El gobierno paraguayo mantiene un silencio grave, observando como si no afectara al comercio local, la posible cosesión del dragado del Río Paraná y el posterior peaje por 25 años, un negocio estimado en USD 15.000 millones. Está en estado licitarorio en la Argentina.
La vía fluvial de la Hidrovía, constituida por los ríos Paraguay, Paraná y el Río de la Plata, es absolutamente vital para el comercio exterior de nuestro país. Es nuestra principal ruta exportadora por la que sale el 80 % de nuestra producción de soja y otros productos del agro. También es la vía de entrada al país de los productos importados que necesita la economía nacional. El 90 % de los productos manufacturados, combustibles y otros derivados del petróleo, materias primas o insumos industriales y agrícolas ingresan por esta indispensable vía comercial, verdadero cordón umbilical gracias al cual, aunque no sea más que parcialmente, el Paraguay supera su condición de país mediterráneo, relativamente aislado, integrando gracias a la Hidrovía, junto con Argentina y el suroeste del Brasil, una de las rutas comerciales más vigorosas del mundo, nacida a partir del florecimiento del negocio agroexportador, de la soja y otros granos.
Esta importancia estratégica hace que sea más llamativo el silencio de las autoridades nacionales, diplomáticas y económicas sobre el crucial proceso licitatorio ahora en curso en la República Argentina, que concesionará por 25 años el dragado y balizamiento de la vía de navegación troncal de la Hidrovía. Como contraprestación, la empresa adjudicada cobrará un peaje a las embarcaciones que naveguen por la vía fluvial. Se estima que la empresa ganadora de la licitación obtenga una ganancia de aproximadamente 15.000 millones de dólares en esos 25 años.
Este trayecto de 1.477 km nace en la confluencia de los ríos Paraná y Paraguay, hasta el llamado Paraná de las Palmas, en la provincia de Buenos Aires.
El objetivo de la concesión es garantizar la navegación diurna y nocturna los 365 días del año, de los convoyes formados por barcazas y un remolcador, asegurando el transporte de productos en la región en grandes volúmenes de carga, a través de grandes distancias y con el menor costo posible. Por la extraordinaria magnitud y complejidad de las obras requeridas, son muy pocas las empresas con la experiencia, capacidad técnica y solvencia financiera para realizarlas.
Al día de hoy dos oferentes están en carrera: el consorcio formado por la firma belga Jan de Nul y la argentina Servimagnus, que compite con la también belga DEME, consorciada a su vez con las empresas estadounidenses Great Lakes, Clear Street y KKR.
La cuestión geopolítica
La relevancia geopolítica y estratégica de la Hidrovía, como era de esperar, no pasa desapercibida en estos tiempos de competencia entre las superpotencias por asegurar su hegemonía en las rutas comerciales y cadenas de suministro. En estos días la prensa porteña se hizo eco de pertinaces rumores de presiones estadounidenses al gobierno argentino en apoyo de la oferta con participación de inversores norteamericanos, acusando de paso a la firma Jan de Nul de ser un agente encubierto de la “maligna” influencia china en la región, mencionando incluso supuestas reuniones de ejecutivos de la firma belga con diplomáticos chinos en Buenos Aires.
El consorcio Jan de Nul/Servimagnus negó tales acusaciones mediante un comunicado, abogando por una competencia limpia en la licitación.
La situación no deja de ser incómoda para el gobierno argentino: su concesión más importante está en disputa por los intereses económicos de sus aliados estadounidenses, que en el fragor del debate no dudan en esgrimir el fantasma chino, país con el que Milei no simpatiza ideológicamente, pero al que reconoce, según sus propias palabras, como el mayor socio comercial de la Argentina.
Respetando la soberanía de la nación vecina, el Paraguay debe asumir una política diplomática activa en defensa de sus derechos e intereses y abandonar el rol de negligente observador que muestra hasta ahora. Nuestro país puede analizar la posibilidad de reivindicar el carácter internacional de la Hidrovía, que en realidad comprende 3.442 kilómetros, desde el Mato Grosso hasta la desembocadura del Río de la Plata, y no se limita al tramo argentino.
El Tratado de la Cuenca del Plata de 1969, firmado por Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay, establece el principio de multilateralidad y libre navegación en la cuenca del Plata; este tratado es el marco jurídico principal en toda la cuenca. De esta forma tendríamos alguna incidencia en el proceso que concluirá en el costo del peaje que deberán pagar los transportes fluviales desde y hacia el Paraguay. Persistir en una política exterior tímida y apocada conspira contra los intereses comerciales nacionales