Liz Vargas: de Paraguay a Lego en Praga

Fue noticia en el 2012 cuando por crowdfunding pidió dinero para  estudiar en Praga, a estudiar Forestación. Antes, había ganado una medalla de oro, con su coro, en Roma. En la República Checa estudió Ecología e hizo una maestría en manejos de aguas residuales. Hoy trabaja resolviendo problemas del sistema de ventas de Lego, para las Américas y Asia. Ama su trabajo, confiesa. Y comprende que amar el trabajo era algo tan importante en la vida.

 

Promovió un crowdfunding (fondos colectivos para proyectos) en esa época porque no tenía los medios para pagar su pasaje en avión. En ese entonces la beca incluía la estadía, pero no incluía el pasaje en avión para venir hasta acá. USD 2.800 dólares. Entonces, el método aún no era tan conocido en Paraguay, así que fue nota de diarios.

Al ir a República Checa, vivió en Mariánske, una ciudad más pequeña. Durante nueve meses estudió el idioma. En una casa de estudiantes, compartía piso con una australiana. Estudiaban de mañana y de tarde. Además del idioma, estudiaban matemática, química, biología y física. Era un curso de preparación para entrar a la universidad

Ella había aplicado a una beca para Forestación, pero una vez en República Checa, ya con un buen manejo del idioma, tuvo posibilidad de elegir otras carreras.

Estudió entonces Ecología, que también integraba Forestación. Luego estudió administración de Residuos ya como maestría.

Estuvo también en el doctorado, por un año, sobre tratamiento de aguas residuales.

Eso fue hasta el 2019, luego llegó el covid. Con el covid todo paró.

Entonces, se puso en modo de buscar un trabajo. Trató de conseguir en su área, pero “generalmente, los proyectos de la Unión Europea que tengan que ver con el medio ambiente son manejados por el Estado, y para trabajar para el Estado hay que tener nacionalidad Checa”, explica.

Por no tener nacionalidad no pudo encontrar trabajo en su área.

“Me puse en modo supervivencia”, recuerda. Encontró un trabajo en call center de una multinacional americana. Trabajó allí por dos años.

Y así, por un anuncio, llegó a Lego.

Su cargo es de Master Data Specialist, y abarca la creación y la lealtad de un nuevo cliente en el sistema. Lo hacen de manera global. Entonces, hay una serie de requisitos que las jugueterías tienen que tener para poder abrir una cuenta con Lego. Utilizan un sistema que se llama SAP, sistema muy popular en Europa. Hoy ya es una experta en el sistema.

“Lego está muy enfocado en mejorar continuamente. Y en eso también me enfoco. En escribir los procesos. Esto se tiene que hacer así, así así”, resuelve.

Y en eso, dispara: “Eso es lo que hago yo. Amo mi trabajo. Puedo hablar de mi trabajo todo el día”, asegura mientras abre una caja de cubiertos o coloca un cuadro en su nuevo departamento.

Le gusta mucho de Lego que, aunque es una empresa multinacional, “todavía conserva un aire familiar”.

Ella, que ha trabajado en tiendas, casas de créditos, call centers, restaurantes, en Lego se dio cuenta de algo muy fundamental en el trabajo. Algo de lo que no se había dado cuenta hasta que escaló en la multinacional de juegos didácticos.

“A mí me enorgullece el producto. Yo creo en el producto. Yo creo en los valores que tiene esta empresa. Es un producto que hace muy felices a los niños. Nunca me di cuenta lo importante que es creer en lo que uno trabaja, creer en el producto que está vendiendo”, reflexiona, en un momento de la entrevista, entre los quehaceres de la mudanza, en Praga.

Sí, se está mudando.

“¡Cuán importante es eso, y cuánta diferencia hace en términos de trabajar”, esgrime, con un castellano claro, cascado, rasgado por otras lenguas.

Así, en ese encantamiento con su trabajo, establece cotidianamente relaciones con clientes de Asia, América y Estados Unidos.

Lego tiene tres grandes oficinas en las Américas. Una en Boston, EEUU, otra en Monterrey, San Luis Potosí (México), y otra en Brasil.

Como trabaja en un cargo global, su horario es bastante flexible, pero intenta que no pasen las ocho horas. Igual debe estar atenta, con el teléfono corporativo en la mano.

Para entrar a Lego el único requisito era que tenga una carrera universitaria. Es así que entre sus compañeros hay historiadores, sociólogos y de oficios no tan comunes en estas áreas corporativas.

Y sí, le da un poco de pena no ejercer lo que ha estudiado, pero en el actual cargo está aplicando lo que aprendió.

“Vine a un país adónde no hablaba el idioma, donde tenía que ingeniarme y ser creativa en mi forma de estudiar. Entonces, yo grababa todas las clases, consultaba más libros. La Universidad me enseñó que si uno va a hacer algo tiene que investigar primero. Leer muchos artículos científicos. Algo así también aplico a mi trabajo. Hago mucha investigación, me gusta llegar al fondo de las cosas, que cuando voy a hacer algo o decir algo tiene que estar fundamentado”, explica.

Praga según Liz

Praga cuenta con dos millones de habitantes ahora. Muchos ucranianos, por la guerra, se fueron a vivir a la ciudad.

La infraestructura y el transporte público “son inmejorables; hay muchas oportunidades en tema laboral. La tasa de desempleados es muy baja”.

Y como en las grandes ciudades, siempre está pasando algo, “algún concierto, algún teatro, mucho arte, música, que es lo que a mí me gusta”.

Es que cuando estaba en Paraguay, Liz cantó en el coro Adagio,  de 1996 al 2001, año en que terminó su colegio, en el Centro Regional de Encarnación.

Con ese mismo coro ganaron una medalla de oro en 1997, en Roma. Ella entiende que de ahí viene el interés por la música y por los viajes.

Extraña de Paraguay sus amigos, su familia y el tereré, pero allá se ha hecho de muy buenos amigos, amigos con los que, al igual que ella, se deben concertar encuentros 15 días antes. Eso, eso, sonríe, es bastante diferente.

“Es muy raro que alguien te invite a su casa así nomás. En cambió, en Paraguay, un día te hacés amigo y al día siguiente ya estás tomando tereré, y después ya te vas a comer asado. Acá es otra cosa”, asume.

-¿Y te preguntan por Paraguay?

-Sí me preguntan mucho por Paraguay, dónde está. Sí siempre me dicen: !ah, Uruguay! Entonces tengo que corregirles.

Hay cosas, claro, que no le gustan de Praga. “Hay muchos problemas acá con el alcoholismo y las drogas. Pero los checos son muy pasivos, borrachos pueden estar ahí tirados, es un problema acá. Además el juego…,”

Las aventuras de niñez

Lo de aventurarse puede venir de mucho antes, tal vez de los cuatro años. Hay un episodio que se le ha grabado en la mente y lo recuerda al tacto.

Era un domingo y estaban en su casa, comiendo asado. Cada vez que lo recuerda, lo recuerda con los olores, el sol, la siesta. Luego, en un descuido de su gente, descalza y en paños menores, fue de su casa, caminando, hasta encontrarle a una señora a quien pidió agua. Es que hacía de esos calores sofocantes. Era un sendero empedrado. El padre, en moto, desesperado, salió a buscar a la niña. Y cuando la encontró sintió un gran alivio.

Ahora de adulta, cuando se acuerda, le da tanta pena.

-Cómo habrán sufrido todos mientras me buscaban por la casa y no me encontraban.

Desde entonces, su padre, Gabriel,  dice que Liz siempre quiso irse de la casa.

La disciplina juvenil

Liz recuerda que tenían un régimen muy estricto de trabajo del coro. A la mañana iba a las clases ordinarias y a la tarde estaban en el coro.  Tenían un director muy exigente, Javier Goligorsky. Hasta ahora está en el coro. “Creo que él fue también quien hizo de mí lo que lo soy hoy día. Todas sus enseñanzas se basaban en trabajar duro en lo que uno quiere. Era muy perfeccionista”, sostiene.

Hubo un tiempo en que estuvo medio “por su cabeza”. Entre los 20 y 25 años. “En algún momento de la vida también perdí un poco mi rumbo para luego volver ahí y acordarme de estas cosas que yo aprendí”.

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