A sus 34 años, Miguel Gulías García, nacido en Bilbao, ha vivido la experiencia profesional más fenomenal de su vida fiscalizando, durante cuatro años, el Puente de la Bioceánica. “Soy otro profesional y otro ser humano”, nos cuenta, ya con la mochila al hombro.
La estructura principal del puente Carmelo – Puerto Murtinho ya está. Faltan las terminaciones y las obras complementarias: drenaje, iluminación, sistema eléctrico. Parecen cuestiones mínimas luego de semejante despliegue de ingeniería, pero, ya se sabe, en las construcciones las terminaciones no son un tema menor.
Y la obra de acceso desde Puerto Murtinho al puente, de unos 20 kilómetros, en un terreno bastante pantanoso.
Pero las obras que a Gulías le tocó fiscalizar ya están. Y contento está, aunque se le siente un dejo melancólico. Es que fueron cuatro años y acá, en Paraguay, ya se ha hecho de amigos. “No es fácil. No quiero más despedidas”, suelta, en el momento de la entrevista, a su grupo de fútbol semanal.
De ver la nada a cerrar informes técnicos sobre el puente terminado en la inmensa llanura de Fuerte Olimpo, sobre un manso y grande río Paraguay, a su corta edad profesional, “una experiencia única, maravillosa”.
Fue así que, desde la oficina de Santander, entre planos, diseños y tareas propias, se embarcó a un país del que poco conocía, a su primera experiencia de campo.
No cualquier experiencia: la construcción de un puente atirantado, de 350 metros de luz, la distancia entre las torres de atirantamiento del puente. Cuando lo recuerda, casi no lo cree.
Qué sabía antes de Paraguay
Sabía de la moneda, la capital y su ubicación geográfica, y algún jugador del Mundial 2010.
Claro que, al tomar la decisión, y antes de viajar, se puso al día con otras cuestiones básicas de la paraguayidad.
Así que, con esos conocimientos mínimos, se embarcó para tener su primera experiencia de campo, algo que en España no había tenido y probablemente ya no tenga, primero porque las grandes obras de infraestructura en dicho país se hicieron en los ochenta y, segundo, porque no existen ríos tan anchos y tan caudalosos como el río Paraguay. Ni como el río Paraná.
Su empresa, sin embargo, tiene proyectos en Perú, España y un gran puente en Oporto, Portugal, sobre el río Duero.
Tal vez, a su llegada a España, con su experiencia en Paraguay, se lo mire ya con una nueva mochila.
Él nació en Bilbao, pero de padre gallego y madre burgalesa. Nacido en el País Vasco, donde se habla también el euskera, uno de los idiomas más enigmáticos del mundo, le gusta la idea de una sola España. Aunque prefiere que su club, el Athletic de Bilbao, mantenga su equipo con nacidos de las ciudades y los pueblos vascos o sus descendientes.
“Ya es su chapa, su cartel, su presentación en el mundo. Ya hemos llegado a una final europea. ¿Qué más queremos?”, asume.
A su criterio, su buena adaptación al mundo paraguayo se debió principalmente a la calidad de los trabajadores de nuestro país y a esa cosa “que ya no se encuentra en mi país, eso de compartir un asado en la calle, un partido de fútbol luego de las jornadas laborales”.
Al principio, claro, “me costó un poco todo. Luego ya viví un gran desarrollo personal y profesional”.

En España, Miguel estudió en la Universidad de Cantabria, en Santander, Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos.
Solo en el terreno entendió la gran importancia del Puente de la Bioceánica, de 1.294 metros de longitud y con un tramo central atirantado de 350 metros de luz entre pilones. Es que no solo une Carmelo Peralta (Alto Paraguay) con Puerto Murtinho (Mato Grosso do Sul, Brasil) sobre el río Paraguay. Financiado por Itaipú Binacional y con más del 80% de avance a mediados de 2025, es considerado el eslabón principal del Corredor Vial Bioceánico.
El corredor es un eje logístico de más de 2.200 kilómetros que conectará los puertos de Santos, en el Atlántico brasileño, con los de Antofagasta e Iquique, en el Pacífico chileno, atravesando Brasil, Paraguay, Argentina y Chile. Su importancia es estratégica: acortará en unos 8.000 kilómetros y hasta 14 días la salida de la producción del centro-oeste brasileño y del Chaco paraguayo hacia Asia, reducirá costos de flete, potenciará el comercio internacional y consolidará la integración física y económica de la región. Así, es por lo menos, la idea y las perspectivas.
Miguel se va este martes. En setiembre y octubre vendrá para darle seguimiento a lo que se está ejecutando y las reuniones que surjan. Entonces, se va, pero con la seguridad de que va a volver. O volverá, como se diría en un castellano español.
Les dejamos con estas dos certezas de Miguel: “el trabajo conjunto con el equipo de paraguayos y brasileños ha sido una experiencia muy enriquecedora. Sin la forma de ser del paraguayo la experiencia no habría sido igual”.
Posdata: En la foto de portada se lo ve, él de fondo, con su compañero Rubén.