El más polémico desarrollador de productos de alta tecnología para uso bélico se ha reunido con Santiago Peña. ¿Una reunión anecdótica o hubo principios de acuerdo para uso del agua y de la energía eléctrica de Paraguay?
Instalado desde mediados de abril en el exclusivo barrio Parque porteño, donde compró una mansión por 12 millones de dólares sin chistar, justo enfrente de la casa de Susana Giménez —como no se cansan de informar los cronistas de la TV argentina—, Peter Thiel, quizás el más influyente de los magnates tecnológicos de nuestro tiempo, se encuentra en el Cono Sur americano indagando posibles oportunidades para expandir los negocios de sus poderosas empresas.
En la capital argentina, Thiel se entretiene concediendo audiencias a grandes empresarios y altos funcionarios del gobierno libertario, reuniéndose con Javier Milei en la Casa Rosada, participando en torneos de ajedrez o asistiendo al superclásico del fútbol argentino en el Estadio Monumental. La sintonía ideológica del magnate con los gobiernos de derecha es conocida: Thiel, además de innovador y próspero empresario, es un referente intelectual de la visión conservadora. Formado en Derecho y Filosofía en la Universidad de Stanford, tiene varios libros donde expone sus ideas.
Informado de que en Paraguay también impera un gobierno de derecha, en vísperas de los días de la Independencia se llegó hasta Asunción, y el jueves 13 de mayo Peter Thiel fue recibido en Mburuvicha Róga por el presidente Santiago Peña. Según posteó el presidente paraguayo, su conversación con el magnate versó sobre “las oportunidades que ofrece el Paraguay al capital privado en sectores como inteligencia artificial, energía y tecnología financiera”, obviando temas o iniciativas concretas de inversión en el país. En el mismo tono de meras generalidades, el jefe del Gabinete Civil de la Presidencia de la República, Javier Giménez, calificó al empresario de “eminencia mundial”, para agregar después que la entrevista se enmarca en “la visión que tiene el gobierno del Paraguay de recibir a empresarios independientemente de su credo o sus opiniones personales”, desmarcándose de paso de las ideas antidemocráticas de Thiel o incluso de su homosexualidad —Thiel está legalmente casado con otro hombre—, en vista de las ideas ultraconservadoras del cartismo colorado al respecto.
En un artículo publicado en noviembre pasado en El Prisma, trazamos una semblanza de la trayectoria y las ideas de Thiel, por lo que en esta ocasión no nos extenderemos al respecto.
https://elprisma.com.py/quien-es-peter-thiel-el-magnate-filosofo-de-la-tecnologia-del-control/
Solo mencionaremos que, en su visión de la historia de Occidente, el Renacimiento, la Ilustración, la Revolución Francesa y todo lo que sobrevino en consecuencia fueron inmensos errores que ocasionaron, entre otras cosas, un crecimiento desmedido del Estado que, con leyes e impuestos instituidos con pretextos democráticos e igualitarios, ahoga la libertad de los individuos.
Esta animadversión al “Siglo de las Luces” hizo que Thiel y otros intelectuales como su socio en Palantir Technologies, el sociólogo Alexander Karp, el filósofo Nick Land o el programador informático Curtis Yarvin, asumieran la denominación de “Ilustración Oscura” para su corriente de pensamiento.
Como empresario, destaca su rol de inversor con gran olfato para negocios futuros. Cofundó con Elon Musk el sistema de pagos digitales PayPal, otorgó el capital necesario para la expansión de la red social Facebook y, en un ámbito mucho más controversial, en 2003 fundó Palantir Technologies, especializada en el campo militar de inteligencia, seguridad informática y armamento autónomo. Los principales clientes de Palantir son el Pentágono, la CIA, las fuerzas de Defensa de Israel y la polémica fuerza antinmigración estadounidense ICE.
Hace pocos días, Palantir Technologies hizo público un manifiesto en el cual refuerza su compromiso con el esfuerzo militar estadounidense e insta a las demás firmas de Silicon Valley a sumarse al desarrollo de tecnología militar impulsado por el Pentágono. En nuestro tiempo, la empresa de Peter Thiel se encuentra en la cúspide del complejo militar industrial norteamericano.
En definitiva, todo este desarrollo tecnológico es posible gracias a la inteligencia artificial y al soporte material que la hace posible, que depende a su vez de determinados recursos naturales necesarios para la instalación de los centros de datos que la IA precisa. El Paraguay tiene potencial abundancia en los recursos necesarios para la instalación de centros de datos de IA.
Aunque enfrenta desafíos en infraestructura para su distribución, Paraguay es rico en fuentes de agua potable: se estiman unos 460.000 hm³ al año, uno de los más ricos de la región. Los chips de los servidores de la IA generan enormes cantidades de calor durante su funcionamiento; el agua potable se usa para su refrigeración. En el proceso, el agua se evapora. El agua utilizada debe ser potable por su bajo contenido de minerales y sedimentos, que podrían dañar los sistemas. El impacto es considerable: un data center de IA puede consumir entre uno y cinco millones de litros de agua potable al día.
La energía hidroeléctrica es otro recurso que el gobierno nacional se empecina en ofrecer al capital privado, pese a los pesimistas pronósticos de las propias autoridades del sector que alertan sobre un posible déficit energético a partir de la próxima década. No obstante, por ahora los costos energéticos en nuestro país son menores a los de otros países de la región, circunstancia que, unida a la falta de regulación legislativa, podría usarse como gancho para la instalación en Paraguay de data centers, justo cuando la hostilidad a estas infraestructuras crece en los condados y distritos de EE. UU.
En febrero del año en curso, Paraguay firmó con EE. UU. un memorándum de entendimiento sobre minerales críticos en los campos de tecnologías de punta y armamento avanzado. Aunque se trata solo de una declaración de intenciones sin eficacia jurídica práctica, sin duda los estrategas de Washington, donde las opiniones de Thiel pesan mucho, vislumbran a Paraguay como una posible reserva estratégica de materias primas como las tierras raras y minerales estratégicos, en el marco de revertir a mediano o largo plazo el dominio chino del mercado mundial de esas materias primas.
La estrategia de desarrollo elegida por el gobierno paraguayo adolece de un par de notorios defectos: primero, los centros de datos para la IA, por la automatización de su funcionamiento, no requieren de gran cantidad de mano de obra; por tanto, combatir el crónico desempleo paraguayo por esa vía parece una clara equivocación. Segundo, los data centers tienen gran impacto en recursos básicos para la población: el agua potable y la energía eléctrica. En Estados Unidos, el propio Donald Trump, en su último discurso sobre el estado de la Unión ante el Congreso, exigió a los magnates de la IA que generen su propia electricidad y abandonen la red eléctrica nacional, haciéndose eco del descontento de los norteamericanos que pagan facturas cada vez más elevadas de electricidad.
La inversión privada o pública en tecnología es necesaria en nuestro país. Es fundamental que el Paraguay se inserte en la nueva economía basada en los desarrollos tecnológicos que en nuestros días se está gestando y que determinará el futuro de los países en lo que resta del siglo. Pero si queremos dar un salto rumbo al desarrollo económico, debemos abandonar nuestro rol de meros proveedores de materias primas y buscar, en cambio, producir bienes y servicios con valor agregado. En este contexto, el tiempo dirá si la reunión Thiel-Peña tiene alguna consecuencia relevante o se limita a la simple anécdota de color.