El voto asistido fuera de las resoluciones del Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE) fue el fenómeno más extendido en las recientes elecciones municipales. Consultas a operadores, apoderados y autoridades electorales confirman que esta práctica respondió menos a una dificultad técnica con las máquinas que al interés de los partidos por asegurar el voto inducido.
—Es la tercera vez que estás viniendo, yo te vi —soltó L.C. a un tipo grandote que acompañaba a sus votantes, con habilitación de los miembros de mesa, hasta la máquina de votación, en la escuela Santa Ana de Bañado Sur.
—Mirá, esta zurda no quiere que ustedes voten. No quiere —gritó aquel.
La escuela Santa Ana de Bañado Sur era un hervidero de gente. A media mañana, no podían distinguirse las filas; más bien parecía una muchedumbre en un tinglado, como ganado en un camión transportador.
Según la resolución del Tribunal Superior de Justicia Electoral, solo a las personas con discapacidad visual o de miembros superiores (manos y brazos) se las podía acompañar, siempre con el consentimiento y la documentación de la persona asistida y del acompañante. Sin embargo, el Partido Colorado sacó una declaración de rechazo, y los miembros de mesa en casi todo el país —en su gran mayoría de la ANR—, junto con las juntas cívicas, prefirieron seguir las pautas del partido antes que las del TSJE.
En fin, que todo se decidiera en la mesa.
Fue así que las mesas, a tempranas horas, fueron copadas rápidamente en muchas localidades por referentes barriales de la ANR, ante la ausencia, en muchos casos, de representantes liberales.
Como ocurre en casi todas las elecciones, con una máquina aceitada incluso desde la dictadura —donde las disputas en las seccionales eran encarnizadas—, la mayoría de las presidencias de las mesas fue ocupada por el Partido Colorado, y en bastante menor medida por el PLRA y otras fuerzas emergentes.

La eficiencia del conteo versus el voto libre
En cuanto al uso de la máquina de votación, como herramienta de conteo es más rápida y ordena el cierre.
“El problema no es la máquina en sí como contadora; el problema es todo lo que pasa antes de que el elector llegue a tocar la pantalla”, sostiene la apoderada María Teresa González.
González afirma que la máquina es eficiente a la hora del conteo, agilizando el cierre y reduciendo las impugnaciones de actas. Sin embargo, resulta “ineficiente a la hora de garantizar el voto libre”.
Cree que sí hubo mucha gente con dificultades reales frente a la pantalla, un bloqueo, pero que, a juzgar por lo visto en esta y en anteriores elecciones, “la mayoría de los votos asistidos fue para direccionar el voto”.
“Antes te robaban en el conteo, ahora en el acompañamiento…”, sentencia.
Entre la necesidad real y el oportunismo
—¡Sí, hubo muchísimos casos! —exclama, por su parte, la trabajadora social Laura González Cubilla, quien actuó como apoderada en la Escuela Quintana Paredes de Mariano Roque Alonso por la Alianza Unidos por Mariano Roque Alonso.
González Cubilla intervino o intentó hacerlo, pero nada funcionó; ni siquiera mostrar sus videos de una persona que ya había asistido a más de cinco votantes. A pesar de esto, observó a mucha gente mayor que realmente necesitaba acompañamiento.
“Yo creo que son las dos cosas: los adultos mayores se pierden, y los otros se aprovechan”, dictamina.
Incluso a ella una señora mayor le pidió acompañamiento, lo que la hizo entrar en crisis al no saber cómo actuar.
—Sacá tu cartel de apoderada y entrá —le conminó la presidenta de mesa.
“Hay gente que se bloquea; muchísimas personas mayores que se bloqueaban ante la máquina”, reflexiona Laura. Ante esto, concluye que debe haber una campaña de capacitación sobre el uso de las máquinas dirigida por el TSJE en todas partes, y no por los partidos políticos.
Por otro lado, la lógica de los operadores es pragmática.
“Nosotros debemos asegurar. Si pagás 100 o 200.000 guaraníes, hay que asegurar. No es porque no confiemos en que la persona vaya a votar por nuestro candidato; mucha gente puede errar o confundirse ante la máquina. No podemos darnos ese lujo”, exclama Derlis M., operador del Barrio Republicano de Asunción.
Las mañas antiguas bajo nuevos formatos
—Sí, efectivamente, fue la denuncia más repetida que recibimos desde todas partes —nos comenta el director de Procesos Electorales, Carlos María Ljubetic—. Hubo de todo, pero con el funcionamiento de las máquinas no recibimos una sola denuncia.
Otro funcionario del TSJE, quien pidió protección de fuente, declara a El Prisma que las mañas antiguas se mantienen intactas y encuentran nuevas formas de hacer trampa. Por el contrario, ratifica que las máquinas agilizan todo el proceso, desde la emisión del voto hasta el cómputo y los resultados finales.
“La máquina no es el problema; en realidad, si no tenés miembros en la mesa, estás frito”, sentencia.
-Yo, esta vuelta, no tuve problemas. Eran solo dos listas. Una de concejales y otra de intendentes. Pero en las anteriores (las presidenciales), che Dio- rememora Vivían Chamorro, una señora de 66 años de Tablada Nueva, quien, según ella, votó por Soledad Núñez. “Okairo umi operadores colorados kuéra (se picharon los operadores colorados)”
Máquina de voto, no urna electrónica
La aclaración más repetida por la gente que entiende de estos procesos electorales es que estamos ante un sistema de máquinas electorales, no de urnas electrónicas.
La máquina es autónoma y no está conectada a ninguna red. Se puede verificar en la papeleta el sentido del voto, por lo que hasta ahí todo parece marchar bien.
“El sistema no tiene puertos de conexión externa, no se puede hackear ni intervenir remotamente; la única posibilidad de alteración sería modificando el software”, aclara, de nuevo, Ljubetic durante la entrevista con El Prisma.
Aunque existe esa posibilidad teórica, en estas municipales las máquinas, fuera de la polémica del voto asistido, cumplieron un rol clave de agilidad.
Todo lo demás se repite: compra de votos, inducción de votos y otras tantas maniobras que se reciclan para que “tu candidato gane una elección” (Derlis M dixit).