La pesadilla del barril de petróleo a 200 dólares

Completamente dependiente de la importación de combustibles, Paraguay será uno de los países más afectados si las cosas empeoran en el Medio Oriente. De unos USD 2.300 millones al año de egreso por combustibles, puede dispararse a más de 4.000 millones. Tendríamos una inflación de dos dígitos y el encarecimiento de toda la cadena productiva.

 

La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán cumplió un mes. En ese tiempo, el conflicto se expandió y se agravó. La improvisación táctica y estratégica del gobierno americano, demostrada en una increíble subestimación de la capacidad de resistencia y respuesta militar de la República Islámica, colocó rápidamente a la administración Trump en una precaria posición política, económica y militar.

En la guerra, Estados Unidos lidia con un torrente de anuncios: supuestas negociaciones, movilización de tropas, ultimatums revocados, comunicados al público, en el rimbombante estilo de puesta en escena, inmune a sus contradicciones, propio del presidente Donald Trump.

Al redactar estas líneas, no existen demasiadas razones pare ser optimistas y esperar un rápido regreso de la paz. Por el contrario, el despliegue de infantes de marina estadounidenses, buques de desembarco anfibio y una unidad aerotransportada (paracaidistas) hacen pensar que los iranies están en o cierto cuando acusan al presidente norteamericano de mentir y ganar tiempo, para ejecutar una operación con tropas en suelo de Irán, apuntando a las islas del estrecho de Ormuz (Qeshm, Larak, Hormuz o Abu Muza), o en aguas más al norte en el golfo: en el crucial centro logístico petrolero de Irán, en la isla de Kharg.

Convertir estos enclaves, capitales del comercio global del petróleo, en teatros de operaciones bélicas ocasionará una rápida alza en los precios del crudo, con drásticas consecuencias para la economía mundial.

De lo visto hasta aquí, y teniendo en consideración antecedentes de la historia del Irán contemporáneo, como por ejemplo la guerra contra Irak, 1980-1988, no cabe esperar otra cosa del país de los ayatolás que una encarnizada resistencia y el uso de todos sus medios militares en la defensa de su territorio, aún a riesgo de dañar su infraestructura petrolera.

Por otra parte, al estrangulamiento del comercio marítimo mundial que ocasiona el control por el país de los persas del estrecho de Ormuz, se sumó otro peligro latente para el comercio global en la costa oeste de la península arábiga: Los insurgentes chiitas del Yemen, los hutíes aliados de Irán, entraron a la guerra, con un ataque con misiles de mediano alcance contra Israel. Estos amigos de Teherán controlan la costa yemení del mar Rojo y la posibilidad del bloqueo del estrecho de Bab al Mandab, que comunica el mar Rojo con el golfo de Aden en mar abierto, emerge ahora como espectro que aterroriza al comercio global.

Uno de los principales agentes del mundo de la economía y las finanzas, el magnate judío-estadounidense Larry Fink, director de la mayor empresa de gestión de capitales del mundo, Black Rock, en recientes declaraciones a la BBC dijo que con que el barril de petróleo alcance los 150 dólares por barril será suficiente para desencadenar una recesión económica mundial severa y pronunciada.

“Si la guerra se alarga en el tiempo y se producen daños en la infraestructura energética y a las rutas comerciales del golfo pérsico, es posible que los precios del petróleo se mantengan altos durante años, causando una recesión económica por largo tiempo”, señalo el financista más grande del globo.

El mercado energético es global. Una diminución importante de la oferta internacional del crudo presiona a los precios al alza y afectan a todos los países, aun aquellos con producción propia de petróleo, que como exportadores están integrados a ese mercado internacional. Por eso vemos que aún en naciones con producción propia de crudo, como Estados Unidos o Mexico, los combustibles se tornan más caros.

La importancia logística para el transporte de bienes y personas de los derivados del petróleo hace que su encarecimiento tenga efectos inflacionarios, comenzando con un alza de precios de todos los tipos de energía; la electricidad, el gas, etc. Esto incidirá en los costos de la producción de bienes básicos como fertilizantes o alimentos. Una de las perspectivas menos halagüeñas es el panorama de un aumento pronunciado de los cereales que afectaría la seguridad alimentaria de los sectores de más vulnerables en los países más empobrecidos de África y América Latina.

La consultora económica Bloomberg Economics pronostica que es suficiente que el barril de petróleo brent llegue a costar 170 dólares durante unos meses para impulsar una espiral inflacionaria en EE.UU. y Europa, ocasionando un freno en seco del crecimiento económico. Esta inflación descontrolada ocasionará una retracción del consumo, recortando los beneficios de las empresas, que en consecuencia reducirían sus planteles de trabajadores.

Un panorama general de altos costos energéticos afectaría sobre todo a las industrias, consumidoras intensivas de energía. Si los costos de producción llegan a cifras inasumibles, muchas industrias cerrarán y aumentará el desempleo.

En el ámbito financiero, las altas tasas de interés mantendrán el crédito caro, enfriando la economía, congelando la actividad e impidiendo el acceso a préstamos y financiamiento, tanto para el consumo como las destinadas a iniciativas emprendedoras.

En síntesis, un petróleo a 200 dólares el barril será un choque económico sistémico que dará origen a un contexto de inflación, recesión, desempleo, encarecimiento del crédito y una caída generalizada del nivel de vida, con los países más pobres e importadores de energía sufriendo las peores consecuencias.

Paraguay

El Paraguay es uno de los países más vulnerables a un shock petrolero como el que puede producir la guerra en Irán. Nuestro país importa el 100% de la nafta el diésel y el gas. Sin producción propia, al año gastamos 2.249 millones de dólares para la compra de nafta y diésel. Las fluctuaciones del precio internacional del crudo se trasladan rápidamente a la economía paraguaya por nuestra total dependencia de combustibles importados, agravada por la total ausencia de alternativas de transporte.

Al carecer de ferrocarril u otros medios de transporte, toda la logística y la circulación de bienes y personas se basa en los hidrocarburos. Un escenario donde el barril de petróleo cueste 200 dólares dispararía nuestro gasto anual en importaciones de combustibles a 4500 millones de dólares al año, profundizando nuestro crónico déficit comercial.

Un barril a 200 dólares en el mercado internacional sería un shock severo para el país. Sería particular el daño en el estratégico rubro del agronegocio. En un escenario de combustibles y fertilizantes costosos, puede reducirse el volumen de la producción de uno de nuestros principales rubros de exportación.

Sin capacidad de refinamiento propio ni producción de crudo, el Paraguay es un país altamente vulnerable a una intempestiva suba en la cotización del petróleo en los mercados globales.

 

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