Darío Amodei es un magnate intelectual a quien preocupa el futuro del trabajo y de la democracia liberal. Las revoluciones industriales reabsorvieron, con mejores salarios, el trabajo humano, dice. Pero se pregunta si pasará lo mismo con una herramienta que puede suplir hasta a un ingeniero informático.
Nacido en San Francisco California, EE. UU. en 1983 es cofundador en 2021, junto a su hermana Daniela, de la empresa estadounidense de investigación y desarrollo de Inteligencia Artificial (IA) “Anthropic”(firma creadora de la herramienta “Claude”).
Dario Amodei está formado en las universidades de Stanford y Prince ton. Es licenciado en Física y especialista en electrofisiología de circuitos neuronales.
Es uno de los pocos magnates tecnológicos norteamericanos que conocen al adversario chino por dentro ya que trabajó para el motor de búsqueda “Baidu” entre 2014 y 2015.
Al año siguiente se unió a Open Ai, firma que lanzó al mercado ChatGPT.
Aduciendo diferencias irreconciliables ante el rumbo ético que tomaba Open AI en el desarrollo de sus modelos avanzados de lenguaje de IA, en 2021 los hermanos Amodei y otros técnicos de la empresa la abandonaron y fundaron su propia firma: Anthropic. En el 2023 presentaronen el mercado su herramienta de IA “Claude”.
Un rasgo particular de Dario Amodei es su búsqueda de cultivar una imagen pública distinta a la de los demás magnates de Silicon Valley, manifestando su fe en la democracia, las libertades civiles, así como en la reglamentación legal y ética del uso de la inteligencia artificial, en vista a su inexorable impacto en la economía y en el mercado laboral.
Desde la perspectiva de Amodei, si bien reconoce los riesgos de una cada vez más estrecha relación entre tecnología y poder político, el principal peligro actual para la democracia y la vigencia de los DD. HH es China.
La perturbación del mercado laboral
En su ultimo ensayo examina varios de los riesgos que a su juicio trae aparejado el desarrollo exponencial de las herramientas de IA.
Dedica un apartado a lo que denomina la perturbación del mercado laboral.
Nos dice que es útil comprender cómo reaccionan normalmente los mercados laborales ante los avances tecnológicos.
A su criterio, cuando aparece una nueva tecnología, lo primero que hace es aumentar la eficiencia de ciertas tareas humanas.
Pone de ejemplo que al comienzo de la revolución industrial, máquinas como los arados mejorados permitieron a los agricultores ser más eficientes en ciertos aspectos de su trabajo. Esto -comenta-mejoró la productividad de los agricultores, lo que aumentó sus salarios.
En una segunda fase, Amodei sostiene que algunas tareas agrícolas pudieron realizarse íntegramente con máquinas, por ejemplo, gracias a la invención de la trilladora o la sembradora.
“En esta etapa, los humanos realizaban una parte cada vez menor del trabajo, pero el que realizaban se valoraba cada vez más, ya que complementaba el trabajo de las máquinas, y su productividad siguió aumentando”, esgrime.
Tal y como describe la paradoja de Jevons, los salarios de los agricultores, y quizás incluso su número, siguieron aumentando.
Incluso cuando el 90 % del trabajo lo realizan máquinas, los humanos pueden simplemente hacer 10 veces más con el 10 %, produciendo así 10 veces más por la misma cantidad de trabajo.
Finalmente, las máquinas hacen todo o casi todo, como es el caso de las cosechadoras, los tractores y otros equipos modernos.
La agricultura
En este punto, Amodei advierte que la agricultura como forma de empleo humano está en rápido declive, lo que puede provocar graves perturbaciones a corto plazo, pero que, como la agricultura es solo una de las muchas actividades útiles que los humanos son capaces de realizar, la gente acaba dedicándose a otros trabajos, como el manejo de máquinas en fábricas.
Esto sigue siendo cierto incluso si la agricultura representaba anteriormente una parte importante del empleo.
“Hace 250 años el 90 % de los estadounidenses vivía en granjas; en Europa, entre el 50 % y el 60 % de los empleos eran agrícolas. Hoy en día, estos porcentajes son inferiores al 10 % en esas regiones, ya que los trabajadores se han orientado hacia empleos industriales y luego a empleos intelectuales”, explica.
En este escenario, entiende que el progreso tecnológico no solo aumenta la productividad, también impulsa para arriba en nivel de salarios y retribuciones que por su trabajo reciben las personas.
Y entonces, qué
Si embargo, el autor ve con escepticismo que con la IA se repita el ciclo positivo.
Esgrime estos argumentos:
Primero, la velocidad de la IA en mejorar y ampliar sus capacidades, afectando no solo a los empleos relacionados con tareas burocráticas o de oficinas administrativas del sector privado, sino también a los programadores e ingenieros informáticos
“En los últimos dos años, los modelos de IA han pasado de tener una capacidad apenas suficiente para escribir una sola línea de código a ser capaces de escribir todo o casi todo el código para algunas personas, incluidos los ingenieros de Anthropic. Pronto podrían ser capaces de realizar todas las tareas de un ingeniero de software, de principio a fin”.
Segundo, amplitud cognitiva:
Aquí el riesgo es la alta gama de tareas humanas que podrá realizar una IA, por lo que será más difícil a un humano cuyo trabajo sea suprimido por el uso de la IA, encontrar otro trabajo similar que les convenga y en el que pueda desarrollarse.
Textualmente nos advierte que “las capacidades intelectuales generales requeridas para los empleos de principiantes en campos como las finanzas, la consultoría y el derecho son bastante similares, aunque los conocimientos específicos sean muy diferentes.
Una tecnología que solo afectara a uno de estos tres ámbitos permitiría a los empleados reconvertirse en los otros dos ámbitos afines o a los estudiantes cambiar de carrera. Pero afectar a los tres ámbitos a la vez, así como a muchos otros empleos similares podría dificultar la adaptación de las personas afectadas.
Si bien reconoce que el trabajo humano prevalecerá en campos laborales como de cuidados médicos, a enfermos o personas de edad avanzada, las artes, artesanías y tareas u oficios que requieran trabajo físico, que incluso verán aumentar sus retribuciones, señala sin miramientos que los trabajos profesionales e intelectuales de rango bajo y medio, a los que está orientado nuestro sistema educativo básico o universitario afronta un obscuro panorama en el futuro.
Las sugerencias de Amodei para afrontar los desafíos planteados por la IA son:
Una política empresarial ambiciosa en la que la IA puede servir de herramienta para innovar y explorar campos de negocios, manteniendo misma plantilla de empleados, creando nuevas fuentes de ingresos, en lugar de una visión mezquina que implemente la IA solo como artilugio para “reducir costos” en perjuicio de los empleados y sin extender el ramo de negocios.
Políticas empresariales dirigidas a la protección de sus empleados a corto plazo, que ante la introducción de la IA reasigne tareas a sus empleados humanos, con creatividad teniendo en consideración sus talentos y a largo plazo los empleados deberían ser objeto de retribuciones económicas aún luego de terminado su aporte a la productividad de la empresa.
Según Amodei esta generosidad empresarial sería posible en vista a la extraordinaria riqueza que producirá el aumento en la producción con el uso de la inteligencia artificial.
Promover la contribución filantrópica de los sectores más adinerados de la sociedad direccionada a los empleados y trabajadores más afectados por la inexorable perturbación laboral ocasionada por la implementación de la IA
Finalmente, la intervención del Estado, con la creación de programas de contención social, financiados con una política fiscal progresiva expresada con impuestos a los sectores mas ricos y beneficiados con la generalización de la nueva tecnología.
Es importante recordar que, para el autor, fiel a su condición de empresario, estas sugerencias son medidas imprescindibles y paliativas para afrontar la transición laboral, que finalmente encontrará su equilibrio por acción de los agentes del mercado de trabajo.