Al igual que las familias, el Estado paraguayo toma deudas para pagar otras. Si en las familias intentamos pagarlas con más y más trabajo, el Estado no muestra una fuente clara de cómo irá pagando lo que en menos de 15 años pasó de USD 2,300 a 22, 208 millones, con una proyección de 25,000 millones en el 2027. Pero esa, con seguridad, la pagaremos entre todos. Cómo, pues, es una gran incógnita.
En la jerga popular lo llamamos bicicleteo. El Ministerio de Economía y Finanzas, a cargo hoy de Óscar Lovera, lo llama administración de pasivos.
Las deudas, en las familias, han aumentado significativamente en el rubro consumo. Casi el 40 por ciento en un año. Estas se han sumado a las pequeñas inversiones y gastos de emergencia.
El estado paraguayo debe hoy 22.208 millones de dólares. La cifra oficial a julio implica que en solo siete meses la deuda creció 1.760 millones respecto a diciembre de 2025. Y ahora el Gobierno pide autorización para endeudarse por otros 2.100 millones, que pueden trepar a 2.800 millones si se suman refinanciaciones.
De aprobarse, el país cerrará 2027 debiendo entre 24.300 y 25.000 millones de dólares. Son más de 8.200 millones más que los 16.047 millones que dejó el gobierno de Mario Abdo Benítez en agosto de 2023. Durante ese gobierno se había duplicado.
De cada diez dólares que debe el Estado, más de ocho son deuda externa. A junio, 18.331 millones de dólares, el 83,5 por ciento del total, corresponden a compromisos con bonos internacionales.
Por ley, los intereses se pagan con recursos del Tesoro; es decir, con impuestos. Solo en 2026, el Estado destinará unos USD 1.200 millones para intereses y otros 730 millones para amortizaciones, un total de 14 billones de guaraníes, equivalente al 3,5 por ciento del PIB.
En cambio, la amortización del capital no se paga con superávit. Se paga emitiendo nueva deuda. Vence un bono y se emite otro bono para cubrirlo. Por eso, aunque cada año se paguen 2.000 millones de dólares de servicio, la deuda no baja. Por el contrario, sube.
En el Presupuesto 2027 esa lógica se mantiene. El servicio total incluso baja de 13,76 billones a 13,20 billones de guaraníes, pero no porque se deba menos, sino por el efecto de un dólar proyectado a 6.458 guaraníes y por la postergación de vencimientos. El monto nominal sigue creciendo a un ritmo de 261 millones por mes.
Deuda para pagar deuda
De la nueva deuda proyectada en el presupuesto, unos USD 600 millones serán para saldar compromisos del Ministerio de Salud Pública, 400 millones en medicamentos y 200 millones en diálisis y equipamientos. A eso se agrega una operación de factoraje por otros 450 millones de dólares. Los bancos adelantan el dinero a las farmacéuticas y el Estado se lo devuelve en 36 cuotas.
Seguimos en la bicicleta
Sobre este meteórico crecimiento de la deuda externa, el exministro de Hacienda Dionisio Borda advirtió que el gobierno paraguayo está empujando hacia otros gobiernos el cumplimiento de los pagos al no prever una fuente directa de financiamiento, a través de impuestos selectivos o directos.
Efectivamente, el propio presidente de la República Santiago Peña ha dicho que no está de acuerdo con ubicar impuestos a la gente que “genera desarrollo”. El Paraguay no es solo un “paraiso fiscal” con el 10 a 11 por ciento sobre el total de rentas, si no que a ese Paraguay le han agregado una isla “dorada”: la ley de la maquila. Por esta ley todas las empresas que quieran ensamblar productos importados, autopartes, tejidos, puede hacerlo solo pagando, por el total del movimiento económico, el 1 por ciento de impuestos.
La justificación: generación de empleos. Si la region, principalmente el capital brasilero, se beneficia de esto, no podemos quedar con “miserable” 1 por ciento, nos ha dicho, en entrevista con El Prisma, el ex ministro Dionisio Borda, el propulsor inicial del actual sistema tributario allá, durante el gobierno de Nicanor Duarte Frutos. No se lo había llamado reforma fiscal, sino Ley de Adecuación Fiscal.
Y entonces, cómo pagar la deuda
El futuro inmediato no depara algo cierto, seguro. El gobierno sostiene que la recaudación fiscal, aún con el actual sistema tributario, puede crecer 8,6 por ciento revisando exoneraciones y mejorando la eficiencia de la DNIT. La segunda apuesta es que la economía crezca 4,2 por ciento y licúe el nivel de deuda sobre PIB por debajo del 40 por ciento. Esta es la posibilidad es cierta, aunque eso no significa el pago de deudas reales, el capital, fuera de los intereses. Simplemente significa mantener por debajo del 40 por ciento del PIB.
Mientras tanto, el déficit fiscal que por ley debería estar en 1,5 por ciento cerrará en 3,2 por ciento este año y en 3,9 por ciento en 2027, con la promesa de volver a 1,5 por ciento en 2028. Tampoco se entiende muy cómo, con el aumento de tantas necesidades de servicio público, volver al 1,5.
Lo que ningún gobierno ha querido tocar
Al cierre del gobierno de Fernando Lugo (2008-2012), la deuda pública del estado paraguayo se situaba en USD 2,300 millones. Según la proyección para el 2027, esta deuda ascenderá USD 25,000 millones. En todo este tiempo no ha habido un pago real de la deuda, solo de sus intereses y los denominados servicios. Para expertos como Borda, el fisco solo tiene un lugar seguro para pagar: los impuestos. En el país, su base tributaria ronda 11,2%. En la región, según Borda, 20%, esto sin contemplar los impuestos directos, tipo al tabaco, a las bebidas, a la exportación en bruto de la soja y otros.
Sin la revisión o ajuste de esos impuestos, pues, lo más probable es que, a medida que la economía paraguaya crezca, irá creciendo la deuda pública, y, si no hay cambio de modelo económico, como lo sostiene el economista Luis Rojas, las familias también sigamos bicicleteando, con tarjetas, créditos en cooperativas, en el sistema financiero común y lo que llamamos usura.