Ya hay alto debate. ¿Pueden las sociedades anónimas no humanas adquirir personería para operar? Argentina aparece otra vez en el centro de un gran experimento económico, con su ropaje jurídico.
La irrupción en el gobierno de la República Argentina de Javier Milei, en diciembre de 2023, postulando una agenda de propuestas económicas ultraliberales de desregulación en los ámbitos financiero, comercial, administrativo y laboral, pasando página a décadas de intervencionismo estatal, de protección de la industria nacional y de la capacidad de compra y consumo en el mercado interno, que caracterizaron a la Argentina desde los años 40 del siglo pasado, tras casi tres años muestra un nivel de avance desigual.
La lucha contra la inflación, el déficit fiscal y la acumulación de dólares en las reservas de su Banco Central son logros en los que el oficialismo argentino enfatiza. En cambio, la reducción significativa del gasto en protección social o los recortes en inversión en salud y educación son iniciativas que encuentran resistencia en los sectores de la población afectada. En ese contexto, el nuevo gobierno argentino pretende crear un marco normativo atrayente para las inversiones de las transnacionales energéticas y tecnológicas, uno de los objetivos principales de Milei y su equipo libertario.
El 29 de mayo de 2026, el Poder Ejecutivo de la Argentina envió al Congreso un proyecto que pretende derogar la actual legislación en materia de sociedades, introduciendo el concepto de que entidades no humanas puedan constituir y administrar sociedades mercantiles y empresariales. La propuesta legislativa contempla las denominadas “Sociedades Automatizadas”: serán sociedades que desarrollen su objeto social mediante sistemas algorítmicos autónomos o agentes de inteligencia artificial, sin requerir trabajadores en relación de dependencia ni recursos humanos para su operación ordinaria.
Asimismo, se crearían las “Organización/Sociedad Autónoma Descentralizada”, entidades que funcionan total o parcialmente de forma autónoma mediante sistemas informáticos que usan blockchain, aplicadas a criptomonedas y finanzas, identidad digital, códigos de cumplimiento de los llamados contratos inteligentes que se ejecutan solo cuando se cumplen condiciones predeterminadas, logística y trazabilidad. La participación en estas Sociedades Autónomas se representará por títulos tradicionales, como las acciones, pero también por medios como tokens digitales o fichas criptográficas.
Los administradores de estas entidades podrán ser personas humanas o jurídicas, que pueden usar la inteligencia artificial para funciones operativas o “toma de decisiones” sin que esto excluya la responsabilidad legal de los administradores. En todos los casos, la propuesta normativa exige la supervisión humana sobre las operaciones de la IA. Se establece la digitalización total: domicilios electrónicos, libros societarios digitales, asambleas a distancia y firma digital. La autonomía de la voluntad, principio jurídico del derecho privado por excelencia, será el eje rector; las normas legales serán de aplicación supletoria, salvo las disposiciones imperativas.
Esta innovación legislativa que, de aprobarse, colocaría a nuestro vecino y socio en el Mercosur como país pionero en otorgar cobertura legal a entidades constituidas y administradas por agentes de inteligencia artificial, afronta críticas, particularmente en lo que respecta a las consecuencias y responsabilidades por las acciones de estas futuras sociedades “no humanas”. ¿Si una entidad autónoma incurre en acciones tipificadas en la ley penal o civil, el fraude, el dolo penal y la responsabilidad civil, quién asume la responsabilidad, quién responde ante la ley? Esta sospecha de posible ardid para proteger a los reales propietarios, accionistas y difuminar sus obligaciones ante la ley impregna, según sus críticos, toda la iniciativa libertaria.
La propuesta de otorgar personería jurídica a los agentes de IA motivó un interesante debate en las páginas del periódico británico The Financial Times, entre el primer mandatario argentino y el historiador israelí Yuval Noah Harari. El presidente argentino, Javier Milei, publicó el 4 de junio un artículo en el medio londinense, invitando al mundo de los negocios y finanzas internacionales a construir inteligencia artificial en Buenos Aires. Su anhelo, según expresó, es convertir la capital argentina en la “nueva Ámsterdam del siglo XVII”, la ciudad que, según escribe Milei, “desde 1602 y bajo el liderazgo de la fundación de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales dio al mundo la sociedad de responsabilidad limitada, liberando el verdadero potencial del capitalismo” y agregó: “Que Buenos Aires se convierta para la inteligencia artificial en lo que Ámsterdam fue para la era de la navegación: el lugar donde la imaginación jurídica alcanzó el momento tecnológico y cambió el mundo”.
El historiador y divulgador israelí, autor de bestsellers como Sapiens y Nexus, Yuval Noah Harari, salió al paso de estas aseveraciones en otro artículo en el Financial Times. Conocido por su posicionamiento a favor de regular la IA y advertir sobre posibles peligros del desarrollo incontrolado de la inteligencia artificial, en su respuesta a Milei, Harari escribió: “Gracias a sus capacidades analíticas superiores, las corporaciones controladas por IA estarán en posición de convertirse en los amos de los vacíos legales y del arbitraje regulatorio. Y no será fácil disuadirlas de participar en actividades abiertamente ilegales, porque las sanciones legales que disuaden a ejecutivos y empleados humanos, la cárcel, carecen de relevancia para la IA”. Tampoco dejó pasar el ejemplo histórico esgrimido por el presidente argentino. Rememorando el cruel colonialismo que posibilitó el florecimiento económico de la burguesía de los Países Bajos en el siglo XVII: “Cuando la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales capturó Jayakarta —escribe Harari— la incendió y construyó una nueva ciudad en su lugar. La llamaron Batavia y se convirtió en la sede de un extenso imperio colonial asiático administrado por la compañía”, y agrega: “La Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales constituyó una entidad política gobernada por una empresa privada, no en beneficio de las personas sujetas a ella, sino de sus accionistas… Milei espera convertir a Buenos Aires en una nueva Ámsterdam, pero corre el riesgo, en cambio, de convertirla en una nueva Batavia”, finalizó.