Paraguay tendría unas reservas aproximadas de 4.800 toneladas solamente en el distrito de Yuty. Una empresa norteamericana está en la prospección. ¿Habrá alguna vez acá producción de energía nuclear? ¿De qué va el memorándum de entendimiento suscrito con EE. UU.?
En el contexto de la política exterior paraguaya, de pleno alineamiento a las iniciativas del liderazgo hemisférico del Gobierno de los Estados Unidos, el pasado martes 04 de agosto, nuestro canciller Rubén Ramírez Lezcano y el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, firmaron en Washington un memorándum de entendimiento sobre cooperación estratégica en energía nuclear para uso civil.
El marco legal estadounidense, establecido por la sección 123 de la Ley de Energía Atómica de los Estados Unidos de 1954 (Atomic Energy Act 1954), permite a la superpotencia norteamericana compartir tecnología, materias primas o equipos nucleares con sus países aliados. Por este motivo, este tipo de convenios se denomina “Acuerdo 123” y constituye la puerta de entrada legal para cualquier colaboración nuclear civil con los Estados Unidos.
Los términos de cada Acuerdo 123 varían según las condiciones de cada relación bilateral, pero básicamente los norteamericanos requieren las siguientes condiciones: garantías de que el material y la tecnología se usarán solo con fines pacíficos, no proliferación armamentística, salvaguardas de verificación —generalmente por medio de la coordinación de controles de la OIEA— y restricciones al uso del material nuclear o limitaciones al enriquecimiento de uranio.
En este sentido, en declaraciones al medio televisivo paraguayo GEN, el encargado de negocios de la Embajada estadounidense, Robert Alter, precisó: “Es muy importante hacer una aclaración. Lo que se firmó fue un memorando de entendimiento no vinculante que establece un marco diplomático para compartir conocimientos y mejores prácticas. No se firmó todavía un ‘Acuerdo 123’, que sí es un tratado vinculante, pero sienta las bases para acompañar a Paraguay en la evaluación soberana de esta tecnología”, manifestó el diplomático y agregó que: “A través de esta herramienta diplomática, ambos gobiernos establecieron una serie de ejes de trabajo conjunto orientados a preparar las condiciones técnicas, humanas y normativas del país ante el futuro energético global”.
En el horizonte energético paraguayo se vislumbra un futuro cercano de crisis por falta de usinas de energía. A medida que avanza el calendario, nos aproximamos al inexorable día en que se agotarán los excedentes energéticos de las hidroeléctricas. Entonces necesitaremos nuevas fuentes de generación eléctrica para cubrir las necesidades del país. La posibilidad de obtener cooperación de una potencia nuclear como los Estados Unidos es de trascendental importancia, sin ninguna duda, pero en realidad aún incipiente.
A priori, uno de los objetivos es la explotación mineral de uranio en territorio paraguayo. Actualmente ya existen exploraciones e importantes inversiones de firmas mineras extranjeras con ese fin. El control de la producción de este recurso estratégico, así como de sus cadenas logísticas de suministro, es uno de los pilares de los planes de predominio hegemónico en el hemisferio occidental de Washington. El potencial energético y mineral del uranio, del que Paraguay tendría unas reservas aproximadas de 4.800 toneladas solamente en el distrito de Yuty, donde la firma Uranium One Mining Corp. lidera la exploración, explica el interés de los estadounidenses. También existen indicios de la presencia de uranio en Caaguazú, Coronel Oviedo y en el Alto Paraná.
Es auspicioso que los recursos minerales del país sean explotados y que nuevos bienes nacionales nos abran mercados de exportación. Dicho esto, las autoridades nacionales deben evitar encasillarse en el rol de simples proveedores de recursos para la industria energética de países extranjeros. Con sagacidad e inteligencia, aprovechando la alianza con los estadounidenses, nuestro país debe fijarse como objetivo primordial la transferencia de tecnología, conocimientos científicos prácticos y suficiencia técnica, para poder aspirar en un futuro no tan lejano a la creación de una industria energética nuclear paraguaya.
Otro apartado al que nuestro país debe apuntar es la formación de personal capacitado para lidiar con la gestión de futuras plantas de energía nuclear, quizás la más compleja forma de generación energética desde el punto de vista técnico y de infraestructura. Es aquí donde compartir experiencias y conocimientos con los estadounidenses adquiere particular relevancia. Si realmente el Gobierno pretende desarrollar una industria energética nuclear, aunque sea a escala modesta, debe plantearse la formación de físicos nucleares y personal técnico capacitado. Un desafío en un país que vive una grave crisis académica universitaria, causada, entre otras cosas, por las universidades de garaje, la mediocridad de la cátedra universitaria y el tráfico de diplomas y títulos académicos de contenido falso. Debemos tener presente que solo en la ficción un reactor nuclear puede estar bajo la responsabilidad de Homero Simpson.
Los residuos nucleares constituyen otro problema. Tanto las grandes plantas nucleares como los pequeños reactores modulares o los microrreactores producen residuos de baja radiación —que emiten radiación desde unos días hasta algunas décadas— como ropas de seguridad, botas, zapatos y herramientas; de media radiación —que permanecen radiactivos por décadas o siglos— como las aguas de las piletas de enfriamiento, ductos, tuberías y otras partes de las infraestructuras. Finalmente, tenemos los residuos de alta radiación, que permanecen radiactivos por miles de años. Estos desechos nucleares están constituidos principalmente por las barras metálicas que contienen el combustible nuclear (generalmente uranio o plutonio). Estas barras metálicas, una vez concluida su vida útil, deben ser desechadas y resguardadas con máxima seguridad; la logística exigida incluye recipientes de acero y búnkeres subterráneos de concreto reforzado.
En una sociedad como la paraguaya, que no ha llegado al grado de desarrollo suficiente para el satisfactorio manejo de su basura cotidiana, con una ciudad capital en la que en cada esquina se acumula basura ante la indiferencia de autoridades y ciudadanos, donde el coqueto eje corporativo capitalino luce orgulloso edificios que vierten sus aguas negras directamente a la calle, vertidos que se transmutan en el hontanar de indecorosos olores, es menester preguntarse: ¿estamos preparados para el desafío logístico y de buenas prácticas que implican los residuos de la generación de electricidad a partir de la fisión nuclear? Políticas públicas e inversión en infraestructura, educación e investigación científica pueden ayudarnos a enfrentar el desafío.
Los paraguayos somos propensos a la fantasía y, en mi opinión, al autoengaño condescendiente. El anuncio de la firma del memorándum de entendimiento generó todo tipo de quiméricos usos de energía nuclear en el Paraguay en algunos medios periodísticos nacionales. Como bien aclaró el diplomático estadounidense Alter, el mutuo entendimiento es un importante primer paso, pero una auténtica industria energética nuclear en nuestro país aún tiene mucho camino por delante antes de convertirse en realidad.