El impacto de la guerra en los bolsillos paraguayos 

Ayer el cierre de Ormuz, ahora el estrecho de Bab el-Mande y los precios que saltaron por encima de los USD 100 el barril. Paraguay, al arbitrio de todos los vaivenes. El gobierno deberia hacer algo más que tratar de contener por días o por un mes los precios de Petropar. 

 

Se atribuye al caudillo de los trabajadores argentinos, Juan Domingo Perón, la sentenciosa declaración: “La parte más sensible del organismo humano es el bolsillo”, sintetizando en su estilo campechano la importancia que tiene, para cualquier gobierno, sostener los precios de los bienes y servicios esenciales a niveles tolerables para los ingresos de la población.

En nuestro país, las iniciativas para diversificar la matriz energética del transporte y la logística son aún incipientes, sin ferrocarril y sin un transporte público de pasajeros realmente eficiente en el área metropolitana, lo que ocasiona a su vez que las personas opten por el transporte automotor particular, exigiendo al máximo las escuetas infraestructuras de rutas, avenidas y calles. Lo concreto es que el precio de los combustibles derivados del petróleo, particularmente el diésel, imprescindible para el transporte terrestre y fluvial de bienes y personas, así como para la maquinaria de la producción agrícola, tiene un alto impacto en el desempeño económico, la inflación y el costo de vida.

El atolladero militar y estratégico en que se encuentran los Estados Unidos en su conflicto con Irán hace difícil la apertura plena a la navegación del estrecho de Ormuz, en el golfo Pérsico, a corto plazo. Esta situación obtura la ruta de exportación al mercado internacional del petróleo producido en los países del golfo, ocasionando la suba de cotización del crudo más pronunciada desde la crisis petrolera de principios de la década de los setenta del siglo pasado.

El viernes 11 de septiembre pasado, el ya castigado mercado internacional del petróleo recibió otro golpe: en el Yemen, al sur de la península arábiga, el grupo insurgente político y militar “Ansar Allah” (partidarios de Dios), conocido en Occidente como los hutíes, aliado de Teherán, tomó el control militar del estrecho de Bab el-Mandeb, en el mar Rojo, a la altura de su acceso desde el océano Índico, ocupando la isla de Perim (Mayyun en árabe) y el puerto de Dhubab, en el contexto de su larga guerra civil contra el gobierno yemení respaldado por Arabia Saudita.

Según datos de 2023 de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), el 12 % del comercio internacional del petróleo transita por el estrecho de Bab el-Mandeb. Las conquistas de la ofensiva de los hutíes impulsaron al alza los precios del petróleo, que subieron hasta rondar los 100 dólares por barril, barrera psicológica que se llegó a superar al alcanzar el barril Brent los 107 dólares. En los días siguientes a la conquista del estrecho, el grupo insurgente atacó el oleoducto Este-Oeste, por el cual Arabia Saudita transporta su producción petrolera desde los yacimientos cercanos al golfo Pérsico a la costa del mar Rojo. Estos ataques a la infraestructura saudí aumentan la presión sobre la cotización internacional del crudo. Los hutíes han asegurado que la navegación internacional continúa con normalidad a través de Bab el-Mandeb, con la excepción de buques vinculados o pertenecientes a Arabia Saudita o embarcaciones relacionadas con los intereses de Israel y los Estados Unidos.

En el Paraguay, la conflagración bélica de Oriente Próximo se tradujo en el alza generalizada del costo de los combustibles. El diésel común pasó de G. 6.250 en febrero a G. 8.690 en el sector privado, una suba del 39 %. En Petropar, el mismo combustible pasó de G. 6.250 a G. 8.290, acumulando una suba del 32 % de febrero a septiembre. Las naftas también subieron: la nafta común aumentó 38,5 % en la oferta privada y 34,7 % en Petropar. Por su parte, las naftas intermedias registran un incremento del 35,1 % en el sector privado y del 31,6 % en la oferta del ente estatal.

Inmediatamente tras el aumento de la cotización internacional del crudo, causado por las novedades bélicas en el mar Rojo, el emblema Puma Energy reajustó el precio de sus naftas y del gasoil común entre G. 300 y G. 600, desde el 13 de septiembre. El día 16 del mismo mes, Copetrol, Energy, Petrosur, PetroChaco y otros emblemas privados aplicaron un aumento de G. 600 a todos sus productos, finiquitando la quinta suba de combustibles en lo que va del presente año 2026.

Consciente del alto impacto de una suba generalizada de combustibles, el Gobierno paraguayo no aplicó por el momento el quinto aumento de precios, que sería postergado hasta después del 4 de octubre, día de las elecciones municipales en toda la República. El titular de Petropar, William Wilka, descartó aumentos hasta la compra de nuevas provisiones de hidrocarburos. Esta decisión fue duramente criticada por los operadores del sector privado, que acusan a Petropar de competencia desleal, de dañar las finanzas públicas operando voluntariamente a pérdida y de hacer un uso político de la empresa.

Ante un mercado internacional del petróleo sumido en una crisis sin soluciones a la vista, quizás quienes administran el Estado nacional deban dejar a un lado sus prejuicios ideológicos y revisar conjuntamente con todos los operadores del mercado la estructura de costos que forman los precios finales de los derivados del petróleo, como medio para lograr ralentizar una escalada de precios que impacta en toda la economía nacional.

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