Hasta hoy se han lanzado más de 50 misiones al planeta Marte. Estados Unidos, Rusia, China, India, Emiratos Árabes Unidos, Japón y la Agencia Espacial Europea forman el reducido grupo de países y agencias que han intentado explorar el planeta rojo.
*Por Félix Piriyú
La India tiene el mérito particular de haber conseguido llegar a Marte en su primer intento, algo que ninguna otra nación logró en su vuelo inaugural.
Más del 50 % de los intentos por llegar a Marte han fracasado. El viaje es difícil, la inserción orbital es complicada y, sobre todo, conseguir que una nave llegue al suelo marciano de manera controlada constituye uno de los mayores desafíos de la exploración espacial.
El fracaso de la misión estadounidense Mars Climate Orbiter es muy particular. Lanzada en 1998, la nave no sufrió problemas mecánicos.
La empresa que programó el sistema de control
calculó la fuerza de los motores utilizando el sistema anglosajón, mientras que el Laboratorio de Propulsión a Reacción de la NASA interpretó esos datos como si estuvieran expresados en el Sistema Internacional. El pequeño error se fue acumulando durante el viaje hasta que la nave realizó su aproximación a una altura demasiado baja y terminó destruida por la fricción con la atmósfera marciana.
A pesar de este fracaso, la NASA es la agencia que más éxito ha tenido en la exploración de la superficie de Marte. El proceso de amartizaje de los rovers (vehículos roboticos) es extraordinariamente complejo: la nave entra en la atmósfera a unos 21.000 km/h, soporta temperaturas superiores a 1.500 °C, despliega enormes paracaídas y utiliza radares para determinar su altura. Finalmente, mediante motores y el sistema denominado «Sky Crane», el rover es depositado suavemente sobre la superficie.
Todo el procedimiento debe realizarse de manera autónoma, ya que las señales entre la Tierra y Marte tardan más de 17 minutos en llegar. Por ello, resulta imposible controlar manualmente una nave durante los últimos momentos del descenso.
El viaje entre ambos planetas tampoco es sencillo. Debido al movimiento de la Tierra y Marte alrededor del Sol, las misiones deben aprovechar determinadas ventanas de lanzamiento que se presentan aproximadamente cada 26 meses. Un viaje convencional dura unos siete meses. Para una futura misión tripulada esto significa que los astronautas podrían tener que permanecer en Marte durante casi dos años antes de que se abra nuevamente una ventana adecuada para regresar.
La fascinación por Marte comenzó mucho antes de que pudiéramos visitarlo. Durante décadas, algunos astrónomos interpretaron determinadas estructuras de su superficie como canales construidos por una civilización capaz de transportar agua desde los polos. Estas ideas alimentaron posteriormente una enorme producción de ciencia ficción.
En 1898, H. G. Wells publicó La guerra de los mundos, obra pionera de las historias sobre invasiones extraterrestres. Más tarde aparecieron Una princesa de Marte, de E. R. Burroughs, y Crónicas marcianas, de Ray Bradbury. El cine también convirtió a Marte en escenario de numerosas historias, entre ellas El vengador del futuro, Misión a Marte y El marciano.
La exploración espacial demostró, sin embargo, que el verdadero Marte era muy diferente del planeta imaginado por la ciencia ficción. Las sondas Viking mostraron un mundo seco y rocoso, con una atmósfera extremadamente fina e irrespirable.
Además, Marte carece de un campo magnético global capaz de proteger su superficie de las radiaciones solares, circunstancia que contribuyó a la pérdida de su atmósfera y que dificulta enormemente la vida humana en el planeta.
Aun así, Marte continuó alimentando nuestra imaginación. Un ejemplo fue la famosa «Cara de Marte», fotografiada por la Viking 1 en la región de Cydonia. Algunos interpretaron la formación como una construcción artificial de una antigua civilización marciana. Sin embargo, las imágenes posteriores, obtenidas con cámaras de mucha mayor resolución, demostraron que se trataba simplemente de una formación rocosa cuyo aspecto había sido producido por las sombras y la baja resolución de la imagen original: un caso de pareidolia.
Otro episodio importante ocurrió en 1996, cuando la NASA anunció que un meteorito procedente de Marte (encontrado en la Antártida) podía contener restos fosilizados de vida microscópica. El anuncio tuvo una enorme repercusión, pero la comunidad científica se mostró escéptica. Con el tiempo se demostró que las estructuras podían explicarse mediante procesos geológicos y químicos no biológicos.
El verdadero avance en nuestra comprensión de Marte provino de los rovers. Spirit y Opportunity, estos vehículos robots proporcionaron evidencias de que en el pasado existió agua líquida durante períodos prolongados. Curiosity demostró que el cráter Gale albergó lagos durante millones de años y que Marte tuvo ambientes potencialmente habitables. También detectó moléculas orgánicas complejas.
Perseverance llevó la exploración un paso más allá. Desde su llegada al cráter Jezero en 2021 ha estudiado un antiguo lago seco que fue alimentado por un delta fluvial y ha recogido muestras de rocas y suelo destinadas a un futuro retorno a la Tierra. También encontró estructuras que podrían constituir posibles biofirmas, aunque su origen biológico todavía debe ser demostrado. El experimento MOXIE probó además que es posible producir oxígeno a partir de la atmósfera marciana, mientras que el pequeño helicóptero Ingenuity consiguió realizar los primeros vuelos controlados en otro planeta.
Enviar seres humanos a Marte será mucho más difícil que enviar rovers. Es necesario proteger a los astronautas de la radiación, desarrollar sistemas capaces de aterrizar cargas de decenas de toneladas, producir oxígeno, agua y combustible utilizando recursos locales, disponer de energía durante las tormentas de polvo y construir hábitats presurizados y protegidos. También será indispensable contar con sistemas de soporte vital prácticamente cerrados y con una tripulación capaz de actuar con completa autonomía.
Los proyectos actuales avanzan gradualmente en esa dirección. La NASA prioriza primero la Luna mediante el programa Artemis, mientras que SpaceX mantiene el objetivo de desarrollar la nave Starship para futuras misiones marcianas. China trabaja en una misión de retorno de muestras y contempla, a más largo plazo, misiones tripuladas. Europa, India, Japón y Emiratos Árabes Unidos también continúan desarrollando misiones robóticas.
Para que una verdadera colonia marciana sea posible todavía se necesitan sistemas de propulsión más rápidos, mejores tecnologías de aterrizaje, reactores nucleares compactos, producción local de oxígeno y combustible, hábitats resistentes a la radiación, sistemas avanzados de reciclaje y robots capaces de trabajar con gran autonomía.
Los rovers marcianos han transformado completamente nuestra visión del Planeta Rojo. Hoy sabemos que Marte fue un mundo con agua, que tuvo ambientes potencialmente habitables y que poseyó una química orgánica compleja. La exploración robótica ha convertido así a Marte en un destino científico real, dejando atrás la imagen puramente fantástica que durante siglos perteneció a la literatura y al cine.
*Félix Piriyú es un reconocido divulgador científico de Astronomía, columnista de la revista del divulgación Ciencias del Sur y fundador de Astronomía Paraguay (Astropy).