A una semana de los primeros bombardeos sobre Irán, a qué juegan EE. UU e Israel. El golpe a Eurasia y al Brics. Nuestro articulista Gustavo Reinoso describe la importancia del estrecho de Ormuz y el fuerte golpe a la “nueva ruta de la seda”. El impacto mundial ya está a la vista.
El sábado de 28 de febrero los Estados Unidos e Israel, a despecho de negociaciones diplomáticas de última hora y para sorpresa de nadie, iniciaron una agresiva campaña de bombardeos contra la república islámica de Irán. Aunque Netanyahu y Trump pretextaron el trillado tema del programa nuclear iraní, de las palabras de ambos mandatarios resulta claro que esta guerra tiene por objetivo lograr un cambio de régimen en Irán.
Pese a la eliminación del líder supremo del país persa, el Ayatola Alí Hoseiní Jameneí así como parte de su familia, incluidas niñas y la de otros altos cargos del régimen, la república teocrática, demuestra hasta el momento, capacidad de reacción militar y estratégica.
Irán contestó los bombardeos aéreos con ataques misilisticos y con drones contra Israel y los países árabes del golfo, con la notable excepción de Omán.
Los países atacados albergan infraestructuras clave de las industrias energéticas y de fertilizantes (Urea) para la producción agrícola, así como bases militares norteamericanas. La guardia de la revolución islámica iraní declaró cerrado el estrecho de Ormuz, paso más angosto del golfo pérsico, ruta vital del comercio mundial particularmente para Europa y el lejano oriente.
Por el estrecho de Ormuz circulan, según recientes, el 32% del comercio mundial de fertilizantes, el 31% del petróleo crudo y el 23, 4 del comercio de gas natural, solo por mencionar los rubros más importantes.
El conflicto se expande por la región
La invasión israelí al Líbano, que intenta reprimir los ataques de la milicia chiita libanesa Hezbolá contra el estado sionista, fue seguida por un ataque de drones de estos combatiente libaneses que impactaron en una base de la Royal Air Force británica en Chipre, acción que causó el despliegue, hasta ahora “defensivo”, de fuerzas navales de la OTAN en el mediterráneo oriental.
El asesinato de su líder espiritual, el ayatola Jameneí, causó la indignación y la furia de las comunidades chiitas fuera de Irán. En Pakistán, nación que está en medio de una guerra contra los talibanes afganos, estallaron violentas protestas en Karachi e Islamabad frente a las representaciones diplomáticas y consulares estadounidenses, las que fueron asaltadas y vandalizadas. La posterior represión policial arrojo 24 muertos. En la embajada norteamericana en Irak también se dieron furiosas manifestaciones y drásticas represiones policiales.
Aun golpeado por el desgaste de 46 años de poder, una larga crisis económica causada por las sanciones, una oposición creciente, el clientelismo y la corrupción, el régimen islámico está demostrando, hasta ahora, una capacidad de respuesta militar notable.
Mientras deciden quién sucederá a Jameneí la dirigencia política iraní parece dispuesta a cumplir con su advertencia de incendiar la región con una guerra regional en caso ser atacados.
El día de hoy 5 de marzo los últimos rumores de apoyo israelí- estadounidense a un levantamiento kurdo desde Iraq fueron contestados con la correspondiente andanada de misiles sobre el Kurdistán Iraquí.
El premier israelí Benjamín Netanyahu y su objetivo de un “Nuevo Oriente Medio”, donde la hegemonía israelí sea indiscutible, es el principal impulsor de la guerra en curso. La extrema derecha nacionalista de Israel, comandada por el partido Likud de Nentanyahu, quiere aprovechar lo que percibe como una histórica fragilidad del régimen iraní, para derribarlo y lograr la balcanización de Irán, país donde la mayoría persa convive con minorías étnicas como la azerí, la kurda y la árabe.
En simultáneo, la guerra proporciona al gobierno israelí consenso social para su expansionismo territorial en Gaza, Cisjordania, el Líbano y Siria, extendiendo como por casualidad un manto de olvido sobre los casos judiciales por corrupción que involucran a Netanyahu.
¿Un golpe letal a Rusia?
En cambio, no está tan claro cuál es el beneficio que podría obtener Donald Trump y los Estados Unidos en este conflicto bélico. Las contradictorias declaraciones del presidente y de su secretario de estado no colaboran en nada para aclarar sus motivos inmediatos, salvo el apoyo irrestricto de los norteamericanos a Israel.
Trump sabe que gran parte del electorado republicano ve con desagrado las interminables guerras en el extranjero especialmente cuando cuestan mucho en recursos y vidas de militares estadounidenses.
Algunos observadores señalan que el móvil de los americanos es asestar un golpe a Rusia en su proyecto de unirse por líneas de ferrocarril y ductos que transporten gas y petróleo desde San Petersburgo al puerto de Bombay en la India, proyecto de infraestructura y comunicación que pasa por territorio iraní.
El otro objetivo americano sería dañar a China, principal comprador del crudo iraní, que además adquiere a un precio inferior al de mercado y que representa aproximadamente un 16% de las necesidades chinas de petróleo.
Un Irán sumido en la guerra y el caos no podrá erigirse en el nodo geográfico fundamental del corredor comercial, Asia Central-Asía Occidental, eslabón crucial en la ruta de comercio de China hacia Europa.
Uno de los proyectos estrella de China, “la nueva ruta de la seda”, corre el riesgo de verse truncado, frenando los intentos de integración económica euroasiática. Una guerra o inestabilidad política prolongada en suelo de los persas, es un cachetazo al proyecto integración económica más ambicioso de los BRICS.
Pese a lo dicho, el riesgo político y económico que corre la administración Trump es grande y aun una victoria militar, si es acompañada por una economía en recesión por los altos precios de los combustibles y otros bienes de consumo, le podría costar la presidencia a los republicanos, como le ocurrió a George Bush padre, luego de la primera guerra del golfo.
Las inmediatas repercusiones
La economía global acusó inmediatamente los golpes causados por las hostilidades. Qatar detuvo la exportación de gas, cortando la provisión a Europa. Entretanto ningún buque petrolero se atreve a transitar el estrecho de Ormuz luego de la advertencia iraní, los costos del petróleo escalaron rápidamente, de 70 a 85 dólares el barril de Brent, en cuestión de horas.
Sobre el precio del crudo los optimistas mencionan que la producción estadounidense y de otras fuentes evitará una suba excesiva. Los pesimistas dicen que podría llegar a 120 dólares el barril.
Algunos países del golfo pérsico: Arabia Saudita, Qatar, Omán y el propio Irán son líderes en la producción y exportación de urea, producto químico fundamental en la elaboración de fertilizante, por ende, crucial en la industria de la producción de alimentos. Una subida de precios sostenida de combustibles y alimentos puede tener un efecto negativo en las posibilidades de consumo a escala global, abriendo las puertas a la recesión económica mundial.
Y Paraguay qué
En el Paraguay, país totalmente dependiente de las importaciones de combustible fósil para transporte de bienes, personas y logística, los operadores comerciales nucleados en APESA analizan un aumento de 1000 guaraníes en todos los combustibles, según declaró un portavoz de los empresarios, Víctor Yambay.
Petropar por su parte, aunque señaló que sigue con atención la evolución de los precios internacionales, descartó, por el momento, un aumento de precios, en vista a su stock físico. La llegada de una partida hoy en tránsito le daría existencia de combustibles para sostener los actuales precios por tres meses, según indicó el gerente general de la estatal Willian Wilka.
Los armadores paraguayos, ante el riesgo de un diésel con precios por las nubes, plantean ante el gobierno argentino una revisión a la baja de la tarifa de 1,30 dólares por tonelada de registro neto, por el tramo Santa Fé-Confluencia del río Paraná. El Centro de Armadores Fluviales y Marítimos (Cafyn) y la Administración Nacional de Navegación y Puertos trabajan en una propuesta conjunta para elevarla a consideración de las autoridades argentinas.
En resumen, nuestro doble carácter de país totalmente dependiente de las importaciones de combustibles y sin litoral marítimo nos hace particularmente vulnerables a los vaivenes del mercado internacional, causados por episodios como la guerra en Irán, que motivan subidas de precios que castigan los alicaídos bolsillos paraguayos.
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