Hacia los 53 años del Tratado de Itaipú (I)

En el marco de una dilatada y hermética renegociación entre Paraguay Brasil, el próximo 26 de abril se cumplirán 53 años de la firma del tratado. El anexo C, que fija la tarifa y la cesión de excedentes, debió ya revisarse a los 50 años. La de Itaipú es una historia que cruza la economía, la política, la sociedad, el medioambiente y las relaciones internacionales.

 

Itaipú significa sonido de las piedras en guaraní. En 1973, nuestro país contaba, según los textos escolares de la época, con tres millones de habitantes. Un enorme bosque, el Bosque Atlántico, la mayor masa forestal luego del Amazonas, cubría toda la región del río Paraná, y se extendía hacia el interior por los departamentos de Alto Paraná, Canindeyú y Caaguazú. En ese tiempo, finalmente, el país contaba con unos once millones de hectáreas de bosques. Hoy menos de un millón, concentrado en las reservas.

El Estado paraguayo había avanzado muy poco hacia el este. Al interior de esas masas inmensas vivían pueblos originarios y algunas colonias de mestizos. En medio de la exuberancia alrededor del Río Paraná, el biólogo suizo Moisés Bertoni había registrado miles de especies silvestres, constituyéndose el guaraní en uno de los idiomas con mayor registro científico de fauna y flora. Y también había establecido el calendario de lluvias que fue utilizado por mucho tiempo.

De las pocas colonias mestizas en el Alto Paraná, en ese tiempo el pueblo más importante, y la capital del departamento, era Itakyry. Allí se había instalado la administración de una de las mayores empresas forestales: Mate Laranjeira, aprovechando la ley especial de ventas de tierras públicas de 1883. Mate Laranjeira llegó a contar, para su explotación, con unas 1.700.000 hectáreas. Por esa misma ley, en esas vastas zonas boscosas, otra empresa extrajera, la Industrial Paraguaya, había acumulado unas 2.400.000 hectáreas.

Entonces, no había ruta asfaltada hacia el Este ni hacia el Norte. Fuera de la explotación forestal, con jangadas y hachas, gran parte de la economía local dependía de sus exportaciones de materia prima a la Argentina, y de importaciones vía el vecino país rioplatense.

Antes del tratado de 1973, se había firmado, el 22 de junio de 1966, el Acta de Foz de Yguazú. En dicho documento, Paraguay y Brasil se comprometieron a realizar estudios sobre el potencial hidroeléctrico del río Paraná.

Fruto de los acuerdos también se construyó el Puente de la Amistad, un motor poderoso de la migración al este, donde, en 1965, se había fundado Puerto Presidente Stroessner, lo que hoy es Ciudad del Este.

Según las proyecciones iniciales, las obras debieron costar unos USD 2.000 millones, pero terminaron costando alrededor de 20.000 millones. A esto es lo que expertos como Ricardo Canese han denominado la deuda espúrea.

Cuando en 1982 se cerraron las compuertas y se abrió el embalse para el inicio de la generación eléctrica fueron completamente inundados los Saltos del Guairá (Siete Quedas, su nombre en Brasil). Itaipú, sonido de las piedras, para los antiguos pobladores de la comunidad guaraní. Muchas familias de esas comunidades sufrieron el desalojo de sus antiguos territorios.

La detonación para el inicio de las obras fue una de las imágenes más fascinantes y repetitivas durante el cierre del único canal: Canal 9. Cerraba su emisión con imágenes de “paz y progreso” y el mensaje del “presidente de la República y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de la Nación, Gral. de Ejército Don Alfredo Stroessner”.

Para muchos economistas, entre ellos Luis Rojas, esta gran inyección de capital modificó el tablero económico paraguayo radicalmente.  Al igual que el puente, que posibilitó el comercio con Brasil. Un comercio que sedujo a miles de familias a migrar hacia este. En la actualidad, Ciudad del Este ya es el eje de una de las zonas metropolitanas del país, a juzgar por los criterios de la arquitecta urbanista Mabel Causarano.

En el tratado se estableció el condominio a través de la Entidad Binacional Itaipú. Paraguay es dueño del 50%, pero también en el Anexo C se ubicó una cláusula que hizo que la energía producida no sea “tan paraguaya”: la cesión del excedente energético.

Si bien la cesión de la energía que no se utiliza incluye a ambos países, para un país como Paraguay, con incipiente modernización, y con muy pocas industrias, sin tendidos de alta tensión, la cesión de esa energía fue directamente a Brasil, a un “precio regalado”, según Miguel Carter y Mercedes Canese.

Por mucho tiempo, Paraguay usaba menos del 10 por ciento de toda la energía producida por las 20 turbinas.

El gran cuestionamiento en el tiempo se dará en torno de las deudas y esta cesión a precio “irrisorio”.

Pero ya durante el tiempo de la firma del tratado hubo cuestionamientos. De hecho, por una manifestación en contra líder de los liberales, Domingo Laino, había sido perseguido.

El mantenimiento de esta cesión a un costo muy bajo sirvió para las negociaciones políticas bajo la mesa.

Algo así como que “te mantengo este precio y vos me das tal o cual cosa”.

Tal vez allí se pueda encontrar “la primera concesión brasilera” de la era democrática, cuando durante el gobierno de Nicanor Duarte Frutos se  pudo administrar, “discrecionalmente” (término acuñado por los críticos), USD 50 millones encargados en el rubro Gastos Sociales. Entonces, en la dirección paraguaya de la entidad se encontraba el señor Víctor Bernal.

Así fue la portada de Abc Color del 27 de abril de 1973

Las medidas del Acuerdo Lugo-Lula

No será si no hasta el gobierno de Fernando Lugo (2008-2012), con asesoría principalmente de Ricardo Canese, que se pudo avanzar en compensaciones mayores.

Por el Acuerdo Lula-Lugo, de USD 120 millones que Brasil pagaba por la cesión de la energía, Paraguay pasó a recibir USD 360 millones. Este dinero no lo administró ni lo administra el Estado central. Se lo destinó a las municipalidades y una parte a las gobernaciones. Al igual que los royalties.

Por el mismo acuerdo se logró el financiamiento de una línea de transmisión de 500kV. Esto posibilitó el traslado de la energía de Itaipú a varios puntos del país.

Actualmente, el aumento del consumo interno es acelerado. De un promedio de utilización del 17%, en los últimos tres años ha pasado a alrededor del 35%, acercándose rápidamente al 50% que a Paraguay le corresponde de la energía de Itaipú.

Este es el escenario actual en el que Paraguay, con tres años de retraso, juega sus cartas con el gobierno brasilero.

Antes de esto, ambos países firmaron una especie de preacuerdo, o acuerdo puente, que va hasta el 31 de diciembre de 2026. Por este acuerdo, de USD 50 millones, los gastos socioambientales pasaron a 700 millones. Son estos dineros que el gobierno de Santiago Peña utiliza en compra de pupitres, refacción de colegios, capas asfálticas, fiestas navideñas.

Lo lograron alzando la tarifa de la energía de USD 16 kW-mes a 19,28. Por este costo discrecional, según Mercedes Canese,  exvicemnistra de Minas y Energía, la Administración Nacional de Electricidad (ANDE) pierde unos USD 300 millones al comprar energía más cara.

Y esa tarifa, finalmente, la pagan los consumidores y deja a la ANDE sin dinero para las grandes inversiones necesarias en estabilizar la distribución y ampliar la cobertura.

La carta de Brasil es más simple. Brasil ahora quiere que la tarifa corresponda únicamente al costo operativo. Alrededor de USD 10 kW-mes.

“Ellos ya están preparando todo para dejarlo como una empresa de producción de energía. Que es lo que es”, sostiene la ex directora financiera de Itaipú, la economista Gladys Benegas.

La del gobierno paraguayo no, quiere seguir atando la tarifa al financiamiento de una gran planta fotovoltaica en el embalse, de unas 137 mil hectáreas, y dos turbinas más. Así lo ha sugerido el vocero oficial de dichas negociaciones, el jefe actual del gabinete de la Presidencia, Javier Giménez.

“Ha perdido el país una oportunidad de oro”, ha dicho en más de una ocasión Mercedes. Y advierte que, en un escenario de próximas elecciones presidenciales de Brasil, en octubre, las condiciones no son las mejores para las chances del gobierno paraguayo.

Pero Itaipú perse, sin los royalties, el pago por la cesión, es una entidad multimillonaria, con un presupuesto anual de más de USD 2.000 millones. Dineros que cubren el costo operativo y sueldos de 40 hasta 100 millones de guaraníes.

También el acuerdo de abril del 2024 establece la posibilidad de la venta directa de la energía al mercado brasilero. Esta posibilidad está siendo muy poco explorada por la ANDE.

“Ese es un tema muy complejo”, nos ha dicho el jefe de Distribución de la ANDE, Francisco Escudero.

“Yo creo que la tarifa terminará oscilando entre 14 a 17 dólares”, pronostica el ingeniero Pedro Ferreira, ex titular de la ANDE.

 

 

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