La combinación de tormentas llamadas “supercelulares” y el fenómeno climático “El Niño” formó piedras de hielo de hasta 12 centímetros que cayeron en la tormenta pasada. El impacto directo de estos pedazos de hielo en el cuerpo humano, que caen a una velocidad 150 km por hora, puede ser letal.
La noche del pasado sábado 3 de octubre, una torrencial tormenta azotó Asunción y varios municipios del departamento Central como Luque, San Lorenzo y Lambaré.
El fenómeno meteorológico se caracterizó por una caída de granizos inusual: pedazos de hielo que, según las imágenes captadas por la gente y los medios, alcanzaron diámetros de entre 5 y 12 centímetros, equiparables al tamaño de una pelota de tenis o al puño de un adulto.
La tormenta con granizos provocó destrozos de casas, vehículos e impactó en el cuerpo de muchas personas: parabrisas destruidos, techos perforados, personas con contusiones, y, sumado a todo esto, el colapso del suministro eléctrico en varias zonas del país.
Eduardo Mingo, director de la Dirección de Meteorología e Hidrología del gobierno, explicó a El Prisma que “la caída de granizos en días de transición de primavera a verano no es extraordinaria”.
Sin embargo, los granizos que se precipitaron sobre varias ciudades el sábado pasado “fueron amplificados por el fenómeno El Niño, que eleva los niveles de sistemas de tormentas y el tamaño de los bloques de hielo o granizos”.
Mingo nos explicó que la tormenta pasada y los granizos se volvieron severos porque el aire todavía está bastante frío muy arriba de nosotros, cerca de la atmósfera. Por eso eran de ese gran tamaño, “con formas de puño o pequeñas pelotas”.
Más allá de los daños materiales, el evento meteorológico instaló una interrogante temible en las personas sobre el riesgo que implica para la vida: ¿qué tan letales pueden ser los granizos de gran tamaño para las personas?
La fábrica del hielo atmosférico
Técnicamente hablando, según la Dirección de Meteorología e Hidrología (DMH), el evento fue impulsado por “tormentas de tipo supercelular”, potenciadas, como se dijo arriba, energéticamente por el fenómeno climático de El Niño.
El Informe de Meteorología señaló que, dentro de estas densas nubes de tormenta conocidas como cumulonimbos, “coexisten corrientes de aire ascendentes extremadamente rápidas y violentas”.
Así, la tormenta con granizo del sábado pasado se desencadenó “cuando las gotas de agua líquida de la superficie fueron arrastradas hacia la parte superior de la nube, donde las temperaturas caen drásticamente por debajo de los -15 °C o -20 °C., temperaturas en las que el agua se congela instantáneamente.
“Los granizos no caen de inmediato. Las intensas corrientes verticales los mantienen suspendidos, obligándolos a realizar un ciclo de ascensos y descensos constantes. En cada viaje, la piedra de hielo atrapa nuevas gotas de agua demasiado enfriada que se congelan en capas concéntricas, similares a las de una cebolla”, explicó Mingo.
De esta forma, al iniciar su descenso definitivo al suelo -y sobre los techos de las casas, los parabrisas de los vehículos y las cabezas de las personas- la trayectoria es corta, lo que impidió que el hielo se derritiera del todo antes de impactar la Tierra.
Gravedad y masa: el factor de letalidad
De acuerdo a la información que El Prisma recogió de revistas especializadas en meteorología, el peligro del granizo para el ser humano escala de forma exponencial según su diámetro. Las piedras que superan los 2 centímetros ya se consideran capaces de causar heridas severas. No obstante, los proyectiles de 12 centímetros caídos en Central aumentan considerablemente su letalidad para las personas.
Según una explicación de la web del Observatorio Meteorológico de la Facultad Politécnica de la UNA, “debido a su peso y a la nula resistencia aerodinámica que ofrece su superficie congelada, estos bloques de hielo alcanzan una velocidad terminal de caída que oscila entre los 120 y 150 kilómetros por hora”. Añade que “un impacto directo en la cabeza humana a esa velocidad equivale a recibir el golpe concentrado de una roca sólida o una bola de billar arrojada desde un edificio”.