¿Cuántos temblores o microsismos ya se registaron en Paraguay? ¿Y cómo lo vivió la gente? En esta nota, varios entrevistados cuentan a El Prisma qué sintieron cuando la tierra se movió bajos sus pies, sus casas o sus edificios.
Al sentir que las paredes de madera de su casa, de techo de paja, vibraban, pensó que las vacas se estaban rascando contra los laterales del rancho. No le pareció extraño que lo hicieran a medianoche, hora de profundo silencio y de manso descanso para el ganado. Así que Atilio Flecha se reacomodó en la cama, con su doña, e intentó seguir durmiendo. En eso sintió que el techo de zinc de la cocina también tiritaba. Paró la oreja. Se levantaron, salieron a la puerta de la casa, en Tacuatí, departamento de San Pedro, y allí vieron que los vecinos hacían lo mismo. Aquel susurro vecinal de medianoche se perdía entre las luces cada vez más tímidas de las luciérnagas y el rumor del río Ypané. Hasta el alba.
La experiencia inundó el mate y la mañana de los tacuateños. Todos hablaban del temblor y buscaban respuestas en la radio. Según los reportes que Atilio recuerda, habían vivido la cola del terremoto de San Juan. Así escucharon, o creyeron escuchar, en las noticias. San Juan, Argentina, es el epicentro más importante de terremotos en ese país, pero por el año en que Atilio sintió el temblor, 1989 aproximadamente, lo más seguro es que hayan vivido el fenómeno más extraordinario que se produjo en nuestro país.
El 28 de febrero de 1989, en Boquerón, Chaco, se registró el sismo de mayor magnitud en la historia del Paraguay: 5,6 en la escala de Richter. Fue tan profundo que, a pesar de su fuerza, no provocó grandes ondulaciones en la superficie terrestre. Apenas vibraciones. Por eso, en Tacuatí, a cientos de kilómetros, se sintió como un roce de ganado contra la pared.
Pero los sismos en el país son varios. Algunos se sienten, otros no. Paraguay está en el centro de la Placa Sudamericana, muy lejos de los bordes de placas donde nacen los grandes terremotos. Los especialistas lo explican como una zona intraplaca, de sismicidad de baja a moderada. A nuestro país se lo define incluso como penisísmico: un territorio donde los temblores son leves a moderados, con energía suficiente para generar susto, pero sin llegar a causar daños considerables. Por eso, cuando ocurren, suelen caer en lugares despoblados del Chaco y pasan inadvertidos, salvo cuando el epicentro se da cerca de una zona poblada.
El geólogo Miguel Lobianco lo confirma: “Estamos muy lejos de dichas placas”.
Y buscando una figura más pictórica comenta, para El Prisma, que los terremotos se forman porque el mundo “está dividido en placas gigantescas que son como pedazo de piedra que flotan (entre comillas). En las uniones se chocan y se alejan. En esa fricción, en ciertas ocasiones se liberan.
En Paraguay, muy alejado de esas placas, “hay pequeñas fallas que generan vibraciones leves”.
San Lorenzo
Liz González era niña, tal vez de cinco o seis años. Vivía con su familia en la calle 10 de Agosto, en el centro de San Lorenzo. Esa calle que conecta con la Ruta 1 cargaba con el peso de grandes camiones. Fue así que cuando, tal vez en 1991, se movió el piso de la cocina, asumió muy naturalmente que se trataba de las permanentes vibraciones ocasionadas por los Mercedes 1113, los reyes entonces de los camiones de carga y de pasajeros, y los poderosos Scania. Pero al ver que los cuadros de la pieza se habían movido de su lugar, dijo, asombradísima: “Esto no son los camiones”.
De las reacciones posteriores, entre su abuela y sus demás familiares, recuerda el decir de la gente: “Era muy raro que en un país mediterráneo ocurra”.
Hasta hace pocos años, el catálogo oficial de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Asunción, que es la que monitorea estos fenómenos desde su estación de Villa Elisa, reunía unos sesenta sismos registrados desde 1982 hasta hoy. La mayoría microsismos que solo detectan los instrumentos.
Además del de 1989, los registros recuerdan otro del 8 de abril de 1982, en Benjamín Aceval, de magnitud 5,2, que también se sintió en Asunción, y uno más el 27 de abril de 2000 en San Pedro del Paraná, de magnitud 5. Los más recientes, ya con mejor medición, fueron en Paraguarí: uno de 2,3 Richter en 2018 que duró cuatro segundos, y otro de 4,3 en septiembre de 2022 que se sintió en Carapeguá, Acahay, Caapucú y hasta en barrios de Asunción, Villa Elisa y Capiatá.
En los 70 todavía circulaba poca información.
Pero menos información circulaba en los años setenta cuando, tal vez al inicio de la década, Natividad Mercedes viuda de Ortiz, 92 años, sintió que su casa de Fernando de la Mora, en el límite con Villa Elisa, daba vueltas.
Osysýipa enterove mba’e —temblaron todas las cosas—.
A pleno día, en la mesa, los cubiertos empezaron a moverse. En esos tal vez veinte segundos, Ña Meche quedó tomada por el asombro y luego por el miedo. En el barrio, semirrural entonces, hacía poco que habían vivido un pytumby general. Un eclipse de luna.
Entonces, el nuevo episodio revivió el miedo al fin del mundo, tantas veces pronosticado en la cultura popular por manosantas y demás fabuladores de pueblo.
—Ou pytũ, kuarahy ojoko la jasy, oje’e upe jave. Otokoro’õma katu la gallo —vino la oscuridad, el sol atajó a la luna, se dijo entonces. Y los gallos empezaron a cantar—.
En ese tiempo, los instrumentos de medición y de pronóstico en nuestro país eran inexistentes. En meteorología, por ejemplo, se dependía del radar argentino.
Entonces, el más famoso hombre del tiempo de la época, Fermín Villalba, se pasaba haciendo diagramas de posibilidades sobre la base de las corrientes organizadas desde el Río de la Plata. Por alguna razón del viento, con medidas “hectopascales”, podría llegar a pasar algo en el país. Muchas veces los televidentes terminaban exhaustos tratando de descifrar si iba a llover o no.
Eran otros tiempos. Hoy las unidades de observación de fenómenos meteorológicos y sísmicos están muy adelantadas, pero, aun con eso, muy poco se pudo prever durante la incursión en Venezuela, específicamente en el estado La Guaira, y luego en Colombia, dos eventos que provocaron miles de muertos.
Esos terremotos, en Paraguay, por su ubicación geográfica, lejos de las placas tectónicas, no deberían llegar más que en sus ondas expansivas leves. Como dicen los geólogos del Laboratorio de Sismología de la FACEN: no estamos en zona de fallas de esa magnitud, estamos en medio de la placa sudamericana, un lugar que es muy estable.
Pero que siempre hay sismos, los hay. A veces los sentimos, a veces no.
Nota de redacción: La foto de portada es una ilustración de referencia utilizada por Canal 13 durante el sismo de 2022 que se verificó en la región central y partes del Chaco.