El gran Niño, otra vez

Entre la granizada del 29 de setiembre y las compuertas abiertas de Yacyretá, Paraguay ha entrado a su temporada más larga de inundaciones. Mientras la SEN habla de 5.000 familias afectadas y de una emergencia que llegará hasta marzo, las experiencias ya se suceden en precarios albergues y en la espera, angustiante, de que todo sea urgente e inapelable para abandonar las casas.

 

Madre sola con su niña de seis años, Angela Duarte Santacruz había perdido lo poco que tenía — electrodomésticos, techo — durante la granizada de aquel sábado 29 de setiembre. Así se presentó El Niño en la Región Oriental. Una granizada como pocas en décadas anunciaba la entrada traumática que antecedió a seis días seguidos de lluvia en el Este.

Fechas próximas a las elecciones municipales del 4 de octubre, ella supone que no recibió ninguna ayuda porque no era votante de Cecilio Báez, Caaguazú, sino de San Pedro. Solo así entiende porqué las chapas llegaban a sus vecinos y a ella no.

Ciudad del Este y Ayolas: el agua hasta el techo

Ya desde comienzo  de octubre, las zonas ribereñas de Ciudad del Este empezaron a inundarse por los desbordes del Yguazú y el Acaray.

Hubo una gran movilización, entre municipio y ayudas coordinadas por el Centro de Operaciones de Emergencia (COE).

En todas las franjas vulneradas, el Gobierno mantiene un operativo interinstitucional, apoyado por fuerzas militares y policiales, explica el ministro de la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN) Arsenio Zárate.

Hasta ahora son unas 5000 familias

Según el último balance de Zárate, 5.000 familias las afectadas, concentradas en Misiones, Ñeembucú, Alto Paraná e Itapúa. Unas 2.000 fueron albergadas de forma directa, una cifra similar en casas de familiares y 850 aisladas en sus hogares.

Luego, las noticias llegaron de Ayolas, donde barrios enteros quedaron bajo agua mientras era un espectáculo visual la abertura de las compuertas de Yacyretá — esa represa que ya había inundado pueblos de pescadores mucho antes.

Los peces y la gente

Ayolas siempre fue un lugar caracterizado de pesca. Se cuenta que el propio Alfredo Stroessner tenía por rutina ese silencioso quehacer, para muchos deportivo, de relax, para los pobladores una necesidad y una plena experiencia de vida.

En la actual inundación, “los peces danzan en el agua. Pacú, dorado y hasta surubí sacan solo a manotazos”, observa el fotoperiodista Sandino

Flecha realizó con Elisa Mareco un gran reportaje visual en Misioneshttps://www.kovadoc.com/p/ayolas-con-el-rio-en-la-puerta?r=3eju7k&utm_medium=ios&triedRedirect=true

En varias tomas del reportaje se ven a efectivos del ejército y funcionarios de Emergencia Nacional apurando la evacuación a seccionales y escuelas.

Si, para el gobierno nacional “es una prioridad absoluta”, se apura en responder Zárate.

Y advierte lo que viene: “Esto que se viene, el fenómeno de El Niño, no es para un mes nada más”.

Pilar: el anillo de 40 mil litros por segundo

La cuestión también se trasladó a Pilar, acostumbrada a vivir entre dos aguas. Allí sí hay infraestructura.

Ante la crecida del río Paraguay, se activó el protocolo de la Fase A de la Defensa Costera: un anillo de diques que protege 4.200 hectáreas y a unas 30.000 personas. El control interno queda a cargo de ocho motobombas principales.

“Básicamente, lo que se hace es aislar la zona interna del arroyo Ñeembucú, cerrando aguas arriba y aguas abajo”, explica el ingeniero Diego Gómez, del Consorcio CTC. El sistema alcanza a desagotar unos 40 metros cúbicos por segundo, 40.000 litros por segundo.

Pero la comunicadora Karen Quintana pone el límite: la obra que incluía desagües pluviales no llegó ni al 5% porque se optó finalmente por el desagüe cloacal. “Pero nunca fue lo prioritario. Acá con una lluvia de 100, 150 mm van a quedar anegados muchos barrios”, pronostica.

Tiene razón. Hoy Kambacuá, Valle Apu’a, Yataity, compañías de Pilar, están en situación muy complicada. A causa del cierre de una de las compuertas del Ñeembucú, el sector que queda inmediatamente atrás ya está completamente inundado. La ciudad se salva, su periferia se inunda. Las fases B y C, de pluviales, recién están en ejecución.

Bañado Sur: la emergencia como forma de vida

Pero esta no es la realidad de los bañados en Asunción. Acá la cuestión se puede poner mucho más complicada que las grandes inundaciones que mantuvieron a la gente en refugios que duraron años.

Ahora con la avenida Costanera, con precarios canales, las aguas quedarán por mucho más tiempo.

A Laura González, un poco antes de la entrevista, le saltó una foto brutal de la última inundación. Uruguaya, vino muy joven y quedó “atrapada” en Bañado Sur.

“Todo el tiempo es preocupación, la gente va al río, a mirar, pero nadie saldrá hasta que todo sea inapelable. Nadie puede dejar sus cosas, ni quiere hacerlo.”

Zárate admite que el río Paraguay subió dos metros en solo 15 días y que, de llegar a los 5 metros, habría 3.000 viviendas damnificadas adicionales solo en Asunción.

Laura resume la política paraguaya de inundaciones: “No se planifica, se sigue postergando, hasta el momento de la emergencia… Todo se definirá en la urgencia.”

Los perros anfibios que cuidan la casa

En esa urgencia ella ya entiende por qué se deja a los perros en la casa. Al principio le espantaba verlos en el agua, encima de los techos. Ahora, casi 20 años caminando los bañados, lo entiende: los perros anfibios cuidan las pertenencias de la rapiña.

Es una foto más de miles de fotos de una realidad muy extendida en Paraguay: la precariedad de las casas y la alta ocupación de zonas inundables donde, igualmente, la mayoría son súper precarias.

“Es un nivel de estrés y de resilienciacia que solamente la gente que pasó por esto puede comprender y explicar mejor”, cierra Laura.

La defensa costera es la solución

En su recorrido por la zona sur del país, Sandino entendió que en cuanto a la contención lo que más reclama la gente es la defensa costera, no tanto ayuda en la evacuación.

“A los animales tuvieron que matarlos porque no se los pueden llevar a los albergues”, explica.

Cierre de techo de zinc

Al ver las imágenes de tanta gente evacuada y por evacuarse, Angela ya se resignó a mirar nomás, prendiendo velas por su hija y los inundados. Ya no espera ayuda niunicipal ni interinstitucional.

“Ikatu ko’ága, opaije elección, oñeñatende enterovévare (puede ser o ojalá que ahora que terminó la elección se le atienda a todos por igual)”, suelta angustiada.

Y que en algún momento se tomen con seriedad las salidas de fondo, remata Laura.

Texto: Julio Benegas 

Fotos: Sandino Flecha y Elisa Mareco

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