Las compuertas de los vertederos completamente abiertas largan una masa blanca de agua con una fuerza titánica. Retumba a kilómetros de distancia. Varios medios de Paraguay y la Argentina desplazaron móviles para registrar esta marejada y sus impactos.
Aguas arriba, la represa de Itaipú también se vio sobrepasada en su capacidad de regulación. El impacto de soltar ese torrente líquido golpeó de inmediato a los barrancos de Ciudad del Este. El arroyo Acaraymí se desbordó por completo, convirtiendo las calles del histórico barrio San Rafael en canales de agua lodosa por donde los vecinos ahora deben movilizarse en canoas y botes para salvar sus pertenencias.
El intendente Dani Mujica confirmó que ya son más de 650 familias evacuadas en el municipio.
La inundación avanzó raudamente sobre la zona baja, dejando bajo agua más de un centenar de casas en San Rafael y extendiendo el drama a otros sectores vulnerables como Remansito, Che La Reina y San Agustín.
Allí, las canchas de fútbol, las escuelas y los pasillos comunitarios fueron desbordaros por las aguas del Paraná. Familias enteras abandonaron sus hogares de manera urgente. Se asentaron en el polideportivo de la Escuela Municipal de Oficios, convertido en un albergue de emergencia.

La historia se repite de manera casi idéntica kilómetros abajo, en Ayolas. El Paraná superó allí la barrera crítica de los 6 metros, obligando a declarar al municipio en alerta roja. En esta zona, la cota normal del río es de 1,80 metros; hoy, el agua ha ganado terrenos históricos, aislando por completo al emblemático barrio San Josemí y a la comunidad de María Auxiliadora.
Para el sistema eléctrico paraguayo, la escena es paradójica. Yacyretá hoy está generando energía a casi plena capacidad, con 18 de sus 20 máquinas en servicio.
Toda agua que pasa por el vertedero sin ser turbinada es, desde la perspectiva empresarial, energía desperdiciada; un “lucro cesante” para los Estados.
Sin embargo, para las más de 550 familias desplazadas en Ayolas, el concepto de “lucro cesante” adquiere un rostro desgarrador. Las tareas de evacuación se realizan bajo lluvias persistentes, con camiones militares, bomberos y tractores tratando de rescatar animales y mudar muebles antes de que el río suba los 20 centímetros previstos para las próximas horas.
Paraguay produce más del 99 por ciento de su electricidad de origen hidroeléctrico, repartido entre Itaipú, Yacyretá y Acaray. ANDE tiene superávit de generación en este escenario. El riesgo para el complejo es meramente operativo si el caudal supera los 35.000 metros cúbicos por segundo y el arrastre de sedimentos obliga a detener máquinas preventivamente.
Para la base social de las riberas, el riesgo es la supervivencia. Seccionales, polideportivos y tinglados municipales se encuentran saturados. Los oleros perdieron sus canteras de arcilla y los pescadores artesanales ven sus herramientas inutilizadas por la violencia del cauce.

Los ingenieros advierten que el fenómeno de El Niño recién empieza y se intensificará en los próximos meses. Si el pronóstico se cumple, mantener los vertederos abiertos dejará de ser una operación excepcional. Por ahora, el río manda. Las represas regulan, generan a tope lo que pueden y sueltan el resto. Y mientras las luces de las centrales brillan, miles de paraguayos vigilan el agua en la oscuridad, sabiendo que la misma fuerza que enriquece es la que los ha vuelto a dejar en la intemperie.