Ya es tiempo de establecer relaciones con China

Con más de USS 160.000 millones de inversiones en América Latina, China se ha convertido en el socio comercial más importante de la región. Además, China es la primera potencia productiva y en poco tiempo más será la primera potencia económico financiera.

Como se recibe una herencia sin beneficio de inventario, al fenecer prácticamente en simultáneo la autocracia stronista y la Guerra Fría, el Paraguay heredó, de ese orden mundial extinto, su estrecho relacionamiento diplomático, económico y de cooperación con la República de China en Taiwán o China Nacionalista.

Se ubicaba el país a contracorriente del proceder de los propios EE. UU., de otras potencias y de la comunidad internacional. Entre finales de la década de los sesenta y principios de los setenta del siglo pasado, estos reconocieron y establecieron vínculos diplomáticos con la República Popular China dejando al régimen de Taipéi a un lado.

Este proceso a nivel universal se coronó el 25 de octubre de 1971. Ese día, la Asamblea General de la ONU aprobó la Resolución 2758, que reconoce a la República Popular China como el único representante legítimo de China y le otorgó el puesto de miembro permanente del Consejo de Seguridad. La resolución expulsó de la organización a los representantes de Taiwán, que hasta esa fecha ocupaban ese lugar.

En contrapartida, la República de China en Taiwán solo mantiene relaciones diplomáticas con 12 países: Belice, Guatemala, Paraguay, Haití, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas —en América Latina y el Caribe—; Islas Marshall, Palaos, Tuvalu —en el Pacífico—; Esuatini, antes Suazilandia —en África—; y la Ciudad del Vaticano —en Europa—.

Como resulta evidente, la diplomacia taiwanesa, por lo menos formalmente, tiene una capacidad de acción más bien exigua en cuanto a la relevancia de las naciones con las que mantiene relaciones.

Sin embargo, es de reconocer que, como el Paraguay, también Taiwán cambió en las últimas décadas. La dictadura militar de derecha de los sucesores de Chiang Kai-shek cedió su lugar a una democracia constitucional y los EE. UU., si bien no mantienen vínculos diplomáticos, están comprometidos por acuerdos bilaterales a brindar apoyo a la isla autogobernada en caso de conflicto.

Paradójicamente, la economía taiwanesa floreció y se convirtió en una de las más pujantes del planeta de la mano del extraordinario desarrollo de la China Popular. Hoy el intercambio es intenso en todos los rubros, siendo particularmente estratégico el de microchips y semiconductores. Taiwán es el principal proveedor de estos dispositivos para la China Popular, posibilitando el auge tecnológico chino.

Las relaciones entre Paraguay y Taiwán

El relacionamiento del Paraguay con Taiwán se caracteriza por lo que se ha denominado la “diplomacia de la chequera”: mantener la fidelidad de los políticos paraguayos a Taipéi le resulta módico, financiando obras y proyectos aislados, sin mayores reclamos frente a eventuales corruptelas, donaciones, etc. Nada que se acerque a una inversión económicamente transformadora.

Proyectos como “Yguazú Digital”, que apuntan a construir un gran centro de cómputo de datos para la inteligencia artificial, no pasan de una lógica extractiva de nuestros recursos; en este caso, la energía eléctrica renovable y limpia. Además, se presenta en el momento preciso en que expertos alertan sobre la insuficiencia de generación de energía para el consumo del mercado paraguayo.

La inversión china en América Latina

Desde 2005, la China Popular acometió una ambiciosa política de inversión en infraestructuras y obras públicas de diversa índole en América Latina.

Hasta abril del año pasado, el Banco de Desarrollo de China (CDB) invirtió 165.000 millones de dólares en 260 proyectos en 21 países de la región.

Entre las obras ya terminadas más importantes en los países de la región podemos mencionar: el puerto sobre el océano Pacífico en Chancay, Perú, en funcionamiento desde junio de 2025, que es la puerta de salida rumbo al Oriente de las exportaciones de la región; la empresa estatal china de transporte y logística Cosco es dueña del 60 % de las operaciones portuarias.

En materia energética, el capital chino financió las hidroeléctricas de Coca Codo Sinclair, Sopladora y Minas-San Francisco en Ecuador. En la Argentina, Power China construyó el Parque Solar Cauchari en Jujuy, en lo que constituye el mayor proyecto de generación eléctrica a partir de la energía solar de Sudamérica.

En vías de comunicación, la inversión china terminó la autopista norte-sur en Jamaica, que une Kingston con la ciudad de Ocho Ríos.

Cabe citar que están en plena ejecución obras como el metro de Bogotá, en Colombia, que se espera sea habilitado a inicios de 2028, y el proyecto, en fase de estudio, del ferrocarril transoceánico que uniría la costa atlántica brasileña desde Santos, en Brasil, hasta el puerto de Chancay, en la costa peruana sobre el Pacífico, cubriendo una distancia de 3.775 km.

Paraguay queda fuera de las grandes inversiones chinas

El Paraguay se mantiene al margen de toda esta ola de inversión como consecuencia de su vínculo diplomático con Taiwán. Pese a factores culturales comunes, nuestro país, en lo económico, está en una escala muy inferior a la de nuestros grandes vecinos, la Argentina y el Brasil.

Con independencia de la eventual orientación ideológica de sus autoridades de turno, estos países mantienen estrechas relaciones económicas con China desde hace décadas. Por consiguiente, el Paraguay podría encontrar inspiración en un ejemplo latinoamericano de cómo lidiar con la cuestión de China y Taiwán.

El caso Salvador

En El Salvador, antes aliado a Taiwán, el polémico mandatario Nayib Bukele sostiene la relación con China en áreas como la cooperación para el desarrollo.

El símbolo más visible es la gran sede de la Biblioteca Nacional de El Salvador, construida íntegramente con financiamiento no reembolsable procedente de China. Los puertos de Acajutla y La Unión, en el golfo de Fonseca, son estratégicos para la logística del comercio chino en la región. Al mismo tiempo, Bukele se muestra como un leal aliado de Washington, respaldando sus iniciativas migratorias y de seguridad hemisférica, demostrando que las buenas relaciones con ambas superpotencias son posibles.

La necesidad de un cambio en la política exterior

Los sectores productivos de nuestro país, especialmente los relacionados con la exportación de granos y de productos de la ganadería, insisten en la conveniencia de un acceso directo al mayor mercado de consumidores del mundo: China, mercado al que el Paraguay accede por terceros países, afectando a la baja los precios de nuestros productos.

El gobierno paraguayo se muestra sumiso ante la diplomacia norteamericana, que en lo que respecta a los vínculos entre Paraguay y Taiwán favorece el statu quo. En consecuencia, el país está dejando escapar la posibilidad de aprovechar la expansión de una economía que apunta, si no lo es ya, a ser la más importante del mundo.

NR: La foto de portada corresponde al último viaje de diputados de Paraguay a China. 

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