G. 5,1 billones (US$ 691 millones): un fideicomiso para gastos e inversiones y otro para el tratamiento de la cartera vencida.
Fue una fusión autorizada con medidas regulatorias especiales, pero bajo la lupa. El senador Rafael Filizzola venía pidiendo informes sobre el cálculo del capital regulatorio y las medidas de supervisión entre 2024 y 2026, y el 29 de junio de 2026 la Superintendencia de Bancos recibió observaciones por gastos “no habilitados” por US$ 20 millones cargados como cargos diferidos autorizados por el BCP.
Un sistema cerrado. El parate comercial se extendió a todo el país, no solo en tiendas, mercados y menudeos, también en estaciones de servicio, supermercados, bodegas y cooperativas. En su expansión, Ueno ubicó su propio POS, a través del cual la gente con cuenta debía realizar sus pagos.
“En mi caso no fue ninguna opción, yo estaba en Visión Banco y ahora tengo que comerme este garrón”, se queja L.C., una emprendedora gastronómica que quedó sin cuenta y sin posibilidad de transferir.
“¿Cómo se explica que Banco Visión haya sido absorbido por Ueno? Era como que una garrapata se puede comer a un tiburón. No tenía sentido”, exclama el abogado José Bueno.
Entre sus nuevos accionistas aparecía, entre otros, el actual presidente Santiago Peña. En el tiempo se hizo de fondos públicos, del IPS, del Ministerio de Economía y de una cantidad de empresas que recibían préstamos del banco. Esa es, formalmente, parte de la discusión sobre liquidez que hoy investiga el BCP, que confirmó un sumario administrativo en curso por operaciones con empresas vinculadas y préstamos del IPS.
La cuestión también se da en un contexto de reacomodos en el Partido Colorado de cara a las elecciones generales de 2028, entre el liderazgo de Horacio Cartes y los nuevos sectores liderados, presuntamente, por el presidente Santiago Peña.
El presidente del Banco Central, Carlos Carvallo, informó hoy que presentó su renuncia al anunciar la resolución, aunque aclaró que continuará en el cargo porque “la situación exige su permanencia”.
“Dos de cada tres paraguayos usan Ueno Bank”, decía los anuncios últimos de este banco. De ahí el título de esta nota.