“Claro que queremos una nueva ruta y un desagüe pluvial”, suelta el presidente de la comisión vecinal en Tres Bocas. Reclama, sin embargo, que se les consulte a los vecinos sobre los proyectos, que se les explique de qué va la mano, cuánto tiempo, y que también se contemplen los resarcimientos económicos por daños y retrasos. “Estamos cuidando todos los detalles”, nos comentan los encargados.
En 30 años, luego de ser un enorme zanjón en el tramo denominado Tres Bocas, la avenida Avelino Martínez se ha convertido en una espina dorsal de San Lorenzo hacia el Acceso Sur. Tras la capa asfáltica, rápidamente se cargó de tráfico, autos y motos. En los últimos tiempos también de camiones grandes y colectivos de larga distancia.
No aguantó tanto tráfico y tanto peso. Los baches y boquetes se sucedieron en todo su corredor. Verdaderos cráteres. Y cuando llegaba la lluvia intensa, los raudales generaban lagunas enteras por varias horas. Sin desagüe pluvial, desbordaba todo. Ese es el estado en que el gobierno paraguayo avanzó en la licitación de las obras de reparación.
Las obras arrancaron el 6 de mayo, a unas cuadras de Tres Bocas, allí donde los vecinos y comerciantes del lugar ya habían vivido dos años de aislamiento y temor por el viaducto. Sí, ahí, en la actualidad, aquel tráfico desesperante, fluye como por un tubo, literalmente. Un túnel. Ese es el punto también de unión entre San Lorenzo, Fernando de la Mora y Villa Elisa.

La gente no está, “para nada”, contra las obras de reparación, suelta rápidamente Ángel Amarilla, que, en su vivienda y su local de celulares, ya había vivido dos años la construcción del viaducto, con el Jesús en la boca, invocando que las paredes no se fisuren o que alguna viga de su vivienda no se venga abajo.
Es el mismo miedo que él siente y que los vecinos a la vera de la avenida sienten. Pero lo que más cuestiona Don Ángel, así lo llaman sus vecinos, es por qué no hablan con ellos antes de que comiencen las obras. Por qué no se dialoga. Por qué se impone todo, y luego, sobre hecho consumado, deben enfrentar en la incertidumbre el ruido, las excavaciones y el temor por los posibles daños materiales.
-Por qué-se repite y se repite.
En el recorrido nos encontramos con obreros, conversamos con ellos, y también con integrantes del equipo social y medioambiental. Sí, las constructoras deben contratar equipo que cuiden seguridad de trabajadores, el contacto con los vecinos y gente que entienda como cuidar los cauces.
Encontramos a los trabajadores ubicando armazones de cemento que harán de ductos del desagüe pluvial.
-Roma’ápo hina. Anike peñevai orerehe (estamos trabajando, no hablen mal de nosotros)- exclama, con una media sonrisa, un jefe de cuadrilla.
La gente no olvide el Metrobús

“El miedo de la gente, principalmente, es que ocurra lo que pasó con el Metrobús (un proyecto que paralizó más dos años las avenidas Eusebio Ayala y Mcal. Estigarribia, pero que luego fue completamente desmantelado). La gente no olvida”, nos comenta una de las trabajadoras encargadas del diálogo con los vecinos.
-Sí, así es-reflexiona Don Ángel, pero acá, por lo menos alrededor, lo que ya vivimos es lo que pasó con el viaducto. No se hacen cargo de ningún daño.
Por lo menos, en el actual contrato, las roturas de vereda y las fisuras de paredes están previstas, pero no si algo pasa a los techos.
Ángel recuerda todo el “calvario” con el viaducto. Aquella vez le pidieron primero patente comercial, estar al día con los impuestos, luego, y finalmente, título de propiedad. “Solo 9 de los vecinos tenían título”, reflexiona, ya en su coche, mientras hacemos los tramos laterales para salir otra vez a Avelino para verificar el estado de la calle hacia el centro de San Lorenzo.
Esta avenida tiene seis kilómetros. En el recorrido, vamos sorteando los baches, y comiéndonos algunos, en su Toyota 2001.
“Entendemos muy bien a los vecinos. Estamos cuidando todos los detalles, tanto de seguridad de los trabajadores como las cuestiones socioambientales”, nos comenta entonces una de las encargadas, que nos pidió que, para vocería, nos comuniquemos con la encargada de comunicación de la empresa Vial GS.
Esta empresa, cuyo representante es Francisco Griñó, debe hacer medio tramo de la avenida, desde Tres Bocas hasta 3,5 kilómetros.
La otra empresa adjudicada es Consorcio Constructora S.A y Asociados, de José Díaz Benza.
Detrás, la desconfianza por la sobrefacturación. Según el periódico ABC Color, de unos G. 90.000 millones
No es una simple reparación asfáltica. Incorpora el desagüe pluvial, uno de los tantos déficits de nuestras infraestructuras. Pero dos años son muchísimos para las familias que viven de vender empanadas, sándwich, celulares, ropas y empresas de electrodomésticos.
Ya la tienda de celular de don Ángel tiene poco movimiento. Entonces, se ha convertido en reciclador de placas de celulares. “Pero hay gente que depende completamente de sus negocios, no sé qué estarán haciendo”, reflexiona, mientras maneja su Toyota buscando calles alternativas y esquivando baches.
El proyecto va para dos años. Cuatro o cinco meses durarán por tramo. Esos tramos recorren cuatro a cinco cuadras.
“Si desaparecen los raudales ya estaremos muy contentos”, nos comenta doña Fidelina, que tiene un comedor justo donde están realizando las obras actualmente. Ese día, varios trabajadores almuerzan un vori vori con puchero. Cremoso, lleno de zapallos y zanahoria.
Ocasionalmente, a ella le ha venido bien la reparación. Por lo menos por cinco meses.
“Ha upéi jahechata, che memby (Después veremos, mi hijo)”, resuelve en tanto distribuye las últimas bolitas de vori.
Fotos: Ana Brisa Caballero