Paraguay cuenta solo con 17,6 médicos por cada 10.000 habitantes, y la mitad se concentra en Asunción

Este promedio nacional esconde una profunda brecha territorial que desprotege al Chaco, a las zonas rurales y sitúa al país por detrás de sus vecinos de la región en densidad de profesionales médicos.

Las actuales movilizaciones y protestas de los gremios de médicos de los hospitales públicos nacionales, con masivas renuncias y amenazas de renuncia de centenares de médicos generalistas y especialistas que ponen en situación crítica la atención del país, son solo un reflejo de problemas estructurales de la salud pública.

Según los últimos datos estadísticos oficiales del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social y los registros del Consejo Nacional de Educación Superior (Cones), el país cuenta actualmente con una tasa promedio de 17,6 médicos por cada 10.000 habitantes.

Son datos que revelan una cantidad menos que insuficiente para la enorme demanda de atención de salud pública en el país

Por otro lado, el Registro Único de Profesionales de la Salud supera los 31.000 médicos matriculados a nivel nacional. Esta cifra global oculta una realidad fragmentada: El problema central no es solo cuántos profesionales tiene el país, sino dónde se encuentran distribuidos y cómo se posiciona Paraguay en el contexto sudamericano.

El mapa de la desigualdad interna

La media nacional pierde validez cuando se analiza la distribución geográfica.

El fenómeno de la hiperconcentración urbana de los profesionales de diversas áreas se repite con fuerza en el sector sanitario: Según datos del Ministerio de Salud Pública, el 50% de los médicos del país trabaja en Asunción y el Departamento Central, que concentran casi el 40% de la población (6.150.000) del país

Pero sobre todo es en la capital donde la densidad de profesionales supera ampliamente los estándares recomendados, por la concentración en Asunción de los grandes hospitales públicos, los sanatorios privados y universidades de medicina.

Este panorama de concentración urbana cambia drásticamente al alejarse de ella. Las regiones más vulnerables y alejadas sufren un déficit crónico de personal. El caso más crítico se vive en la región del Chaco.

En los departamentos de Alto Paraguay y Boquerón, la cifra cae a menos de 5 médicos por cada 10.000 habitantes. Esta escasez extrema obliga a las poblaciones rurales e indígenas a trasladarse cientos de kilómetros por caminos muchas veces intransitables para recibir atención médica básica o especializada, transformando el derecho a la salud, establecida en la Constitución Nacional, en una lucha de supervivencia.

Otras zonas de la Región Oriental también muestran realidades similares a las del Chaco en sus distritos más alejados de las capitales departamentales. En estos distritos la falta de incentivos económicos, la infraestructura deficiente, la carencia de insumos médicos y la ausencia de intervención estatal para una distribución territorial equitativa de profesionales desalientan el arraigo de los nuevos profesionales.

La brecha frente a la región

Teniendo en cuenta los países de la región sudamericana, la densidad de médicos en Paraguay muestra un significativo rezago. Con sus 17,6 médicos por cada 10.000 habitantes, Paraguay se sitúa por debajo de Brasil, que registra un promedio aproximado de 23 médicos por cada 10.000 personas.

La distancia se vuelve mucho más profunda al compararse con los líderes regionales en materia de cobertura médica. Argentina y Uruguay duplican y hasta triplican la cobertura paraguaya, con tasas que rondan entre los 40 y 50 médicos por cada 10.000 habitantes. Esta diferencia regional repercute directamente en la capacidad de respuesta de los sistemas públicos ante crisis sanitarias, la gestión de listas de espera para cirugías y el acceso a medicina preventiva.

Especialistas locales en salud pública señalan que revertir esta situación en Paraguay requiere de políticas de Estado sostenidas en el tiempo. Entre las soluciones debatidas se encuentran la creación de un sistema de incentivos salariales y de vivienda para el arraigo de médicos en el interior, la mejora de los hospitales regionales y una regulación más estricta sobre la habilitación de facultades de medicina para garantizar que los nuevos egresados cuenten con la formación adecuada para las necesidades del país.

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