La corporación que maneja Instagram, Whathsaap y Facebook enfrenta en Estados Unidos el juicio del siglo. Un juicio de USD 1,4 billones. Cuatro estados lo acusan de generar, premeditadamente, adicción en los adolescentes. En el centro, Instagram. Su talón de Aquiles no viene de investigaciones externas, sino de un estudio encargado por la propia empresa, filtrado por un ex alto funcionario.
Desde el 18 de agosto se discute en un tribunal federal de Oakland, California, el juicio más importante que ha enfrentado Meta por la seguridad juvenil.
En el centro de la acusación de cuatro estados no se encuentran un video o una foto. Se ubica el diseño de la aplicación y si ese diseño fue creado, a sabiendas, para generar adicción en menores.
Entre 2019 y 2021, el equipo interno de investigación de Instagram llevó adelante una serie de estudios profundos sobre cómo su producto afectaba a los usuarios jóvenes. Esos documentos permanecieron secretos hasta que la ex gerente de producto Frances Haugen los filtró en 2021 y el Wall Street Journal los publicó bajo el nombre de Facebook Files.
Uno de los hallazgos decía textualmente que el 32% de las adolescentes afirmó que cuando se sentía mal con su cuerpo Instagram le hacía sentir peor.
En la misma presentación se añadía que las comparaciones en Instagram pueden cambiar la forma en que las jóvenes se ven y se describen a sí mismas.
En ese mismo cuerpo de investigación aparecían otras frases igual de directas: los adolescentes culpan a Instagram por el aumento de la ansiedad y la depresión.
Entre quienes habían tenido pensamientos suicidas, un 13% de los británicos y un seis por ciento de los estadounidenses lo vinculaban directamente con Instagram.
Según los alegatos de los estados que demandaron en 2023, cuyo juicio comenzó el 18 de agosto, los datos internos mostraban que la plataforma creaba adicción y perjudicaba a los niños, pero los altos ejecutivos rechazaron cambios que, según sus propias investigaciones, mejorarían el bienestar de los adolescentes.
La tabacalera
En Estados Unidos, durante el juicio, a cada rato, en varios medios, salta la comparación con los grandes juicios que se establecieron contra las tabacaleras a fines del siglo 20. Sabían el daño que causaban y prefirieron guardarse los estudios en favor del crecimiento del negocio.
El campo más amplio.
Que hoy estemos scroleando permanentemente, niños, jóvenes y adultos, ya es una absoluta normalidad.
La acusación sostiene que funciones como el scroll infinito y el autoplay, las notificaciones intermitentes diseñadas como recompensas variables similares a las máquinas tragamonedas y los filtros de belleza irrealistas no son accidentes de diseño, sino decisiones tomadas para maximizar el tiempo en pantalla a costa de la salud mental de los menores.
Los documentos desclasificados para la demanda colectiva de más de mil cuatrocientos distritos escolares y revisados por The New York Times añadieron detalles concretos: Meta pagaba a embajadores adolescentes para que mantuvieran enganchados a otros, programaba notificaciones en horario escolar y, como confirmaron documentos presentados en un tribunal de Los Ángeles, sabía que preadolescentes usaban sus aplicaciones, tenía como objetivo maximizar el tiempo de desplazamiento y desestimó el consejo de expertos sobre cómo hacer sus plataformas más seguras.
En una de las declaraciones iniciales, los abogados de las familias fueron aún más directos. Dijeron que las pruebas internas demuestran que estas empresas crearon máquinas diseñadas para crear adicción en el cerebro de los niños, y lo hicieron a propósito. El Tech Oversight Project, que revisó los archivos, los calificó como prueba irrefutable de que Meta diseñó intencionalmente sus productos para volver adictos a niños y adolescentes sin tener en cuenta los daños conocidos, y que esa adicción juvenil masiva era central para su modelo de negocio.
La literatura científica externa ayuda a entender por qué esos diseños funcionan. El sistema de notificaciones intermitentes opera bajo el principio de recompensa variable, el mismo que hace adictivas a las máquinas tragamonedas. El usuario no sabe cuándo llegará un like o un comentario, por lo que vuelve a revisar compulsivamente. El scroll infinito y el autoplay eliminan las señales naturales de parada, lo que en estudios de usabilidad se asocia con un aumento de casi la mitad del tiempo de sesión. Y los filtros de belleza generan comparación social constante, un factor que la propia investigación interna de Meta reconoció al admitir que empeoraba los problemas de imagen en una de cada tres adolescentes. No por casualidad, la investigación exhaustiva citada por la Comisión Europea en su propia indagación contra Meta incluyó el análisis de los informes de evaluación de riesgos de la empresa, sus datos y documentos internos y una revisión de la extensa investigación científica sobre adicción conductual.
Frente a esto, la defensa de Meta en Oakland ha argumentado que la adicción a las redes sociales es un concepto médicamente debatible, que la crisis de salud mental adolescente es multifactorial y que la empresa ha implementado más de treinta herramientas de control parental, límites de tiempo y avisos de descanso. Tennessee, en su propio juicio paralelo, acusa a la compañía de violar la ley de protección al consumidor al diseñar a sabiendas un producto que impulsa a los adolescentes al uso compulsivo y engañar al público sobre su seguridad.
En el centro de juicio, adicción programada.
El jurado, compuesto por ocho personas con rol consultivo, y la jueza Yvonne Gonzalez Rogers deberán decidir si esas herramientas fueron un esfuerzo genuino o una respuesta tardía después de que los propios estudios de Meta ya habían demostrado de forma manifiesta que el diseño era adictivo.
Si la acusación logra probar que la empresa conocía el daño y lo ocultó, no solo se abre la puerta a una indemnización que los estados cifran en hasta 1,4 billones de dólares, sino a una orden judicial que obligue a cambiar el funcionamiento mismo de Instagram y Facebook para menores.