Al pincharles China la burbuja en IA, se abre una grieta entre Trump y las Big Tech

En el discurso más prolongado de la historia de la Unión, el presidente norteamericano marcó un antes y un después con las grandes empresas tecnológicas de EE. UU. Luego de que China redobló la apuesta en Inteligencia Artificial, algunos ya pronostican una crisis financiera superior a la de 2008. 

 

Si algo parecía sólido en esta segunda administración trumpista de la Casa Blanca era la alianza de los magnates tecnológicos con la presidencia republicana.

Miles de millones de dólares de dinero público fueron generosamente donados a las firmas privadas que desarrollan las herramientas de inteligencia artificial.

En este camino, las medidas para asegurar los recursos naturales, fuentes de energía y materias primas que precisan las tecnológicas para elaborar sus productos y sostener sus servicios en el mercado, parecían sellar el acuerdo.

Las promesas de los magnates, a cambio de estos beneficios, eran maravillosas: supremacía indiscutible de los EE. UU. en el campo de la IA por encima y a mucha distancia de China, superioridad militar incontestable basada en las fabulosas capacidades de la IA y finalmente un aumento de la productividad económica y de la riqueza sin parangón en la historia humana como consecuencia de la irrupción de la IA en el ámbito empresarial, financiero y del trabajo.

A estas alturas, en la Casa Blanca hay quienes creen que los magnates tecnológicos están en deuda.

Elon Musk, el más cercano ideológicamente a Trump, tuvo un fugaz paso por la administración pública de menos de cinco meses como asesor para hacer eficiente al Estado.

Los despidos masivos que realizó tuvieron como consecuencia miles de demandas contra el gobierno que eventualmente deberán pagarse algún día.

Al enfrentarse Musk a congresistas republicanos por cuestiones presupuestarias, Trump aprovechó el impase para prescindir sus servicios bajo la forma de una elegante pero sorpresiva renuncia.

Unas semanas antes, el lanzamiento de DeepSeek R1 dejó en claro que los chinos eran capaces de desarrollar una herramienta de IA igual al más avanzado modelo de EE. UU. y a un costo mucho menor.

Los sueños de tranquila superioridad americana se vinieron abajo.

En cuanto a la seguridad interna y la milicia el gobierno americano tiene una óptima colaboración con Palantir, la empresa de Peter Thiel especializada en la gestión y recolección de información de Big Data usada por las agencias de seguridad, inteligencia y migratorias.

El Caso Claude

El Pentágono se encuentra, por el contrario, en medio de una disputa por el uso de la IA Claude con la firma Anthropic.

En sus políticas de uso, la empresa prohíbe a sus clientes la utilización de Claude en operaciones que ayuden o faciliten la violencia, desarrollo de armas o tareas de vigilancia.

Una publicación del Wall Street Journal reveló la utilización por parte de la inteligencia militar americana, para gestionar y analizar información crítica en la operación que desembocó en el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro, el pasado tres de enero.

Ante la noticia, un portavoz de Anthropic recordó que las políticas de uso obligan a todos sus clientes, incluido el gobierno de los EE. UU. 

Peter Hegseth, secretario de guerra de Trump, contestó de manera contundente.

Indicó que el gobierno baraja varias opciones, entre ellas la cancelación del contrato de USD 200 millones dólares y la obligación de la firma tecnológica a darle libertad total de uso de Claude en virtud de la ley de tiempos de crisis. Esta ley obliga a los privados a aceptar condiciones y tareas fijadas por el gobierno.

Finalmente amenazó con sancionar a la empresa y declararla “un peligro para la cadena de suministros” del país.

Hegseth dio un ultimátum con vencimiento este viernes 27 de febrero al CEO de Anthropic, Dario Amodei, para conceder plena libertad al gobierno para usar “Claude”, incluso para el desarrollo de armas autónomas y vigilancia masiva a la población.

“O que se atenga a las consecuencias”.

En cuanto a las promesas de productividad y riquezas casi infinitas por la aplicación de la IA en los diferentes ámbitos productivos, hasta ahora quedaron ahí en la promesa.

La ingente inversión realizada en la investigación y desarrollo de modelos avanzados de lenguaje de IA hasta ahora no generan beneficios que aseguren el retorno de lo invertido y mucho menos ganancias netas.

A pesar de todo, las grandes empresas tecnológicas siguen creciendo, ocupando territorio con sus centros de datos, centros que a su vez son voraces consumidores de recursos estratégicos: la energía eléctrica y el agua.

Este cuadro de situación genera incertidumbre en los mercados bursátiles donde varios analistas advierten un posible estallido de la burbuja de la IA que podría ser peor al ultimo gran crak financiero global, la crisis del 2008.

El Discurso de Trump

En la noche del 24 de febrero, el Capitol Hill de Washington fue sede del discurso presidencial sobre el estado de la unión mas largo de la historia reciente. En una hora cincuenta minutos, un Donald Trump, castigado por los reveses judiciales, las derrotas electorales y una economía estancada, hizo gala de sus virtudes para la puesta en escena mediática y se erigió en la indiscutible estrella de la noche, a pesar de los gritos llamándole “asesino” de una representante demócrata de fe musulmana.

En ese clima y contexto, Trump recordó los costos energéticos necesarios para el funcionamiento de la IA.

“Muchos estadounidenses están preocupados porque la demanda de energía de los centros de datos de la IA pueda aumentar injustamente sus facturas de electricidad. Esta noche me complace anunciar que he negociado un nuevo compromiso de protección al contribuyente. Les estamos diciendo a las grandes empresas tecnológicas que tienen la obligación de cubrir sus propias necesidades energéticas, pueden construir sus propias plantas generadoras de electricidad como parte de sus fábricas, para que los precios de nadie suban y en muchos casos los precios de la electricidad bajen para la comunidad muy substancialmente”, comentó.

Y tras decir que esa era una estrategia única nunca antes usada en este país, asumió qué tienen una red (eléctrica) antigua que “nunca podrá soportar los requerimientos de la electricidad que necesita la IA”.

Así que les dijo a las empresas de IA que pueden “construir sus propias plantas para generar su propia electricidad y al mismo tiempo reducir los precios para todas las ciudades y pueblos de todo el país”. 

Horas después del discurso de Trump se conoció la noticia de que Amazon, Google , Meta, Microsoft, X, Oracle y Open IA firmarán un acuerdo para llevar adelante la iniciativa presidencial. El acuerdo se firmaría en el próximo mes de marzo.

Rica en sucesos, la presidencia de Trump ahora nos ofrece una interesante lucha en varios frentes entre el poder económico y el poder político con un desenlace de imposible predicción.

 

 

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Más vistos

Opinión