Harari y el miedo a la Inteligencia Artificial

En este este artículo, nuestro columnista Gustavo Reinoso revisa una candente tensión con la Inteligencia Artificial, a partir de las predicciones del historiador israelí Yuval Noah Harari. Un adelanto: concluye con una sentencia esperanzadora. 

Por Gustavo Reinoso (*)

Mi instintiva aprensión con respecto a la actividad de esos versátiles hombres de negocios de nuestro tiempo: los agentes literarios, me alejan por lo general de los autores de éxito contemporáneo  y de los gurús intelectuales de moda, habituales protagonistas de un zaga jalonada por el éxito editorial meteórico y la vasta presencia mediática. Desde la publicación en 2011 de “Sapiens”, primero en hebreo, en inglés en 2012 y en 2014 traducido a más de 64 idiomas, el historiador israelí Yuval Noah Harari se convirtió en el intelectual mimado de los medios de comunicación y los referentes políticos, financieros y tecnológicos del occidente político.

Sus obras posteriores “Homo Deus: Breve historia del mañana”, del 2016, “21 Lecciones para el siglo XXI” en 2018 y “Nexus: Una breve historia de las redes de información desde la edad de piedra hasta la IA” del 2024 consolidaron a Harari como autor de “Best Sellers” de divulgación científica, con más de 45 millones copias vendidas en 65 idiomas. Yuval Harari es en nuestros días un solicitado participante de coloquios, seminarios e inspiradoras charlas TED, con presentaciones recurrentes en instancias como el Foro Económico Mundial de Davos.

En estas líneas nos esforzaremos por exponer a nuestros amigos lectores, en breve reseña, sus planteamientos fundamentales sobre las nuevas tecnologías, particularmente la inteligencia artificial, omitiendo deliberadamente otros leitmotivs presentes en sus trabajos: la extraordinaria relevancia en la evolución humana  de lo que autor israelí  entiende por “ficción”,  nuestra capacidad como humanos de actuar colectivamente en forma concertada  y lo determinante del imperativo biológico en el desarrollo de la humanidad.

Uno  tema sobre el que habitualmente se pronuncia Harari es el riesgo que trae consigo la capacidad, prácticamente infinita, de almacenamiento, procesamiento y análisis de información que poseen los actuales medios tecnológicos.

El “Big Data” pone a disposición de gobiernos, empresas corporativas y cualquiera con los medios económicos y técnicos para adquirirla, información detallada de prácticamente todos los habitantes del planeta. Las máquinas colectan, almacenan y analizan cuantiosas cantidades de datos sobre los humanos: sus preferencias políticas, creencias religiosas e ideológicas, relaciones personales y familiares, etc. Estos datos no solo aniquilan la noción misma de privacidad. Son herramientas poderosas para la manipulación de  personas y la difusión masiva de noticias falsas. En este punto cabe señalar que Harari advierte del peligro en general, pero esgrime como ejemplos nocivos el control y vigilancia que ejercen  Rusia y China sobre sus ciudadanos, mostrándose en cambio extrañamente condescendiente con las empresas tecnológicas occidentales.

Por ejemplo, en relación al papel de Facebook en la difusión de contenidos racistas y falsos contra la minoría rohinyá, durante el genocidio que sufrió este pueblo de religión islámica, entre octubre de 2016 y septiembre de 2017, a manos del  ejército de Myanmar, país de mayoría budista, antes conocido como Birmania. La tragedia se saldó con más de 25.000 muertos, civiles, mujeres y niños. Para el historiador israelí, en este caso las culpables fueron las maquinas programadas para maximizar las entradas en la red social, con este argumento Harari exime de responsabilidad a los dueños, ejecutivos y desarrolladores de la red social. El papel de Facebook en el genocidio rohinyá fue constatado por la ONU y es motivo de reclamaciones judiciales en tribunales de varios países, impulsadas por víctimas sobrevivientes en el exilio.

El transhumanismo y un eventual posthumanismo tampoco están ausentes de las reflexiones de Harari. En el momento actual, señala el autor, la humanidad se encuentra ante la posibilidad en un futuro cercano, de ampliar sus capacidades intelectuales, físicas y psicológicas por medio de la tecnología. En síntesis, una nueva especie inteligente, rumbo a la cual la humanidad evolucionará. Un mañana de Ciborgs que combinen elementos orgánicos y cibernéticos, nos predice el autor de “Sapiens”. Entes con facultades  físicas e intelectuales mejoradas que eventualmente podrán acceder a la vida eterna, llegando mediante el pleno control de su propia evolución biológica y la fusión de la cibernética con la ingeniaría genética al posthumanismo, un estado de existencia que dejaría atrás los límites de la humanidad.

El autor nos avisa que estos adelantos de alta tecnología estarán solo disponibles para quien pueda pagarlos. Simultáneamente, la automatización en las actividades productivas y el trabajo intelectual humano, que será remplazado por la IA, tendrá como consecuencia, prevista por el historiador, een un masivo desempleo. “Surgirá una inmensa masa de hombres y mujeres “inútiles” que buscarán refugio a su miserable existencia en las drogas”, concluye Harari, finiquitando un cuadro de distopía hollywoodense.

También el desarrollo de la inteligencia artificial mereció el análisis y las predicciones apocalípticas del divulgador científico.

El desarrollo de sistemas informáticos, combinaciones algorítmicas y modelos extensos de lenguaje como  Chat GPT1, GPT2, GPT3 y GPT4 de Open AI, Gemini de Google o el DeepSeek de la firma china High-Flyer, diseñados para imitar la inteligencia humana, son un paso en dirección a sistemas informáticos que eventualmente podrían causar la extinción de la humanidad o nos arrebatarían  nuestro lugar y ocuparían el sitial de especie más inteligente del planeta.

Aunque no  lo descarta del todo, Harari se muestra más bien escéptico ante la posibilidad de que surja una suerte de autoconciencia artificial o que la IA desarrolle un nivel superior de conciencia total, que los humanos apenas podemos vislumbrar.

En cambio, propone el error de una IA súper poderosa e interconectada, como posible causa  del fin humano. El autor de “Nexus” propone el siguiente supuesto: Una IA, para obtener el objetivo para la que fue programada, usa todos los medios a su alcance, aunque esto implique arrasar los recursos del planeta y eliminar a los humanos que se interpongan en su camino. Algo similar, aunque en escala mucho mayor, a la situación  presentada por Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke en el filme “2001 Una Odisea en el Espacio” (1968) con la enloquecida computadora HAL 9.000.

Al evaluar los pronósticos de Yuval Noah Harari, se deben tener presente que él es historiador,  no posee formación científica en electrónica, ni es especialista en los campos de la ingeniería informática, tampoco en robótica y mucho menos en el campo especifico de la inteligencia artificial. Sus conocimientos  en estos temas abrevan de textos de divulgación científica pensados para los lectores en general, no para  especialistas o académicos del área tecnológica. Los textos de divulgación, por su fin mismo de difusión masiva, simplifican, resumen o incluso obvian determinados aspectos, a veces extremadamente complejos, de los temas que abordan. Por otro lado sus postulados no tienen en sí mucho de novedosos, planteamientos como los suyos rondan desde hace décadas en la literatura, el cine y también en la especulación académica. Su mayor mérito es quizás proponer los riesgos de las innovaciones tecnológicas desde un ámbito de estudio formal, darlos a conocer masivamente  e impulsar el debate público sobre el tema.

La comunidad de investigadores, desarrolladores y especialistas se encuentra dividida en cuanto a la posibilidad que en algún momento la inteligencia artificial supere a la humana. No son pocos los científicos y especialistas en IA que consideran esta noción como simplemente absurda. Desde esta posición, el catalán Ramón López de Mántaras, ingeniero electrónico y físico, formado en la universidad de California y uno de los pioneros de la IA en Europa, sostiene que los modelos extendidos de lenguaje, como ChatGPT, no razonan, no hablan, son solo software avanzados que dependen del entrenamiento y la carga de datos para su desempeño. En todo caso imitan muy bien la expresión humana al responder una pregunta o redactar un texto, pero no posee conciencia. Es el humano el que, sorprendido por la destreza del dispositivo, le otorga ilusorios atributos humanos.

En cuanto a las advertencias de los CEOS  de las grandes corporaciones tecnológicas norteamericanas sobre el peligro de la IA, que siguieron al lanzamiento de ChatGPT, López Mántaras no duda en calificar esta actitud como “cortina de humo” enmarcada en una estrategia de marketing. En esta estrategia  las grandes empresas tecnológicas, luego de crear el problema, se presentan como las únicas capaces de solucionarlo. Aprovechan así la coyuntura para seguir captando multimillonarios fondos del sector privado y del sector público e incidir, en función de sus intereses económicos, en la elaboración de las regulaciones y normativas sobre la IA.

El impacto de la inteligencia artificial en el ámbito profesional y laboral será considerable, añade, pero puede paliarse con políticas educativas dirigidas a nuevos campos profesionales y con cobertura sociales de reinserción laboral.

La IA es una herramienta, con capacidades extraordinarias ciertamente, pero solo una herramienta.

 

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