Para el economista Luis Rojas, lo de la economía de guerra anunciada por el gobierno de Santiago Peña es apenas un cambio en la narrativa, en el discurso, abriendo el paraguas para justificar “lo poco que se ha hecho en dos años y medio y lo poco que se hará en los próximos meses”.
Explica que el Estado araguayo arrastra una dinámica a partir de una baja presión tributaria. Esta baja presión tributaria (10 a 13 por ciento frente a 30 a 40 en la región) se traduce en baja inversión en todos los sectores: déficit en educación, infraestructura, en promoción de empleo, diversificación en la matriz productiva…
“La economía de guerra o de apriete es una política permanente, lo que cambia es la narrativa. Aunque existía, no se asumía, se hablaba de crecimiento, mejora de recaudación, grado de inversión, el gigante dormido que se despierta…”, enumera.
Y este cambio en la narrativa se da porque “no se ven los resultados tan esperados y tan anunciados”.
El segundo tiempo del gobierno
Se entra en el segundo tiempo ya del gobierno de Peña. Para el economista el primer tiempo era para las reformas, para los cambios. Y este segundo para ver resultado.
“No se están viendo los cambios. No hay mejoría en ningún sector que depende del Estado o de su impulso: transporte, salud, educación, reforma agraria”, dictamina.
En fin, a criterio de Rojas, el de Peña es finalmente un gobierno conservador de ajuste permanente y de dejar todo al libre del mercado. Es una economía de ajuste permanente, que no se atreve a tocar los bolsillos de quienes más tienen o concentran.
La guerra permanente
Esta apuesta “conservadora y libremercadista” hace que a nivel de la ciudadanía “la economía de guerra sea el estado permanente”.
Se busca – infiere- cómo sobrevivir en condiciones laborales de alta informalidad, de bajos salarios, sin capacitación y sin organización.
“La gente está tratando de pagar las cuotas, el alquiler, ajustándose permanentemente el presupuesto familiar, comiendo mal, lo más barato, renunciando a muchas actividades, con mínimos derechos, sin servicios públicos”, sentencia.
Entonces, entiende que el anuncio del ministro de Economía y Finanzas Carlos Fernández Valdovinos no genera gran interés en la gente, pero que sí puede “asustar a una pequeña élite que se rehúsa a pagar impuestos, vive en una burbuja, se rehúsa a aportar”.
Fernández Valdovinos ha dicho que las inversiones en obras públicas y otros rubros ministeriales se congelarian este año. Que apenas se pagarían salarios y cuentas corrientes.
Ha dicho que a este puerto el presupuesto nacional ha llegado porque se estableció sobre la base de un dólar a 7500 guaraníes, pero que ahora, con la baja se desajustó todo.
Pero también buena parte del dinero se está utilizando en pagar los intereses de la deuda (USD 20. 000 millones).
“Seguimos aceleradamente endeudando, con un bicileteo permanente, solo para pagar los servicios de la misma”
El futuro así se ve más gris en cuanto a inversiones para obras públicas, ditamina.
La deuda externa irá absorviendlo lo que quede del pago de gastos corrientes y “no hay interés del gobierno actual de cambiar el injusto orden impositivo”.