En este Mundial, ya en fase decisiva, “serviría para ver el resultado y sacar conclusiones”, interpreta el maestro de árbitros. También se declara completamente contrario a las posiciones adelantadas milimétricas. “Nadie saca ventaja sobre el otro jugador con el pelo o media cabeza o medio hombro o un puntín”.
El árbitro principal está ahora inmerso como un engranaje cibernético, enchufado a una matriz tecnológica. A diferencia de otros oficios, la incorporación de herramientas tecnológicas, lejos de disminuir la cantidad de árbitros, la ha aumentado. Hoy son nueve personas pendientes de un mismo partido de fútbol en el Mundial. Y, a criterio del excapitán de la selección del 86, Rogelio Delgado, siguen las mismas dudas, e incluso son más.
Aun con todas las herramientas de precisión tecnológicas, al final, buena parte de las decisiones dependen del criterio del árbitro. Y eso es así y seguirá siendo así, porque “una máquina es lineal, no tiene criterio”, resuelve González.
El maestro de árbitros Epifanio González sostiene que no todos los profesionales tienen la velocidad para captar con precisión, e interpretar rápidamente, con criterio y filosofía, las reglas. De ahí que las herramientas tecnológicas ayudan, pero hay un desfase entre la imagen primera, tanto del árbitro como del público o del jugador, y las decisiones finales. A él le gustaría que sea el árbitro quien solicite la ayuda y que, en materia de posición adelantada, se la tome por tal por lo menos con medio cuerpo. “No un pelo, no una mano, no un puntín. Nadie saca ventaja sobre el otro jugador con el pelo o media cabeza o medio hombro”.
Entiende que, así como en casi todos los aspectos de la vida, las herramientas tecnológicas se irán introduciendo en el fútbol, pero hay que ir probando porque el desfase es muy grande. La sensación de que una imagen, de una fotografía precisa, en un momento del partido, del árbitro, se queda congelada, se la repite y repite, en la práctica puede ahondar la sensación de injusticia en el público y en los equipos.
En este Mundial, al clásico VAR se le ha incorporado una pelota sensitiva, una pelota con software, también una pulsera electrónica en la muñeca del árbitro.
Al árbitro así “yo lo siento incómodo”. Además, ya debió formarse en todas las reglas y en los criterios de interpretación. “No es fácil, no es fácil”.
“Y no todos tienen la velocidad necesaria y la comprensión amplia y precisa”, argumenta.
El grito apagado del gol: del frenesí a la frustración
Solo en primera ronda de este Mundial se anularon más goles que en todo el campeonato de Catar. Las voces de júbilo del público y los jugadores se congelan repentinamente cuando el árbitro recibe alguna comunicación y decide mirar la pantalla del VAR. Luego, la frustración del frenesí, por un lado, y la frustración convertida en frenesí y renovada esperanza, por otro.
Y allí, los reclamos: ¿por qué llamaron por esta jugada y no por tal? ¿Por qué, por qué?
Los porqués inundan las conversaciones. Un manto de desconfianza lo cubre todo.
Finalmente, las decisiones, todas, son humanas: la interpretación y los criterios de interpretación. Y entre esas decisiones humanas, pues, también se cuelgan en los comentarios del mundo las que se habrían tomado fuera de los nueve árbitros, fuera del VAR, fuera de la pelota sensitiva y la pulsera vigía del árbitro.
Y ahí, Epifanio se para, piensa y sueña: “Me gustaría ver un partido sin VAR y otro con VAR. Me gustaría”.
A criterio de Epifanio, hay que poner paños fríos, repensar qué herramientas sirven y qué no.
Pero con lo que categóricamente no está de acuerdo es en lo milimétrico de la posición adelantada.
“Yo no estoy de acuerdo con que sea por milímetros. ¿Qué ventaja sacás con una punta de tu barriga, de tu hombro, de tu pelo? No sacás ninguna ventaja. Se debería corregir: más del 50 por ciento del cuerpo debería estar en posición adelantada para considerarse una ventaja”.
Y en este escenario en que los árbitros aparecen como parte automatizada del engranaje, aumenta la incomodidad de los réferis porque permanentemente te corrigen, por cosas que vos viste de una manera y no de otra.
Entonces, a él también le gustaría que sea decisión del árbitro ir al VAR, por alguna duda en su interpretación.
De la tecnología al fútbol “puro”.
González exlama así un gran sueño:
“Estoy soñando que un partido tenga VAR y que el otro no tenga, para ver cuál queda mejor para el fanático del fútbol y para el público en general”.
Pero entiende que esta modernización avanzará inexorablemente.
“Tenemos que convenir: no todos los árbitros tienen la velocidad ideal para captar el momento de la falta, razón por la cual viene apareciendo la tecnología para tratar de ayudar o corregir”.
El difícil oficio
Hace poco nuestro país se desayunó con la imagen de un grupo de jóvenes de la liga sanlorenzana golpeando a diestra y siniestra a un árbitro. Ya hay equipos de la liga luqueña que descendieron por terminar los partidos a los golpes contra el árbitro o entre jugadores, nos recuerda Pitu Florentín, jugador de dicha liga. En casi todas las ligas y ni hablar de lso partidos qué no están organizados por las ligas oficiales, confirma González.
En este mundo de permanentes objeciones al arbitraje, “cada vez cuesta más sacar buenos árbitros, resuelve.
Como maestro está a cargo de varias promociones en la Unión de Fútbol del Interior (UFI)
Señala que cuesta mucho la comprensión general de las reglas, su utilización práctica, precisa. “Es difícil sacar árbitros con notas de 8 para arriba, que es lo que quiere y requiere el fútbol. Detrás de las reglas están la filosofía, el criterio y el espíritu. Tenés que tragarte el libro de reglas, entender e interpretar, y llevarlo permanentemente a la práctica”.
—¿Cómo te gustaría hoy?
—Particularmente, hay que adecuar el VAR. Muchas reglas hay que ir adecuando. Me gustaría que sea el árbitro el que pida la ayuda.
Que sea él quien diga: “Quiero ver esta imagen, esta parte”. Que él mismo anule o acepte lo que en principio vio.
Foto de portada: Epifanio con una de sus hijas. Gentileza.
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