El crédito por consumo disparó a más de 40% en un año, en el sistema financiero formal, hasta llegar a USD 6.000 millones. El endeudamiento ha llegado a proporciones inéditas, advierte el economista Luis Rojas En mundo paralelo, el considerado usura, se llena de cobradores diarios y semanales de préstamos informales. ¿Qué nos pasa? ¿Cómo aliviar esta enorme angustia en los hogares?
—Dieron con la persona correcta, ja —responde N.R. Acaba de sacar una parrilla a cuotas, luego de que “todos los días me hincharon con ofertas”.
A sus 42 años, cuenta que hace más de 20 que va de un préstamo a otro. El último, de urgencia, por la operación de su madre.
“No sé cómo manejo esto. Trato de no pensar tanto. Es como que ya es común en mí vivir de préstamos”, resuelve.
Las historias en torno de las deudas permanentes, para todo, como la de N. R., se repiten en todos los hogares de Paraguay. Ya no se trata solo de deudas por el terreno, la casa, el auto o la moto. Muchas de ellas son “para seguir subsistiendo”, como se repite a cada rato durante la entrevista Félix García.
El último reporte de la Superintendencia de Bancos (SIB) arroja números que alarman a cualquier analista de la economía diaria. El saldo de créditos de consumo alcanzó G. 34,68 billones al primer trimestre. Un aumento del 40% respecto del mismo período de 2025.
Esta disparada de las deudas de consumo ubicó a este rubro en el 20% del total de la deuda general en el sistema financiero formal.
Hoy el sistema bancario mueve 37,4 billones de guaraníes solo entre préstamos de consumo y tarjetas de crédito. Crece al doble de velocidad que el crédito total.
“La gente se endeuda por consumo”, titulaba ABC Color en una nota del 26 de mayo de este año, tomando el informe del Banco Central del Paraguay sobre los créditos otorgados por bancos a particulares y empresas: USD 30.000 millones.
El 20 por ciento de este monto asciende a USD 6.000 millones. ¿Es posible? Parece que sí. Pero eso es solo en el sector formal.
En marzo de 2026, el Banco Central del Paraguay ya había registrado que el crédito a los hogares creció 24,7% interanual. Es el ritmo más alto en años. El BCP lo celebró como una señal de inclusión financiera y de confianza en la economía. Pero cuando se mira el detalle, la historia cambia. El 78,6% de esa deuda era para consumo. No para comprar una casa ni para invertir.
Según los propios datos del BCP, las tarjetas con líneas de crédito inferiores a tres millones de guaraníes —es decir, de gente que gana por debajo del salario mínimo— son las que más rápido se endeudan. Su cartera creció 47,7% en un año. En noviembre de 2025 había crecido 53%. Ningún otro segmento crece a ese ritmo.
La morosidad en ese grupo llega al 7,2%, más del doble que en las tarjetas de más de 10 millones, con 3,2% de mora. El promedio de morosidad de tarjetas ya está en 4,8%, por encima del 2,46% del sistema bancario en general.
Los números de las personas endeudadas en el sistema financiero formal no se han actualizado, o no hemos podido encontrarlos entre los reportes últimos del Banco Central del Paraguay. Al 2024, ya llegaban a 2,3 millones de personas. Es posible que, desde entonces, hayan superado los 2,5 millones, con una población económicamente activa de 3,2 millones.
Trabajar para el pago de los intereses
N.E. mira, observa, se rasca la cabeza. “No hay otra forma. Todos los días hay necesidades urgentes, todos los días”, responde, con dejo muy cansado y algo avergonzada.
“Prácticamente trabajamos para pagar los intereses”, resume, resignada a una especie de fatalidad.
N.E. explota una hamburguesería de barrio en Reducto, San Lorenzo. Vende mucho, todos los días, pero casi “no me queda nada”. Desde que no pudo más pagar un crédito en su cooperativa, dejó de ser sujeto de préstamos formales. Es que uno de sus tres hijos se había accidentado en moto. No pudo más trabajar por un mes y debió tomar otros créditos, más a mano, sin documentos, sin firmas, sin comité de evaluación. De lo los que llamamos usura.
No hay registro oficial del volumen de esta economía ilegal, donde los intereses vuelan más allá -mucho más- de la formal. El analista laboral Enrique López Arce, luego de una encuesta con 500 trabajadores, según han publicado varios medios del país, se encontró con dos datos quejumbrosos: 9 de cada diez trabajadores están endeudados. Tres de cada 10 lo han contraído con prestamistas.
Estos comandan el escenario de la economía informal. En territorio, en plazas, mercados, en las calles barriales con despensas, bodegas, asaditeros, pulula un ejército de cobradores de préstamos, con sus tarjetas en mano.
Acá, el interés puede llegar hasta el 40 por ciento directo, con variaciones por pagos semanales, quincenales o mensuales. Reina en el mundo de la economía informal que, según estudios más independientes, asciende hasta a un 60 por ciento de la población.
—”Chéko ama’apo tembi’u rehe ha apaga haguã intere nde voi”— arriesga Jonatan García, un vendedor de medias, gorras y cobertores de celulares. “Eré eréa, che ermanito”: yo trabajo para la comida y para pagar los intereses.
En el rubro de la venta ambulante el único rey financiero es el usurero. Es quesi no trabajás dos o tres días por enfermedad o por otras cosas, repyta kapital ýre (te quedás sin capital).
Las deudas atraviesan todas las clases sociales. Y las de consumo son el indicador más alarmante.
Deuda inédita
“No estoy para dar cátedras. Estoy en la misma situación, con alto endeudamiento, con mucha dificultad”, arranca la entrevista el economista Luis Rojas, ex presidente de la Sociedad de Economía Política del Paraguay (SEPPy)
Luego de evocar su situación de manera también quejumbrosa, nos cuenta que esta situación de alto endeudamiento está pasando en clase media, clase media alta, clase media baja y clase más empobrecida. “El fenómeno del endeudamiento está alcanzando proporciones inéditas. La gente recurre al financiamiento de todo: de alimentos, escuela, medicamentos, materiales quirúrgicos, electrodomésticos, celulares, conciertos, partidos de fútbol, casas, autos, motos. Para todo”, describe.
Entre la necesidad y la estimulación
Las propuestas de créditos pululan por todos lados. En los supermercados, en las cooperativas, en las casas de electrodomésticos… A los trabajadores con salario estable e IPS y de entidades públicas les llegan directo al celular las “fabulosas propuestas”.
“Hay gente que gana mucho dinero: son los bancos, financieras, muchas cooperativas y prestamistas irregulares o no registrados. Ambos fenómenos crecen en un mercado laboral deprimido, de bajos ingresos, que lleva a la gente a la deuda por todo y ahora, en última instancia, para consumo. Para llegar a fin de mes”, agrega Rojas.
Cómo llegamos a esto
Rojas apunta a tres grandes razones. Por un lado, entiende que el mercado laboral no genera empleo de calidad, de buenos ingresos, sobre todo en el sector privado. Un segundo elemento son las altas tasas de interés que deprimen aún más los ingresos y la “ausencia del Estado en sectores esenciales”.
El alto costo de la vida moderna “se pauperiza por una salud pública de muy mala calidad, con transportes públicos de muy mala calidad que obligan a la gente a endeudarse con autos, motos y luego soportar el precio del combustible y del mantenimiento en talleres…”.
En el caso de la clase media y media alta se puede registrar un gasto muy alto en educación de los hijos y en salud privada, en deportes, el inglés, el gimnasio, la computación.
Cómo evitar tanto endeudamiento
Por un lado, Rojas sostiene que hay que trabajar la conciencia, evitar en lo posible la cultura consumista, de gastar más allá de lo necesario. Eso en la cuestión más subjetiva, pero la realidad material es que el dinero, en muchos estratos, “no alcanza”.
Entonces, según Rojas, hacen falta cambios para mejorar el mercado laboral. Para lograr un mercado que pueda levantar el ingreso de la gente. Y cambios en servicios públicos de calidad para alivianar la presión del gasto diario de la gente.