Aunque Petropar lo anunció como un simple reajuste de pizarra a través de su Instagram, el efecto en la gente no fue tanto de mirar y pasar. G. 300 parecen poco, pero en el volumen y en el efecto dominó, no. Pero lo peor es la sensación de que mañana “no sabés qué nuevo aumento habrá”.
La semana arrancó con el anuncio de un aumento de G. 300 en el precio de todos los combustibles de la entidad estatal.
Lo anunció sin muchas explicaciones, como cosa sin importancia. Con un simple cambio en su pizarra de Instagram.
“Por qué no lo anuncian por lo menos tres o cuatro días antes”, reclama Víctor Jara, conductor de Bolt.
“Entiendo que para el común de la gente no es tanto, pero para nosotros, que usamos más de G. 100.000 al día, ya es muy importante”, confirma Luis Torres, también trabajador de plataformas.
“Pero lo peor es que no sabés si manaña te encontrarás con un nuevo aumento. Es la incertidumbre, mi hermano”, remata este trabajador mejicano que se ha enamorado de la gastronomía paraguaya, aunque debe ponerle “chile a todo”.
En la diaria, todo suma al presupuesto de la gente. Aunque declaren que las cifras macro económicas van cada vez mejor, el efecto dominó, con cada aumento, en la gente es claro, con más endeudamiento, sostiene el economista Luis Rojas.
“Es un golpe directo al bolsillo de la gente. Todo el sistema del transporte en general se mueve con derivados de petróleo. La gente está en situación delicada, con ingresos deprimidos, irregulares. El 60% de la gente gana menos del salario mínimo”, comenta, para El Prisma, Rojas.
Sin barcazas estatales para aligerar el precio del flete y sin refinerías, los precios son un péndulo desaforado que siempre se mueve hacia arriba.
Hacia arriba. Sobre todo porque casi todo el parque automotor se mueve a combustible fósil, con algo de alcohol en las naftas.
El peso en la economía, sin detalles medioambientales, se ve en los números. Más de USD 2000 millones se van del país para la compra de nafta y gasoíl.
Con el ajuste, el Diésel Porã quedó en G. 8.290, el Mbarete en G. 10.300, la Kape 88 en G. 6.990, la Oikoite 93 en G. 7.490 y la Aratiri 97 en G. 8.840. La empresa aclaró que el gas y el EcoFlex no se tocan y que en estaciones a más de 50 kilómetros de Villa Elisa podrá sumarse el flete.
Ayer, el presidente de la estatal Willian Wilka salió a explicar que se aguantó hasta donde pudieron. Que mientras los emblemas privados aumentaban entre G. 500 y G. 800 desde el 3 de agosto por la guerra en Medio Oriente, Petropar sostuvo precios a la espera de un análisis de costos de reposición que ya superan los USD 1.000 por metro cúbico. Con la suba de ahora, dice la estatal, sigue siendo la más barata del mercado, con unos G. 400 menos en gasoil y entre G. 200 y G. 400 menos en naftas.
A dos años
Mirado en dos años, el mercado muestra un sube y baja constante. En septiembre de 2024 el entonces presidente de Petropar, Eddie Jara, hacía un balance de 24 meses y hablaba de 15 ajustes en total, 11 bajas y 4 subas. Después vino 2025, un año de alivio relativo: una suba de G. 300 en febrero que fue revertida el 24 de marzo con una baja de G. 300 anunciada por el presidente Santiago Peña como la octava baja de la administración, luego una nueva suba en julio y una baja de G. 250 en septiembre.
Esa volatilidad explica las filas cada vez que se rumorea un aumento y el tono de la discusión en redes, donde el precio del combustible se cruza con la economía diaria. Petropar insiste en su rol de contención, aun vendiendo por debajo de su costo de reposición para frenar el traslado a fletes y alimentos. Los privados nucleados en Apesa advierten que sin el subsidio que antes solo tenía Petropar, el margen para sostener precios bajos se achica.
Con esta última suba, el ahorro por cargar en Petropar sigue existiendo, pero es menor que a principios de mes y se da en un momento de demanda alta. El nuevo tarifario rige en todo el país.
“Y seguimos en ese vaivén, en la incertidumbre”, coinciden Rojas y Torres.