Los estados ante el desafío tecnológico: La regulación de la IA

Uno de los debates sociales más importantes de nuestra época está enfocado en la inteligencia artificial. En sus beneficios y los riesgos. El Prisma te trae un breve resumen de las regulaciones ya existentes en el mundo. 

 

El pasado martes 2 de junio, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, firmó una acción ejecutiva por la cual se establece que, de ahora en adelante, el gobierno estadounidense evaluará los desarrollos de IA antes de que sean lanzados al mercado. La motivación esgrimida es la ciberseguridad y la protección de infraestructura crítica. Aunque se circunscribe a las citadas materias e insta a las grandes empresas tecnológicas a colaborar “voluntariamente” con el gobierno, la adopción de la medida marca un significativo cambio de la política de la Casa Blanca: un giro a favor de la regulación de la IA por parte del Estado, que deja atrás el categórico “Laissez faire, laissez passer” (“dejar hacer, dejar pasar”) que imperaba en la política de la administración Trump respecto a Silicon Valley.

Es muy probable que el detonante de la decisión presidencial fuera la aparición de “Mythos”, de Anthropic. Este modelo avanzado de lenguaje, con excepcionales capacidades para vulnerar sistemas de ciberseguridad, capaz de convertir a cualquier individuo en un peligroso hacker, encendió las alarmas. La empresa decidió no lanzarlo al público en general y restringir su acceso. Sin embargo, la ciberseguridad es solo uno de los ámbitos en los que impacta la inteligencia artificial. La economía, las relaciones laborales, las artes, la comunicación, la investigación científica, la prensa y prácticamente todo el quehacer humano sufren las consecuencias de la presente revolución tecnológica.

Interpretando las inquietudes de diversos sectores de sus sociedades, los gobiernos de varios países del mundo plantean normas regulatorias a la inteligencia artificial.

La Unión Europea adoptó en junio de 2024 la llamada Ley de IA de la UE. Sus principios fundamentales son: el enfoque basado en el riesgo —“Cuanto mayor sea el riesgo para las personas, más estrictas deben ser las normas”—; prohíbe taxativamente la manipulación emocional y la vigilancia masiva. La IA usada en los campos de salud, empleo o infraestructuras estratégicas deberá superar auditorías, registros y trazabilidad de datos y estar siempre bajo supervisión humana. La norma comunitaria europea declara como objetivos: la protección de los derechos fundamentales, la transparencia de datos e información, y la supervisión humana en los sistemas de IA de alto riesgo, con un control humano efectivo, y finalmente lograr un equilibrio entre innovación y responsabilidad. Pese a ser muy criticada en su momento por los partidarios de la mínima participación del Estado en el negocio tecnológico, la ley europea de la IA establece principios fundamentales sobre varios de los temas presentes en el actual debate en torno a la IA y sus consecuencias.

En EE. UU

En los EE. UU. no existe una ley federal de regulación de la IA. Existieron iniciativas de legislación federal en el Congreso americano, impulsadas por las sucesivas administraciones de Obama y Biden, que no lograron prosperar. Donald Trump se apartó de tales iniciativas, oponiéndose a la regulación de la inteligencia artificial, optando por apartar la burocracia del desarrollo de una tecnología que considera clave para el liderazgo estadounidense. El magnate neoyorquino manifestó que su política en la materia busca “eliminar barreras al liderazgo estadounidense en Inteligencia Artificial”, enfatizando en potenciar el liderazgo global de los Estados Unidos en IA, reduciendo barreras regulatorias para fomentar la innovación.

Al mismo tiempo, sin embargo, estados de la Unión Americana como Texas, Colorado e Illinois aprobaron sendas leyes estatales regulatorias de la IA. La normativa texana creó un ente público que regulará la actividad de las herramientas de inteligencia artificial en el estado: el Consejo Asesor de IA, que tendrá por finalidad establecer estándares para reglamentar el uso de algoritmos en decisiones que impacten en empleo, economía, salud y educación. La Ley de Inteligencia Artificial de Colorado prohíbe la discriminación algorítmica, la que ocurre cuando un sistema de inteligencia artificial toma decisiones que afectan a personas basándose en raza, género, edad, religión u origen étnico. Illinois, por su parte, prohibió el uso de herramientas de IA para la terapia psicológica, emitir diagnósticos en enfermedades mentales o tomar decisiones terapéuticas. Actualmente, otros estados de la Unión siguen aprobando leyes sobre responsabilidad algorítmica, privacidad, empleo y salud.

En China

En la República Popular China, varias normas regulan la inteligencia artificial. Su legislación prioriza el control estatal sobre el contenido, la ética socialista y la seguridad nacional. Las herramientas de IA generativa que operan en China tienen prohibido generar y difundir contenidos que atenten contra la seguridad nacional, la unidad territorial, la estabilidad social o el derecho de las personas. Además, los contenidos generados por IA tienen la obligación de identificarse como tales, ya sean texto, audio, video o imágenes. Las plataformas deben garantizar que los archivos compartidos o descargables contengan esta advertencia. Las empresas deben cumplir con estrictos requisitos en transparencia algorítmica, protección de derechos de los usuarios y alineación ideológica en el material generado o recomendado.

Este breve resumen no pretende agotar un tema de la complejidad de la regulación jurídica de la inteligencia artificial, pero la reseña sucinta de la situación en países importantes del globo es una manera de iniciar, en nuestro medio, el que es quizás el debate social más importante de nuestros días.

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