-3% nomás, no lo puedo creer- exclama, con media sonrisa, Luis Torres, conductor de Bolt. Yo lo encuentro todo muy caro, mi hermano. Ahora debo trabajar 12 horas al día para aguantar.
-No sé, yo gasto G. 30.000 por día solo ida y vuelta a mi trabajo. Esa plata es casi la tercera parte de mi sueldo diario. No sé cómo miden la inflación-relaciona Patricia Ramírez. Según ella, “cansada de la inseguridad y de pagar motobolt”, debió comprarse un auto para el trabajo, nocturno, en un restaurant de Mcal. López Shpping.
“Debo todavía dos años por el auto”, se queja.
Efectivamente, lo que siente la gente, en la calle, en los supermercados, en los surtidores, es que todo ha subido mucho más que el 3 por ciento, asume el economista Luis Rojas.
El año comenzó en febrero con un precio de referencia de 5.190 guaraníes para la nafta común y 6.250 para el diésel común.
Tras cinco rondas consecutivas de subas, para fines de septiembre la nafta común ya costaba 6.990 guaraníes, con un incremento del 34,7 por ciento.
La nafta intermedia de 93 octanos pasó de 5.690 a 7.490, un 31,6 por ciento más. La nafta súper de 97 octanos subió de 7.040 a 8.990 en Petropar. El golpe más duro lo recibió el diésel, el combustible que mueve principalmente el agronegocio.
Paraguay importa casi todo el combustible. El precio de referencia del gasoil acumula una suba interanual superior al 110 por ciento y se mantiene en torno a los 4,8 dólares por galón, empujado por la guerra que Estados Unidos desató contra Irán.
La tregua no llega. Los supuestos acuerdos firmados no se expresan en los hechos.
El 7 de octubre, el emblema privado Enex rompió el equilibrio y llevó el diésel común a 9.490 y el premium a 11.490 guaraníes, marcando el inicio de la sexta suba del año. De generalizarse ese valor, el diésel común cerrará 2026 con un aumento del 51,8 por ciento.
En ese contexto, el anuncio del Banco Central del Paraguay del 16 de octubre sorprendió. La entidad elevó su proyección de crecimiento del PIB de 4,5 a 5 por ciento y, al mismo tiempo, redujo su pronóstico de inflación de 3,3 a 3 por ciento.
El combustible es quizá el componenenente más incisivo en la inflación. “Todo el transporte, el flete, se basa en los combustibles, entonces su incidencia tiene efecto multiplicador. 30 por ciento de aumento debería incidir mucho más”, asume Rojas.
La explicación oficial fue que la evolución más moderada de los precios de bienes no energéticos, tanto alimenticios como no alimenticios, compensó parcialmente la presión al alza derivada de los combustibles. Dicho de otra forma, el resto de los precios de la economía no subió tanto y amortiguó el impacto del surtidor.
Aunque para una familia que usa auto todos los días el combustible represente el 10 o 15 por ciento de su presupuesto, para el Índice de Precios al Consumidor promedio pesa apenas entre 4 y 5 por ciento. El resto de la canasta, que incluye alimentos, vivienda, salud y educación, define el resultado final.
Amén de no incluirse el promedio real en el costo de vida del uso familiar del combustible, este 3 por ciento también se sostiene con tres decisiones del Gobierno a lo largo del año.
Por un lado, Petropar, la petrolera estatal, mantuvo durante meses un precio de hasta 700 guaraníes por debajo de los privados, absorbiendo pérdidas para funcionar como precio de referencia con la intención de evitar que todo el mercado se dispare.
La segunda razón ha sido el hecho de que se ha mantenido el subsidio al transporte público. Pese a la suba drástica del gasoil, el precio del pasaje que paga el usuario final permaneció congelado. El Estado absorvió las diferencias.
La tercera razón es el biodiésel. El Ministerio de Industria y Comercio elevó la mezcla obligatoria de biodiésel de soja del 2 al 7 por ciento en 2026, con el objetivo de llegar al 8 por ciento en enero de 2027. Como hoy el biodiésel es más barato que el diésel importado, permite amortiguar parte de la suba.
Entonces, el buena parte del aumento en los combustibles, se absorvió con fondos de Petropar y del Tesoro Nacional.
Aun con todas herramientas técnicas, el Rojas estima que podríamos estar “ante un maquillaje de la inflación, así como se ha maquillado el déficit fiscal y la supuesta reducción de la pobreza”
En Paraguay, según el informe del Banco Mundial, solo el 8 por ciento de la población viaja en colectivo. El resto lo hace en moto y en autos. Se sabe que en el caso de las motos los aumentos son mucho más manejables por el bajo uso por kilometraje. Según muchas personas, es incluso más barato que transladarse en colectivos.
Pero qué pasa con el auto que, según el Registro de Automtores, ha llegado a unas 1.800.000 millones de unidades.
El gasto promedio ronda, según proyecciones del sector, en alrededor del 10 a 15 por ciento del presupuesto familiar.
Según varias consultas hechas por este medio, estos números se disparan en muchos hogares.
Si a la compra de combustible se suman los servicios de mantenimiento y reparaciones, el costo final de la vida cotidiana habrá trepadado mucho más allá del 3 por ciento de aumento. Pero estos gastos no son puestas en valor para determinar la inflación, muy concentrada en la canasta de las góndolas de supermercado.