Bolt, Uber, Muv: Las plataformas emplean precariamente a miles y se embolsan millones de dólares

Los medios alternativos de transporte (Bolt, Uber, Muv…) han venido a cubrir la enorme demanda de la sociedad metropolitana. Unas 20 mil personas trabajan en el sector. En trabajo a full diario les queda libre, luego de pasar la comisión del 20 por ciento, y de comprar combustibles, alrededor de G. 100 a 120.000 por día, pero hay días en que hacen su golpe. Las plataformas se quedan, al año, con USD 3,8 millones.

 

El fenómeno se ha extendido tanto que las antiguas paradas de taxi se han vaciado. Ya solo los muy antiguos taxistas continúan en el oficio, reconoce Juan Carlos Fernández (64 años), de la parada de Nuestra Señora y Oliva. Sí, de 2.000 trabajadores ahora somos 200, reconoce Víctor Duré, tesorero de la cooperativa de radiotaxi. “Ya nada es como antes”, resume.

“Yo, con este trabajo, construí la casa y mantuve a todos mis hijos, todos terminaron la universidad”, esgrime Juan Carlos, orgulloso.

“Ahora casi todos usan bolt nomás ya”, asume, fatigado.

En las noches con poco o nada de colectivos, las mañanas con buses llenos o los domingos que estos desaparecen, los móviles de la plataforma reinan. Autos y motos.

“Yo aseguro. Debo llegar a tiempo a mi trabajo”, sentencia Karina Villalba, que trabaja en el Mcal. López Shopping.

Todos los domingos pide Motobolt para llegar o hasta la parada de la Línea 12, Reducto, San Lorenzo, o para llegar al centro de San Lorenzo, o directamente a su trabajo.

Una vez, el trabajador le reportó que no le pagó, o que le quiso pagar con seducción. “Al llegar, le pagué en efectivo, y el pelotudo me reportó. Me bloquearon. Sarambi les hice a la aplicación. Incluso les dije que podía tener pruebas, la cámara del Shopping…”

Recuperada la cuenta después del sarambi que les hizo, en el siguiente viaje, “cuando estábamos yendo tranquilos nos chocaron por detrás. Esas dos malas experiencias, después todo bien”, resuelve.

Los motobolteros

“Sí, tengo muchos viajes. Pero hay que trabajar muchísimo para sacar entre G. 80 a 100.000 por día. Hay que estar encima de la moto. No nos queda de otra”, sentencia Osmar Vega, 45 años, de Capiatá.

De joven trabajó en Martel y luego en Alumpar (Aluminios del Paraguay). Desde que terminaron sus dos únicas relaciones laborales estables, la moto se ha convertido en su principal herramienta de trabajo, en cobranzas de créditos, en carga de saldos de telefonía celular y delivery.

Si bien en un principio hubo una resistencia de trabajadores, propietarios de paradas y de flotas de taxi, la entrada de los automóviles de plataforma, a larga se convirtió en un fenómeno social extendido que “reventó en la cuarentena”, al decir de Luis Torres.

De Méjico

Cuando llegó a Ciudad del Este con la mochila a cuestas, el mejicano Luis Torres se dijo: “estoy como en casa”.

Maíz y porotos, pucheros, guisos, solo había que ponerles picantito a todo. Con otros nombres, los sabores tradicionales de Paraguay le eran muy familiares. Además, podía acercarse con su guitarra a las puertas de un bar, de un comedor, subirse a los colectivos con su guitarra. Así, en Paraguay, en su travesía por América del Sur, hizo dúo con Luis Dante Zorrilla, Rubén Romero (Neburcho) y Juanma Ferreira. Ahora es conductor de plataformas. En la última entrevista lo juntamos con Juanma (también boltero),  quién venía de presentar su último disco, en el Teatro Municipal.

Ya acá, Luis tuvo un hijo. Con la necesidad de contar con más recursos consiguió el trabajo con un vecino que alquilaba una flota de vehículos para movilidad digital. Entonces estaba de moda la plataforma Uber. En ese trance, a dos años de estar “batallando con Uber”, le agarró la cuarentena.

“Por suerte, pude trabajar. Por suerte”, se repite.

Los trabajadores, propietarios o no de sus vehículos, de plataformas estaban entre los servicios  esenciales.

Mucha gente atrapada en el corte laboral se lanzó raudamente a la tarea de hacer de driver. Incluso profesionales bien remunerados como Martin Cañete, con su Kia Sportage, lo hacía al solo efecto de salir de su casa.

En la actualidad, la mayoría de los trabajadores de plataformas tiene en a esta movilidad como primer y único trabajo. “Yo trabajo nueve a diez horas”, asume Luis.

A él le gusta más trabajar de noche “porque la gente está más relajada. De día todo es urgente, y el humor de la gente es agrio. Es mucho estrés”, asume.

“Hay días terribles en los que no pasa nada y hay días en los que podés juntar hasta G. 500.000”, arriesga. Y Juanma Ferreira secunda.

Qué días. Tanto Luis como Juanma asumen que sábados de noche, algunos domingos o feríados importantes de fiesta como Año Nuevo, Navidad, Partidos de fútbol y grandes conciertos completan esos momentos en los que “podés golpear”.

Una mujer en el volante

En el 2019, cuando iniciaban las plataformas, la comunicadora y escritora Fátima Aguilar se inició como conductora de Muv y Uber. En un coche de una amiga se turnaban y se dividían, mitad mitad, las ganancias. Entonces le resultó muy bien como ingreso extra. Disfrutó mucho, ponía una linda playlist y conversaba con la gente. Pero alarmada por el “enjambre amarillo” (taxistas) que cazaba a sus competidores recientes, dejó.

Ya sin laburo volvió en el segundo año de la pandemia. “Estaba muy dura la cosa”. En ese tiempo la empresa Bolt ingresaba sin comisión. “Veías la diferencia. Veías la plata”.

“Sí, ese tiempo fue un tiempo muy bueno”, asiente Luis, el mejicano.

Ya como drive de mujeres, Fachu Aguilar tuvo experiencias muy lindas como la de llevarle a su lugar de parto a otra mujer. Se sentía mucho más tranquila.

Venía muy bien hasta ese momento en que de la nada, cerca de la Universidad Nacional de Asunción (San Lorenzo), un funcionario de una facultad salió con un tremendo garrote a romper el auto. El hombre, al percatarse de que Fachu no era el objeto sujeto de su ira, se quedó congelado y luego salió corriendo del lugar. Aquel susto, y la posibilidad de participar con honorarios, de un proyecto sociocultural, la hicieron dejar de nuevo el volante.

Ahora, como millones de personas, es una usuaria de rutina.

“Sin transporte público bueno, no hay de otra, y con los números, si hay, se puede”, nos cuenta.

Como usuaria ha visto a mucha gente en el volante muy cansada, muy estresada, de trabajar diez o doce horas corridas. En un viaje en el que el conductor estaba muy distraído con su celular, chocaron. Ella salió con algunas lesiones. Intentó que la plataforma se haga cargo, pero no hubo caso. “Te piden fotos, luego otros documentos y así no sabés ni siquiera con quién estás hablando”.

“Sí, es un trabajo y un servicio muy precarios. Sin seguro social, sin nada. Si es tu vehículo, te hacés cargo de todo”, sostiene, por su parte, Ferreira.

Pero mucha gente siente que es mejor que estar sentada o parada ocho horas por un salario mínimo. Además, “te da posibilidad de hacer tus cosas personales, consultas, visitas familiares…”, confirma Aguilar.

Estudios

Efectivamente, en los criterios de justicia, seguridad social, derechos de trabajadores, estas empresas no califican o califican con una puntuación muy baja, según el estudio encabezado por el investigador Eduardo Carrillo, de Tedic, una organización de derechos humanos y tecnología.

Dicho estudio se denomina Fairwork Paraguay 2022: Estándares laborales en la Economía de Plataformas.

En entrevista con El Prisma, Carrillo sostiene que hay que avanzar hacia una serie de garantías, entre ellas de organización, seguro social, contratos que no eximan a las plataformas de situaciones de salud, transparencia en el cálculo de tarifas, porcentajes…

Los montos. ¿Quién sale ganando más?

No hay información oficial sobre la cantidad de gente que, con auto propio o ajeno, trabaja en el sector. Pero la empresa Bolt, que ha instalado una oficina en el país, ha señalado que cuenta en su red con unos 20.000 trabajadores.

En este gran sector laboral, las plataformas se alzan con un 20 por ciento de todo.

En general, lo que queda por el trabajo para las personas es casi igual que la plata que se utiliza en combustible.

Aproximadamente G. 100.000 por día se gasta en combustibles, resumen Luis y Juanma. De esos, G. 200.000 diarios, entonces, las plataformas, por día se alzan con G. 40.000.

Si esto multiplicamos por los 20.000 trabajadores,  estamos hablando de G. 800 millones por día. Al mes 2.400 millones y al año 28,800 millones: unos USD 3,84 millones al año.

Apoyo en la ilustración: Ana Brisa Caballero y Dani González

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Más vistos

Opinión