Ninguna máquina electoral fue objetada en las últimas elecciones municipales. “Puede haber desde compra de votos, suplantación de identidad de electores, compra de cédulas o soborno a miembros de mesa, pero fraude a partir de las máquinas no va a haber. Nosotros no vamos a arriesgar 30 años de prestigio”, aseguró Carlos María Ljubetic, director de Procesos Electorales del Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE), en entrevista con El Prisma.
Durante los comicios municipales, las máquinas de votación pasaron desapercibidas en cuanto a fallas en el sufragio y los cómputos. En cambio, sí fueron protagonistas en el marco del voto asistido, el fenómeno irregular más extendido durante toda la jornada electoral.
Ljubetic se mostró satisfecho debido a que nadie cuestionó los resultados de los votos emitidos, cuyo proceso entra ahora en la etapa de juzgamiento oficial. El fraude a través de estos dispositivos —mediante hackeos o manipulación interna desde el propio TSJE— es una de las principales sospechas populares, alimentada por diversos referentes políticos.
El funcionario reiteró su confianza en el sistema “primero, porque la máquina no tiene puerta de conexión externa; no se puede hackear ni ingresar remotamente a un aparato que no posee puertos ni conectividad”.
Explicó que la única posibilidad de alteración ocurriría si se modificara el software. “Pero se controla el software madre, se verifica, se hacen pruebas y se le da seguimiento a toda la replicación del sistema, algo que se va constatando hasta el mismo día de la elección”, detalló. Añadió que, si esto no fuera suficiente, “luego está el control de los miembros de mesa, los apoderados y los veedores. Todo es verificable informática y humanamente”.
Ljubetic confirmó que “nadie protestó contra ninguna máquina. Sí hubo reclamos en la integración de las mesas, por el tema del voto acompañado —que tenemos que tratar de desterrar— y por algunos jóvenes que no pudieron votar porque no actualizaron sus datos de domicilio”.
Por ello, insistió en que pueden existir irregularidades en la compra de cédulas, en el voto acompañado, en la coacción a miembros de mesa o en la suplantación de electores, “pero que las máquinas estén programadas estructuralmente para beneficiar a alguien y hacer fraude, lo descarto absolutamente”.
Para estas elecciones se habilitaron 14.000 mesas electorales, disponiendo de una máquina por cada una de ellas. “Son máquinas de votación, no urnas electrónicas”, suele reiterar el abogado Gustavo Reinoso, columnista de este medio y apoderado en el Chaco en los últimos comicios.
Esta distinción es fundamental: la máquina se utiliza exclusivamente para que el ciudadano marque su preferencia electoral en la pantalla. Luego, el escrutinio de los votos se realiza de forma manual utilizando el boletín impreso que emite el aparato. La urna electrónica, por el contrario, es la que procesa y totaliza los números digitalmente. En este sistema, los resultados finales se asientan nuevamente en un acta oficial. “La máquina no es el problema. Si no tenés control en la mesa con tus miembros, estás frito”, admitió de forma anónima otro directivo del TSJE.
El voto asistido
Las denuncias más frecuentes se concentraron en el voto asistido. Diversas entrevistas realizadas por El Prisma confirman que en todos los locales de votación se auxilió a personas fuera de las excepciones contempladas en la resolución de la Justicia Electoral, la cual exige registrar formalmente quién acompaña y quién necesita asistencia. La ley establece que esta medida debe documentarse estrictamente y aplicarse solo en casos de discapacidad visual o motriz severa en extremidades superiores.
Sin embargo, los miembros de mesa flexibilizaron el criterio en sintonía con un comunicado emitido por la Junta de Gobierno del Partido Colorado, liberando la asistencia de forma generalizada en las mesas. Aunque en muchos casos respondió a dificultades reales de adultos mayores, en otros funcionó como un mecanismo de los operadores políticos para asegurar la efectividad del voto inducido, bloqueando la autonomía frente a las máquinas y garantizando el sentido del voto.